Reinas de la nieve

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Reinas de la nieve
Estilo après-ski.
El autor esMiguel Ángel Fernández.
Miguel Ángel Fernández.
Lectura estimada: 3 min.

Hay quien piensa que el après-ski es solo un paréntesis entre pistas y chimeneas, un momento práctico en el que lo importante es entrar en calor. Error. Desde hace décadas, ese territorio mullido de botas forradas, jerséis envolventes y gafas oscuras ha sido un auténtico laboratorio de estilo. Y, como en todo imaginario fashion que se precie, hay reinas que lo han definido sin necesidad de proclamarse como tales.

La primera en venir a la mente es Lady Di, patrona no oficial del sportswear chic antes de que el término existiera. Sus escapadas a los Alpes en los años 80 y 90 nos dejaron imágenes imborrables: cazadoras acolchadas oversize, leggings, sudaderas con logo y esa mezcla tan suya de comodidad y carisma. Diana entendió algo fundamental del après-ski: que el estilo no está en ir 'arreglada', sino en ir auténtica. Su forma de vestir en la nieve sigue siendo hoy un manual adelantado a su tiempo.

Muy distinta, pero igual de influyente, es Victoria Beckham, que ha llevado el après-ski al terreno del lujo depurado. Donde otras ven funcionalidad, ella ve líneas limpias, monocromías impecables y siluetas pensadas al milímetro. Sus abrigos largos, gafas XL y botas perfectas parecen decir que incluso a 2.000 metros de altura el minimalismo también tiene cabida. El mensaje es claro: el frío no está reñido con la sofisticación.

En el polo opuesto generacional, Kendall Jenner representa el après-ski como fenómeno Instagram. Sus looks en Aspen o Park City mezclan referencias vintage con tendencias actuales: plumas cropped, gorros de lana retro, botas chunky y una actitud desenfadada que conecta con la estética de la nueva élite cool. Kendall no "interpreta" el après-ski, lo vive como parte de un lifestyle aspiracional donde la nieve es fondo y la moda, protagonista.

Pero mucho antes de los flashes y las redes sociales, el cine ya había entendido el poder estético de la montaña. Audrey Hepburn en 'Charada' es un ejemplo perfecto. En aquellas escenas alpinas, vestida por Givenchy, Audrey convirtió el vestuario invernal en sinónimo de elegancia relajada: jerseys ajustados, pantalones capri, gafas oscuras y una naturalidad que hacía que todo pareciera fácil. Su après-ski no gritaba moda; la susurraba con acento parisino.

Si hablamos de elegancia innata, es imposible no mencionar a Jackie Kennedy. Sus escapadas invernales destilaban esa mezcla tan suya de discreción y lujo silencioso. Abrigos estructurados, cuellos altos, pañuelos perfectamente colocados… Jackie entendía el après-ski como una extensión de su estilo urbano: sobrio, clásico y eternamente vigente. Nada sobraba, nada faltaba.

Y, por supuesto, Grace Kelly, la encarnación del glamour alpino. Ya fuera como princesa de Mónaco o como musa de Hitchcock, Grace hizo del invierno un escenario de cuento. Sus looks de après-ski impecables, femeninos, casi cinematográficos consolidaron la idea de que la montaña también podía ser un espacio de alta elegancia. Con ella, el frío se volvía refinado.

Al final, lo fascinante del après-ski es que funciona como un espejo de cada época. De Lady Di a Kendall Jenner, de Audrey a Grace, cada una ha proyectado su visión del estilo en ese momento de pausa, chocolate caliente y nieve en las botas. Y quizá por eso sigue siendo tan inspirador: porque nos recuerda que la moda no solo se luce en alfombras rojas, sino también en esos instantes cotidianos o helados donde el verdadero estilo se siente, más que se exhibe.

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