Agresiones a sanitarios

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Agresiones a sanitarios
Una sanitaria trabajando en un hospital.
El autor esMarcos Pastor Galán
Marcos Pastor Galán
Lectura estimada: 2 min.

Desde hace bastante tiempo las agresiones al personal sanitario van en aumento, ganando no solo en número sino en hostilidad. Desde 2020, se han incrementado las denuncias por agresiones alcanzando un dato completamente alarmante. La Organización Médica Colegial ha recogido un total de 879 agresiones en el año 2025 entre físicas y verbales, sin embargo, se sabe que hay aún una buena parte que no se notifican.

En su mayoría, las víctimas son mujeres jóvenes y, especialmente, suceden en los servicios de Atención Primaria. La respuesta es fácil, son un lugar más accesible, sin tanto personal que pueda generar apoyo a la víctima y con un rostro al frente a quien se percibe como frágil. Y para sorpresa de nadie, el perfil del agresor es principalmente un hombre joven, tanto cuando se trata del paciente como del familiar que acompaña. Además, se registran datos de reincidencia.

Evidentemente, es imposible valorar objetivamente el por qué de estos sucesos, dado que no se puede tratar la violencia dentro de una causa-efecto justificable. Por otro lado, si quisiéramos analizar a qué se debe, hay que revisar los datos de los últimos años, tanto en niños como adultos. Así, encontramos cuestiones que nos pueden ayudar un poco a entender la causística.

Por ejemplo, se habla desde hace bastantes años que la inmediatez, el anonimato y la distancia física que ofrecen las redes sociales han facilitado la desinhibición de las personas. Ello permite que la agresividad verbal y la falta de respeto aumenten sin consecuencias inmediatas. Denunciar a alguien anónimo, es complejo. Y la confianza en internet acaba extrapolándose a la presencia física poco a poco.

Por otro lado, también se conoce la falta de respeto a la autoridad. Desde profesiones como la policía hasta maestros y profesores, han experimentado un cambio radical en las conductas de los niños y adolescentes. Y no es cuestión de abofetear a un niño por no saber una multiplicación, pero tampoco se debe normalizar el desafío constante, insultos y la falta de cumplimiento de castigos, todo ello incentivado por la protección de sus progenitores.

Por último, se puede destacar a la clase política como altamente responsable. Desde los insultos y descalificaciones que se ven en el parlamento, los concejales macarras que se encaran con los ciudadanos cuando se les hace una crítica y los presidentes de comunidades que hacen peinetas, hasta los vitoreos en actos políticos a frases del estilo "vamos a volver al 36", incitando a sus votantes a montar una guerra civil.

Las conductas incívicas no deberían tener respaldo en una sociedad del primer mundo, sin embargo, avanzan progresivamente sin freno. Y sí, por parte de los sanitarios también, porque no se puede pedir respeto si después se insulta, miente y desprestigia gratuitamente a políticos y pacientes.

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