Agustina de Aragón, al pie del cañón

imagen
Agustina de Aragón, al pie del cañón
Fotografías: Gabriela Torregrosa
El autor esSonsoles Sánchez-Reyes Peñamaria
Sonsoles Sánchez-Reyes Peñamaria
Lectura estimada: 8 min.

En español, recurrimos a la expresión "estar al pie del cañón" para mantenerse firme, cumpliendo con el deber. Eso trasluce lo arraigada que está entre nosotros la imagen de la heroína de los Sitios de Zaragoza conocida como Agustina de Aragón, que la presenta ante un cañón, defendiendo la ciudad frente al francés.

Sobre la biografía de la célebre figura, llena de incógnitas, no coinciden las fuentes. Agustina Raimunda María Zaragoza Doménech, que ha pasado a la historia con el sobrenombre de Agustina de Aragón, no era oriunda de la localidad que le daría notoriedad, sino de Barcelona. Vio la luz el 4 de marzo de 1786, siendo bautizada en la iglesia de Santa María del Mar. Sus padres habían recalado poco antes en la Ciudad Condal procedentes de la población leridana de Fulleda, empleándose su progenitor como peón en una fábrica. 

Agustina contrajo matrimonio en 1803, a los 17 años, con Juan Roca Vilaseca, un cabo de artillería gerundense, pagando por ella la humilde familia una escasa dote. En 1804 les nació un hijo, llamado como el padre. Pero la invasión francesa llevó a que Roca fuera movilizado. A principios de junio de 1808, Agustina se traslada a Zaragoza, posiblemente por residir allí su hermana Elena. Pocos días después de su llegada, el 15 de junio, comienza el primer Sitio de Zaragoza por el ejército galo, y la joven se implica en tareas de apoyo logístico y avituallamiento de los combatientes locales.

La acción que la haría inmortal tuvo lugar el 2 de julio de 1808. Agustina había acudido al Portillo de San Agustín, foco de los ataques napoleónicos, para suministrar munición y provisiones a los artilleros que llevaban cubriendo la posición durante 27 horas seguidas de bombardeo. Entonces, vio que las tropas al mando del general Lefebvre los habían abatido y la situación era desesperada, con el enemigo presto a penetrar en el recinto urbano. En un gesto de arrojo y valentía, Agustina tomó el botafuego de uno de los caídos y prendió la mecha de un cañón de 24 libras de la batería del Portillo, uno de los de mayor calibre de la época, cuya metralla ahuyentó a los contrarios. El general José de Palafox, que comandaba la plaza, arrancó las jinetas de los hombros de un sargento muerto y las posó sobre los de la mujer, otorgándole el título de artillera y un sueldo de seis reales diarios. Surgía el mito de Agustina de Aragón. Palafox, que le concedió dos escudos de honor, con los lemas 'Defensora de Zaragoza' y 'Recompensa del valor y patriotismo', la describió así: "no era guapa, pero sí atractiva, alta, de gran vivacidad y estaba bien hecha".

 

Aunque los extranjeros eran superiores en número y armamento, la resiliencia de los maños llevó a que el asedio fuera levantado el 14 de agosto. Sin embargo, el 20 de diciembre los franceses regresaron reforzados, iniciándose un segundo sitio. En él también participa Agustina, protegiendo lugares estratégicos como la puerta del Carmen, ya como sargento de plantilla y apodada 'la Artillera'. A pesar de la feroz resistencia, Zaragoza, diezmada por la lucha y las epidemias, capituló el 21 de febrero de 1809. La denominada 'Florencia española' quedó en ruinas y de sus casi 50.000 almas solo sobrevivieron una quinta parte. Las huestes foráneas permanecieron allí hasta su rendición, el 2 de agosto de 1813.

