Nueva entrega de 'Mientras el aire es nuestro' escrita, como cada martes, por Juan González-Posada
Cuando la seguridad se vuelve contra el mundo
Nueva entrega de 'Mientras el aire es nuestro' escrita, como cada martes, por Juan González-Posada
La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de diciembre de 2025, la NSS -plan oficial de prioridades y defensa del país-, no es un documento técnico: es una declaración política que desafía y socava el orden internacional vigente. Surgió en un contexto de tensiones internas prolongadas, debates entre funcionarios tradicionales de seguridad y la Casa Blanca, y la determinación explícita de reescribir la política exterior bajo la bandera de 'America First'. Más que proteger a Estados Unidos, certifica la demolición del sistema internacional que ha evitado las grandes guerras desde 1945, priorizando soberanía, hegemonía regional y control económico sobre alianzas y normas globales. La NSS deja claro que el interés nacional está por encima de cualquier idealismo universalista, y que la cooperación multilateral es secundaria frente a la voluntad unilateral.
La hegemonía en el hemisferio occidental es un eje central. La NSS reactualiza y endurece la Doctrina Monroe, no solo militarmente, sino también económicamente y tecnológicamente. América Latina aparece menos como espacio de cooperación que como tablero estratégico de control, donde la migración se percibe como amenaza y se legitima la militarización de fronteras y políticas de exclusión. Como advirtió Hannah Arendt, "cuando los derechos humanos son ignorados, la política se convierte en fuerza pura", frase que ilumina la lógica profunda del documento.
El caso de Groenlandia ilustra esta visión: territorios, infraestructuras y recursos se conciben como piezas de una lógica de posesión y dominación, incompatible con la soberanía compartida. La NSS muestra que la competencia por rutas marítimas estratégicas en el Ártico y el Pacífico no es cooperación, sino contienda de poder directo, reforzando la tensión global y la orientación unilateralista.
La NSS coloca la competencia económica y tecnológica en el corazón de la seguridad nacional. Reindustrialización, control de cadenas de suministro, inteligencia artificial, biotecnología, energía y semiconductores se convierten en instrumentos de poder y palancas geopolíticas, especialmente frente a rivales como China. Pero lejos de promover cooperación, el documento apuesta por fragmentar el sistema global, subordinar normas y usar sanciones y tarifas como armas estratégicas. En un mundo interdependiente, esta lógica no reduce vulnerabilidad: la redistribuye de manera inestable y peligrosa.
El tratamiento de las alianzas confirma el giro. Europa deja de ser un socio estructural para convertirse en un actor evaluado por su utilidad y alineamiento ideológico. La NSS critica políticas migratorias, culturales y regulatorias de aliados históricos, sugiriendo que la protección estadounidense ya no es garantizada. Las alianzas pasan de compromisos de seguridad compartida a contratos revocables, debilitando uno de los pilares de estabilidad internacional.
En el plano militar, la estrategia no propone desescalar, sino reorganizar y proyectar coerción global. Reduce la prioridad de ciertos escenarios, como Oriente Medio, no por apuesta por la paz, sino por cálculo estratégico. Incluye cambios significativos en la estructura y despliegue de las fuerzas armadas, adaptadas a proteger rutas críticas, recursos y nodos tecnológicos. El objetivo es concentrar recursos en la rivalidad entre grandes potencias, incrementando la probabilidad de confrontaciones sistémicas sin reglas compartidas, normalizando el uso de la fuerza como instrumento de política internacional.
Especialmente inquietante es la incorporación de factores culturales y sociales dentro del concepto de seguridad nacional. La NSS sugiere que la cohesión depende de identidades y valores específicos, mientras que la pluralidad y ciertos cambios sociales se presentan como amenazas. Esta fusión entre cultura, identidad y seguridad legitima políticas de exclusión, erosiona la democracia liberal y convierte la vida social en instrumento del poder, donde disenso, diversidad y libertad cultural son tolerados solo mientras no desafíen la narrativa dominante. Educación y medios se convierten en herramientas de legitimación: lo que se enseña o comunica debe reforzar la narrativa de seguridad, transformando la cultura en un campo de batalla estratégico y moral.
En el espíritu que atraviesa todo el documento parece latir una convicción inquietante: que la propia voluntad y la propia moral del líder bastan, y que el Derecho Internacional es prescindible. Bajo esta lógica, la política exterior deja de ser un espacio de normas compartidas y límites recíprocos para convertirse en arena donde el poder decide lo que es legítimo y lo que no, sin consideración de tratados o valores universales.
La crisis climática, a pesar de su carácter existencial, apenas aparece. La degradación ambiental, la escasez de recursos y los desplazamientos masivos se tratan como riesgos secundarios, revelando una concepción de la seguridad divorciada de la supervivencia planetaria. La estrategia prioriza hegemonía y control a corto plazo sobre sostenibilidad global.
En conjunto, la NSS dibuja un mundo más fragmentado, volátil y peligroso. Al sustituir reglas por fuerza, cooperación por competencia y derechos por control, Estados Unidos no solo redefine su papel global: acelera la descomposición del sistema que ha evitado las grandes guerras durante generaciones.
Defender el orden internacional no es nostalgia, sino responsabilidad histórica. La seguridad sin derechos no protege: somete. Ningún país puede asegurar su futuro destruyendo las bases comunes de la vida humana. Frente a la política del miedo y la dominación, sostener cooperación, pluralidad y dignidad sigue siendo la única forma real de seguridad para la humanidad y para el planeta. Solo defendiendo estos valores podemos construir un futuro donde la fuerza no dicte las reglas y donde la vida colectiva no dependa de la voluntad de uno solo. Solo enfrentando esta agresión con inteligencia, ética y valor colectivo podemos preservar los principios que han permitido a la humanidad desarrollarse y progresar.
Nueva entrega de 'Mientras el aire es nuestro' escrita, como cada martes, por Juan González-Posada








