El director dirige la Orquesta Sinfónica de Castilla y León de forma magistral en un concierto inolvidable
Llamadme Vasily Pretenko
El director dirige la Orquesta Sinfónica de Castilla y León de forma magistral en un concierto inolvidable
Escribe Simone Weil que "En su grado más alto, la atención es lo mismo que la oración". El director Vasily Pretenko que esta noche dirige la OSCyL magistralmente hace al público que abarrota la Sala Sinfónica Jesús López Cobos del CCMD soñar la música. Pretenko exige atención y los músicos y el público se la dan con mucho gusto.
Abre el programa el Concierto para clarinete en la mayor, K.622 del Wolfgang Amadeus Mozart. Aparece en escena el clarinetista Pablo Barragán que nos ofreció un concierto sencillamente delicioso. A esta hora de la tarde uno solo está disponible para Mozart, el resto sobra. No hay tiempo para las distracciones. La música que estamos escuchando colma por completo el apetito del oyente. La música, ahora mismo, es lo más importante que nos está pasando en la vida.
La OSCyL, Petrenko y Barragán se entienden a la perfección. Es una música que se construye en vertical, desde el suelo, piedra a piedra. Por eso la conexión con el público es total. Esa confianza mutua entre Petrenko y los músicos deriva en un Mozart libre, fantástico, dulce como una mañana de verano.
El sonido que tiene, que sale la OSCyL cuando la dirige Pretenko no tiene nada que ver a cuando la dirigen otros directores, incluido su titular Thierry Fischer. Ese estilo tan natural, tan interpretativo que tiene Pretenko vale su peso en oro. Será que dirige de una manera tan innata que tiene un don, una especie de genialidad.
Pablo Barragán estuvo soberbio toda la noche. El sonido que salía de su clarinete era pura elegancia. Era sencillamente Mozart. Un Mozart joven, fresco, divertido y profundo.
La segunda parte del concierto nos ofreció la Sinfonía nº 6 en la mayor de Anton Bruckner y ahí comenzó la exhibición de cómo se dirige una orquesta por parte de Vasily Pretenko. La única manera que tiene el director de unificar una orquesta es que todos le miren. Y claro que todos le miraban, no quería perderse nada. Unificar la respiración de la orquesta y la del público solo está al alcance de los grandes directores como Pretenko.
Porque Pretenko dirige con la cara, con las manos, con la respiración, con el alma, con la mirada. Todo en él es expresión. El diálogo que es capaz de provocar en los músicos permite que el sonido sea delicuescente, exquisito, vitamínico.
Cuando se despertó, Vasily Pretenko todavía estaba allí.
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