Repaso a las grandes inundaciones que han dejado huella en la capital vallisoletana
Cuando Valladolid quedó bajo el agua: las grandes inundaciones que marcaron la ciudad
Repaso a las grandes inundaciones que han dejado huella en la capital vallisoletana
Valladolid ha convivido históricamente con las crecidas de sus ríos. El Pisuerga y el Esgueva han condicionado durante siglos la vida urbana, dejando episodios que van desde simples sustos hasta tragedias de gran magnitud. Lejos de ser hechos aislados, las inundaciones forman parte de un patrón recurrente que explica tanto el desarrollo de la ciudad como muchas de sus infraestructuras actuales.
Durante siglos, la ciudad convivió con ambos ríos en el centro de la ciudad. Mientras el Pisuerga marcaba el límite natural de la ciudad, el Esgueva atravesaba el casco urbano a cielo abierto, dividiéndose en varios ramales que recorrían calles hoy céntricas. Sus desbordamientos frecuentes y los problemas de salubridad que generaba llevaron, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, a desviar y soterrar progresivamente su cauce. Sin embargo, el agua nunca desapareció del todo, en episodios de lluvias intensas, la Esgueva ha seguido reclamando sus antiguos recorridos.
1636: la mayor riada de la historia de Valladolid

Foto: valladolidweb
La más devastadora de todas se produjo el 4 de febrero de 1636, una fecha que sigue siendo la referencia más dramática de la historia local. Aquella riada provocó el hundimiento de más de 900 viviendas y causó más de 150 víctimas mortales. El Pisuerga se desbordó en el entorno del Puente Mayor y el agua penetró en el casco urbano siguiendo zonas bajas y ramales del antiguo cauce de la Esgueva, que entonces atravesaba la ciudad a cielo abierto. El desbordamiento alcanzó calles del centro histórico, afectó a edificios religiosos, hospitales y viviendas, y llegó a puntos muy alejados del cauce habitual del río. En algunos inmuebles históricos quedaron marcadas referencias del nivel alcanzado por el agua, una prueba directa de la magnitud del desastre.
Barcas por el centro
El avance del agua volvió a hacerse visible en las crecidas del 5 de febrero de 1692 y de enero de 1702. En estos episodios, el agua ocupó por completo la calzada en zonas céntricas y se desplazó por calles como Platerías y la Esgueva, hasta el punto de que los vecinos tuvieron que moverse en barca. Aun así, los daños se concentraron principalmente en bajos y elementos urbanos.
Durante el siglo XVIII, las inundaciones se repitieron con frecuencia. En la crecida del 12 de abril de 1769, el Pisuerga cubrió las aceñas, alcanzó la ermita de San Roque y llegó hasta las escaleras de San Nicolás, obligando incluso a transportar el pan en carros para garantizar el abastecimiento, ya que el agua impedía el paso por algunas zonas. A finales de ese siglo, las riadas del 13 de diciembre de 1774 y, especialmente, la del 25 de febrero de 1788 volvieron a causar graves daños, hasta el punto de que esta última fue considerada comparable a la de 1636.

Foto: valladolidweb
La relación de Valladolid con la Esgueva ha sido especialmente compleja. Cuando el río llevaba grandes volúmenes de agua, tendía a recuperar sus antiguos recorridos urbanos, entrando por zonas históricamente inundables. Así ocurrió en 1924, cuando el desbordamiento anegó calles como Paraíso, Marqués del Duero y La Puebla, además de la plaza de la Solanilla. Más de 400 viviendas resultaron afectadas, varias se derrumbaron y más de un millar de vecinos tuvieron que abandonar sus hogares.
El episodio fue aún más grave en enero de 1936. Tras varios días de lluvias intensas, la Esgueva alcanzó hasta cuatro metros por encima de su nivel habitual. El agua entró con fuerza en barrios como San Andrés, La Pilarica, Pajarillos, Vadillos y parte de San Pedro, con calles donde el nivel superó el metro de altura. Las barcas volvieron a circular para evacuar a los vecinos, más de 5.000 personas tuvieron que abandonar sus casas y varias viviendas se hundieron, aunque no se registraron víctimas mortales.
1962: el Pisuerga tapa los ojos del Puente Mayor

Otra imagen que quedó grabada en la memoria de la ciudad llegó en enero de 1962, tras un prolongado temporal de lluvias y deshielo. El Pisuerga alcanzó un nivel tan alto que llegó a tapar los ojos del Puente Mayor, una referencia visual que todavía hoy se utiliza para medir la gravedad de una riada. El agua se extendió por Las Moreras, el paseo de Isabel la Católica y parte de la plaza del Poniente, alcanzando incluso zonas alejadas del cauce. En algunos puntos, el desbordamiento llegó hasta las inmediaciones del edificio de Correos, lo que da una idea del alcance real de aquella inundación.
La riada de 2001

Foto: Ayuntamiento de Valladolid
La crecida del 6 de marzo de 2001 está considerada una de las más graves sufridas en Valladolid en los últimos 40 años. Aquella mañana, el Pisuerga amaneció con un caudal de 2.340 metros cúbicos por segundo, muy por encima de la capacidad habitual del cauce, según datos de la Confederación Hidrográfica del Duero. El agua cubrió por completo los ojos del Puente Mayor, que tuvo que ser cerrado al tráfico, y la ciudad ofrecía una imagen inédita, Valladolid era una laguna.
Varias familias de barrios como Huerta del Rey, La Overuela y Arturo Eyries tuvieron que ser desalojadas. Este último fue el más afectado, con daños en bajos comerciales, cortes de suministro eléctrico y de agua e incluso rescates en lanchas zódiac. El agua anegó aparcamientos subterráneos, como los de Duque de Lerma y la calle Padre Francisco Suárez, así como el sótano del Museo de la Ciencia y el Polideportivo Pisuerga.
Otros edificios cerraron sus puertas por precaución y la actividad diaria quedó prácticamente paralizada. Colegios de la ciudad suspendieron las clases, dejando sin actividad lectiva a unos 3.000 alumnos, en una jornada que muchos vallisoletanos aún recuerdan como la mayor inundación de la historia reciente.
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