Enferma de peste y debilitada por la inanición, Agustina, bajo otro nombre, fue conducida en una cuerda de prisioneros hacia Francia con su hijo de cinco años, que pereció a la altura de Ólvega (Soria). En la localidad navarra de Puente la Reina, la artillera consiguió escapar y a pie alcanzar la liberada Teruel. Tras recibir un pasaporte militar, desde allí se dirigió a Andalucía. En el Alcázar de Sevilla, el 30 de agosto de 1809, la Junta Suprema Central le confirió, en atención a sus méritos, el grado y sueldo de subteniente de infantería. Se reintegró en el ejército y participó en numerosas acciones de la Guerra de la Independencia, como los Sitios de Tortosa y Vitoria y la batalla de Alba de Tormes

El 25 de agosto de 1814, Fernando VII, de regreso al trono, le dispensó, en reconocimiento a los servicios prestados, un aumento de cien reales de vellón mensuales y la Cruz de Distinción, además de recibir a Agustina personalmente en Madrid. Pero a lo largo de su vida, ella se vería obligada a interponer constantes reclamaciones por no percibir las retribuciones con regularidad.

Su fama se extendió por España y Europa: Lord Byron le dedicó unos versos de su poema Las peregrinaciones de Childe Harold; en Gibraltar, el duque de Wellington la agasajó, le regaló unas magníficas pistolas y la hizo posar para una acuarela en miniatura del retratista coronel Landmann; mantuvo una entrevista con el general Castaños, vencedor en la batalla de Bailén; y Goya la plasmó en el grabado titulado '¡Qué valor!', de su serie los Desastres de la Guerra. Sería invitada con asiduidad a actos sociales, siendo aclamada donde iba.

 

Terminado el conflicto bélico, Agustina se muda a Valencia, donde se reencuentra con su marido, y vendría al mundo otro hijo en 1818, bautizado Juan, como su malogrado hermano. Poco después de morir su consorte de tisis en 1823, Agustina conoce a un médico almeriense 12 años menor, Juan Eugenio Cobos de Mesperuza, con quien contrae matrimonio en marzo de 1824, solo siete meses después de enviudar, y sin pedir la autorización regia, preceptiva para los militares. Tendría que acogerse a la amnistía decretada por el rey en 1830 para que se le perdonase la infracción. Se instalaron en Sevilla y en 1825 alumbraron una hija, Carlota. Juan Roca, el hijo de ella, se convertiría en médico como su padrastro, ejerciendo en tierras hispalenses, donde se casó y tuvo dos hijas, afincadas allí de por vida.

Aunque su cónyuge permaneció en Sevilla, la heroína se trasladó a Ceuta en 1853 porque allí estaba destinado el esposo de su hija, el oficial de Artillería Francisco Atienza Morillo. Agustina ostentó el grado de subteniente agregado al Regimiento Fijo de Ceuta, con un sueldo vitalicio de 511 reales de vellón.

Falleció en Ceuta el 29 de mayo de 1857, con 71 años, de una afección pulmonar, en la denominada Casa Grande o Palacio de Medinaceli, por haber pertenecido al duque de Medinaceli antes de ser propiedad del general O’Donnell. En la fachada del inmueble, en el número 37 de la entonces Calle Soberanía Nacional, actual Calle Real, desde 1913 hay una placa conmemorativa de piedra, acompañada en su parte superior por un azulejo ilustrativo de su famosa hazaña.

Su sepelio tuvo lugar al día siguiente, en el cementerio ceutí de Santa Catalina, tras unas concurridas exequias en la iglesia de Santa María de los Remedios, siendo venerada por igual por el pueblo, las autoridades y el ejército. Fue amortajada con falda y guerrera, y sobre el féretro, colocados el sable y el morrión.

 

El Ayuntamiento de Zaragoza, en sesión del 14 de junio de 1857, aprobó trasladar sus restos a la ciudad. El acuerdo no sería materializado hasta 1870, cuando fue exhumada por una comisión llegada al lugar el 1 de junio y, tras un funeral, la urna cineraria embarcó en el navío de guerra Colón con destino a Cádiz, donde se le brindó un homenaje en el oratorio de San Juan de Dios. El itinerario prosiguió en tren, pasando por Sevilla (iglesia de la Magdalena) y Madrid, y tributándosele grandes honores en todas las escalas. Arribó a Zaragoza el 14 de junio, siendo recibida con toda solemnidad y sepultada en la cripta de la basílica del Pilar, en la que descansan sus personajes ilustres, y donde continúa el general Palafox.

La hija, Carlota, produjo en 1859 una novela histórica, La ilustre heroína de Zaragoza o La célebre amazona en la Guerra de la Independencia, inspirada en las vivencias de su madre, que dedicó a Isabel II. Las Cortes concedieron entonces a Carlota una pensión vitalicia de 3.300 reales.

