Concierto de Año Nuevo
El concierto soy yo. Fdo.: Yannick Nézet-Séguin. Lo que tiene que aguantar La Filarmónica de Viena. Se nota que este director no ha leído a Byun Chul-Han. Si no sabría que los ritos son acciones simbólicas. Transmiten y representa valores y ordenes que mantienen cohesionada una comunidad. Tampoco lo debe haber leído 'el sabiondo' de Martín Llade, un prospecto del Paracetamol o cualquier otro medicamento es más interesante que todos sus comentarios introducidos a presión. ¡Qué horror, por Dios!
Y todo el tiempo haciéndose publicidad a él mismo y a su emisora, tápese un poco que me está aburriendo sobremanera. Ya cuando dijo que el director si hubiese llevado playeras le habría hecho un monumento me dieron ganas de apagar la tele y poner una reclamación a TVE. Solo le ha faltado al director llevar la mascota al concierto. Reclamación doble por tener que soportar durante todo el concierto 'la mosca' de Disney anunciando un gran estreno a las cuatro de la tarde. Estos de TVE no saben si matan o espantan, los pobrecillos.
Entre el color de uñas de Yannick y el beso a su novio el concierto se me hizo eterno. Muecas por allí, muecas por allá, el tío se sabía todas las partituras de memoria, ni Ricardo Muti ha llegado a tanto. Menos mal que desaparecieron director y comentarista y aparecieron los cuadros del Albertina. Por fin Monet, Ravel, Kandinsky, Poulenc subieron el nivel del concierto, que falta hacía.
La música de Mozart y Haydn venían a reivindicar un asunto que dice Chul-Han en su libro La desaparición de los rituales, que su Allegro, su Finale. Presto liberan a la sociedad de su narcisismo colectivo. Escuchar a Mozart y no a Martín Llade lo que hace es que el tiempo y el espacio se puedan habitar sin ponerte de los nervios.
Mozart, Strauss y Haydn permiten que el Concierto de Año nuevo se pueda disfrutar, celebrar y festejar porque es reconocible. Reconocer una cosa, dice Han, es captar la permanencia en lo fugitivo. Estas cosas de dirigir por el pasillo y otras excentricidades están bien para salir en Twitter, pero son pan para hoy y hambre para mañana.
Uno está un poco saturado de oír que hay que cambiar no sé qué para que la gente joven y que la que no es tan joven vaya a los conciertos de música clásica. Hay que tener cuidadito con los cambios, porque lo que no está dispuesto uno es tener como compañero de butaca a alguien que va en chancletas, camiseta de tirantes, mascota y bañador.
El concierto, pensando estas cosas, y otras parecidas que le voy a horrar al lector y a las lectoras resultó el más aburrido de los últimos años. ¡Si Herbert von Karajan y José Luis Pérez de Arteaga levantaran la cabeza!
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