MSF muestra en Valladolid la realidad de quienes buscan seguir con vida

Helena Valencia y una docena de 'expatriados', personas que ayudan sobre el terreno en países donde se requiere ayuda humanitaria, explican en la plaza Portugalete cómo es su trabajo y lo difícil que es sobrevivir para las personas atrapadas por guerras, hambrunas y pobreza.

¿Te imaginas cómo sería tener que huir de tu casa, dejar todo atrás, escapar de las bombas, o del hambre, e iniciar un viaje hacia un futuro incierto para intentar seguir con vida? Eso es lo que trata de mostrar Médicos Sin Fronteras (MSF) en Valladolid a través de una exposición situada en la plaza Portugalete que se podrá visitar, de forma gratuita, hasta las 16 horas de este domingo 8 de octubre.

 

En las carpas que ha montado la organización, las mismas en las que sobre el terreno atienden a quienes lo necesitan, los vallisoletanos pueden vivir gracias a la realidad virtual la situación en un campo de desplazados en la República Centroafricana, o la huída de un grupo de refugiados en el Mediterráneo. Además conocerán, gracias a las explicaciones de una docena de 'expatriados' -y a los 35 voluntarios que han ayudado a lo largo de toda la semana en diversas actividades- el trabajo de MSF en cuatro pilares de la organización: urgencias y cirugía en zonas de conflicto, nutrición infantil, salud materno-infantil, y la lucha contra la malaria. 

 

Helena Valencia es una de esas 'expatriadas' que trabaja en países como Yemen, Siria, Sudán del Sur y la República Centroafricana. Con 22 años de experiencia en la organización y tras ayudar en más de veinte zonas como coordinadora en el terreno, esta madrileña de padres vallisoletanos explica que MSF "instala tiendas como esta donde no hay infraestructura" pudiendo cubrir así las demandas médicas de una población que ha visto como sus hospitales han sido bombardeados, los médicos en sus ciudadaes han huido, o simplemente tienen miedo de acudir a su centro de salud por temor a perder la vida por bombas, minas o disparos.

 

La organización se basa en criterios de "necesidad humanitaria, puramente médicos" para elegir las zonas donde trabajan, una labor que realizan para atender a "civiles y militares". Aunque en sus centros hay una norma clara: no se permiten armas. "El objetivo es garantizar la seguridad, la gente allí lo acepta y reconoce que es el precio de estar en un sitio seguro" relata Helena.

 

Ella es la encarga de presentar a MSF sobre el terreno. Lo que implica reunirse con grupos armados, gobiernos y demás agentes que intervienen en una guerra o que tienen poder en el país, oficiales y no oficiales. ¿Miedo? "En ese momento estás centrada en el trabajo, no eres consciente de que estás dentro y puedes ser una víctima", analiza Valencia, quien se expone al peligro de ser secuestrada o tiroteada, el 'precio a pagar' por "intentar garantizar el respeto hacia nuestro trabajo".

 

Además explica que todos los hospitales y carpas están señalizados para que se reconozcan desde el suelo y el aire, y que facilitan las coordenadas a las diversas fuerzas armadas. Existen unas reglas en la guerra, amparadas en convenciones internacionales, que indican que a organizaciones humanitarias deben ser respetadas pero "en los últimos años hemos visto menos respeto, y hospitales como objetivos militares". "Después de un ataque a estos centros pedimos una investigación pero las respuestas que nos dan no son satisfactorias: alegan falta de información, o que son daños colaterales".  

 

"Un enfermo es un enfermo, hay que atenderlo sea quien sea. Es el principio de la neutralidad y la imparcialidad" defiende Helena Valencia, sobre los principios que rigen en MSF y que permiten a la organización, que no recibe fondos públicos, poder trabajar en zonas de conflicto, ya que las fuerzas armadas, sean del bando que sean, saben que los médicos también ayudan a sus familiares y vecinos.

 

SE PRIORIZA SALVAR VIDAS

 

En las carpas instaladas en Valladolid se puede conocer de primera mano las medicinas contra la malaria, insecto mortífero para quienes no pueden acceder a un tratamiento tan simple como tomar unas pastillas durante tres días. También las mosquiteras que se usan para prevenir la picadura.

 

La organización también ha recreado un quirófano, cuyos medios dependerán del país en el que se encuentren, y explican la importancia de atender la desnutrición infantil (según UNICEF, 19.000 niños mueren al día, en el mundo, por causas evitables -datos de 2012-). Para ello tienen una pulsera que mide el brazo de los menores de cinco años y la asociación facilita una "crema a base de cacahuete, bombas calóricas enriquecidas, que permiten a los niños recuperar peso en un mes". Pero hay que llegar a tiempo, advierte la expatriada de MSF.

 

También la vacunación es otro de los puntos en los que más incide Médicos Sin Fronteras ya que en países pobres "muchos niños mueren por sarampión o varicela". El reto en estos casos es "hacer llegar las vacunas, se tiene que mantener la cadena de frío y mantener las vacunas a cinco grados, desde Bruselas donde se adquieren hasta donde se tengan que inyectar". Y reconoce que alguna vez hay problemas, con medicinas incautadas por grupos armados por ejemplo, pero lo habitual es que no encuentren trabas a su trabajo.

 

El cólera es otra enfermedad que, a pesar de la facilidad con la que se puede tratar, deja muchos muertos. "A un enfermo se le trata en cuatro horas y se puede ir a su casa. Pero ves gente morir porque llega en una situación crítica" reflexiona Helena Valencia. ¿Cómo digiere ella esta situación, ver a gente perecer cada día? "Estás tan concentrado en poder ayudar que no piensas en la parte emocional, solo cuando tomas distancia eres consciente de ese sufrimiento". 

 

La exposición finaliza con dos vídeos en realidad virtual. Con la gafas puestas, los vallisoletanos viajan a un campo de desplazados en la República Centroafricana o ponerse en la piel de un refugiado en el Mediterráneo. Una experiencia muy vívida y resumida en cuatro minutos que sirve para ponerse en los zapatos de esas personas que sufren situaciones de vulneración de derechos humanos. Para ver cómo viven, en qué condiciones. "La exposición ha tenido buena acogida, la gente dice que les ha permitido entender". Y Helena Valencia concluye sobre la finalidad de este mensaje: "Se trata de ponerse en el lugar del otro. Entender el por qué un centroafricano ha hecho ese camino, entender su sufrimiento. Si somos capaces de empatizar no veríamos solo el color de su piel".