El crítico cultural de Tribuna Valladolid se estrena con un trabajo "sobre lo cotidiano" que presentará el jueves 19 en la Casa Revilla
Ágreda abre su biblioteca más personal con su primer libro: 'Mi padre'
El crítico cultural de Tribuna Valladolid se estrena con un trabajo "sobre lo cotidiano" que presentará el jueves 19 en la Casa Revilla
Se le ve feliz a Luis Miguel Ágreda. Ha firmado la crónica 700 en su sección 'Palabras contra el olvido' en su periódico, Tribuna Valladolid, al que llegó casi por casualidad y en el que ha consolidado su firma referente en la crítica cultural de la ciudad. Ahora llega su primer libro. 'Mi padre', se presenta el próximo día 19 de febrero (19.30 horas) en la Sala Revilla. Desde su altura de casi dos metros, con una timidez que disimula, es muy cuidadoso de sus palabras y de sus silencios. Entre las palabras, las de agradecimiento a su amigo y editor, Julio Martínez (Fuente de la Fama); él le ha contagiado su entusiasmo por sacar adelante este libro. Entre los silencios, las referencias al protagonista de este libro: su padre.
PREGUNTA: Parece que usted no trabaja la prisa, publica su primer libro pasados los sesenta años.
RESPUESTA: Escribir este libro para mí ha supuesto un acto de felicidad. Un libro no se planea, un libro se engendra y se empieza a escribirlo mucho antes de que el autor lo sepa. Es en ese espacio de soledad y silencio del que habla Proust, donde todo sucede. Y la ventaja que tienes con la publicación de tu primer libro es que no te repites, y eso es un alivio.
P: ¿Qué ocurrió para qué escribiera usted este libro?
R: Quería escribir sobre lo cotidiano, sobre la costumbre, sobre la repetición. En la repetición está la felicidad. La costumbre sana. Mi padre era un maestro de la costumbre. La escritura es una herramienta preciosa para saber lo que pensamos. Bioy Casares decía que muchas veces no tenía opinión sobre las cosas, hasta que no escribía sobre ellas. Contar, decía, me ha hecho más abierto, más sociable.
P: ¿Cómo era su padre?
R: Mi padre era un tipo sencillo de gustos, le gustaban las tardes, pasear la tierra, Bobadilla del Campo, tomar un "chato" con sus amigos, sus hijos, dormir con su mujer todas las noches del año. No le iban los engaños. Era un tipo coherente.
P: Dígame una cosa que le enseñó su padre.
R. Mi padre me enseñó a vivir sin él.
P: ¿Qué es ser buen padre?
R. Es muy difícil ser padre, yo prefiero ser hijo. He tenido la gran suerte de tener unos padres benévolos que sabían cómo querer a sus hijos. Una de las cosas más importantes de la vida es sentirse amado por tus padres.
P: Su madre, ¿Cómo era su madre?
R: Guapa y buena. Mi madre era una madre balsámica, consoladora, apacible. Que celebraba la vida a cada instante. Con un original punto de vista. Era una mujer muy buena. Siempre decía, "no te preocupes, todo irá bien".

P: Cómo es posible acordarse de tantas cosas y con esa precisión.
R: Lo ha dicho el otro día un escritor muy querido por mí, Julian Barnes. La memoria es algo más cercano a un acto de la imaginación que a una recuperación intelectual precisa. Es la paradoja. Las historias se van ajustando cada vez que van apareciendo en la hoja en blanco.
P: Dice en su libro que usted nunca ha discutido con su padre y que no ha visto a ninguno de sus hermanos ni a su hermana (son ocho hermanos y una hermana, la pequeña), discutir con su padre. ¿Es eso posible?
R: Sí, es posible, saludable y recomendable. Para eso hay que tener unos padres extraordinarios como eran los míos.
P: En su libro solo hay palabras amables.
R: La amabilidad decía Stevenson en su magnífico libro 'Oraciones de Vailima', es la primera obligación del ser humano. Mi padre como los personajes de Stevenson llevaban en la frente la marca del servicio. Es una buena costumbre ser amable con el otro.
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