Su viudo sobrevivió a Agustina de Aragón hasta 1885. Ese año, su nieta Agustina Atienza Cobos, que no pudo conocer a la abuela de la que recibió el nombre, pintó un retrato de su antepasada con una beca del consistorio zaragozano, al que pertenece la pintura. La reflejó uniformada de subteniente de artillería, con la información que su madre le proporcionó.

En el marco de las conmemoraciones del primer centenario de los Sitios de Zaragoza, se decidió la construcción del Mausoleo de las Heroínas de los Sitios en la iglesia de Nuestra Señora del Portillo, la plaza de Zaragoza donde se distinguió Agustina.

 

Obra del arquitecto Ricardo Magdalena situada a la derecha del presbiterio, fue inaugurada por la reina el 29 de octubre de 1908. Preside la capilla un retablo de la Anunciación, del escultor Carlos Palao. A ambos lados, relieves de Fructuoso Orduña reflejan heroicos episodios de los Sitios, protagonizados por féminas. A la derecha, en una recoleta estancia, reposan Agustina de Aragón y Manuela Sancho, con Casta Álvarez frente a ellas. Un cuarto nicho, destinado a la Madre Rafols, quedó vacío, pues descansa en las proximidades, en la Casa General de la Congregación que fundó, las Hermanas de la Caridad de Santa Ana. En lo alto, una placa enumera varios nombres de defensoras, concluyendo con la justa expresión "y muchas otras".

Un monumento de bronce y piedra a Agustina Zaragoza y las demás heroínas de los Sitios en la plaza del Portillo fue encargado al gran escultor valenciano Mariano Benlliure, promovido por el ayuntamiento a través de la Junta del Centenario. Benlliure tomó como modelo a su pareja, la cantante de zarzuela Lucrecia Arana. La ceremonia inaugural encabezada por los monarcas Alfonso XIII y Victoria Eugenia, que solo llevaban casados dos años, tuvo lugar el mismo día que la del mausoleo.

La figura principal es Agustina, con casaca de alférez sobre el vestido, espada al costado y pie apoyado sobre un cañón. Un baturro con guitarra al hombro le ofrece una rama de laurel. De fondo, un relieve reproduce su gesta. En los laterales, sendos medallones plasman a otras señoras emblemáticas: a la izquierda, la beata Madre Rafols, María Consolación Azlor Villavicencio -Condesa de Bureta- y Josefa Amar Borbón; y a la derecha, Manuela Sancho, Casta Álvarez y María Agustín.

En 1986 a la valerosa mujer se le erigió otra escultura en Fulleda, población leridana de sus ancestros, por el 200 aniversario de su nacimiento. Obra en bronce de Josep Agustí Feliu, la representa con vestimenta popular, encendiendo la mecha del cañón.

 

El 31 de marzo de 2022, se produjo la exhumación de Agustina de Aragón, Manuela Sancho y Casta Álvarez, con el fin de analizar científicamente sus restos para el programa de Aragón TV 'Antecessor', en colaboración con el Gobierno de Aragón. Con tecnología 3D se reconstruyó su rostro y las conclusiones revelaron una estatura de Agustina elevada para la época, cerca de 1,70 m, y que tras una vida de importante actividad física, sus últimos años caminó con dificultad, por el deterioro de sus rodillas.

La investigación descubrió que Agustina reposa junto a un niño, cuyos huesos indican desnutrición y raquitismo. El ADN determinó un parentesco cercano. Era Carlos Atienza Cobos, cuarto hijo de Carlota. Agustina no llegaría a conocer a su nieto, nacido meses después de morir ella. El pequeño apenas vivió tres años y a su deceso, fue llevado al sepulcro de su abuela.

El 21 de septiembre de 2022 las heroínas volvieron al panteón, uno de los pocos exclusivamente femeninos que existen. Ese día en el ayuntamiento se instaló la capilla ardiente donde los ciudadanos pudieron presentarles sus respetos.

Zaragoza luce en su escudo, por su coraje durante los Sitios, los títulos de Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica e Inmortal. No existe mayor reconocimiento de un pueblo a sus héroes que conservarlos en su memoria colectiva. Porque, entre los muertos, habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.

Fotografías: Gabriela Torregrosa

Últimas noticias de esta sección

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App