03/05/2026
Cuestión de estilo
Lectura estimada: 2 min.
Siempre he pensado que con la clase se nace. No es cuestión de dinero o de formación.
Es algo natural que nace con la persona, difícil de explicar o entender.
He conocido a gente muy humilde, que sabe comportarse en una mesa, mantener una
conversación sin hablar alto y dar las gracias cuando es atendido y a gente rica que hace justo lo contrario.
Cuando a uno no le invitan por los motivos que sea a una presentación en la que van a estar presentes los candidatos a la alcaldía, no es de mucha clase presentarse donde se celebra la reunión con una pancarta y cuatro seguidores, para hacer ruido y tener notoriedad.
Uno puede defender lo que quiera y con los argumentos que considere, pero las maneras, la educación y las formas a veces son tan importantes como el contenido.
Seguro que una parte de la ciudad está cansada de que de nuevo el "soterramiento"
monopolice la batalla por lograr los concejales necesarios para gobernar en el edificio de la
Plaza Mayor, pero quien lo defienda deberá hacerlo con datos, presupuesto y compromiso, no ocupando aceras en horario comercial y megáfonos en mano.
Las formas y la educación son claves para que nuestro mensaje llegue.
Uno de los invitados en este medio a escribir lo que quiera expresar, Vidal Holgado, aquí a mi derecha, suele utilizar insultos y descalificaciones malsonantes dirigidas a todo aquel que no piensa como él.
Qué triste que no guardemos un mínimo de decoro para exponer lo que defendemos en
contra de los demás.
Las redes han incitado a que sólo la provocación, el ruido y el menosprecio sean la base del
argumento para conseguir audiencia.
Los mismos que pedimos respeto a nuestros jóvenes les trasladamos la imagen de que todo vale con tal de tener notoriedad , visibilidad y "ruido".
Me duele mucho que en esta mi ciudad, políticos, columnistas, blogueros o personajes más o menos públicos trasladen esa imagen que no es la común de la gente corriente.
En esta ciudad hay mucho respeto, mucha diversidad.
Ayer unos fueron a Villalar con los suyos para celebrar su fiesta, otros con sus hijos a misa y después a tomar un vino por el centro, otros a la Plaza de España a disfrutar de la fiesta de los libros, otros cogieron el remo y se fueron a disfrutar del río?todo respetable, todo digno.
Pero si uno se presenta en Villalar para insultar a los que allí escuchan los temas de Los Celtas Cortos, o si uno se presenta con una pancarta frente a San Benito diciendo que "Dios no existe" pues la liamos...
Y la vida son dos días y no es bueno pasarse la mitad del valioso tiempo maldiciendo lo que
hacen los demás, que produce úlceras y dejan mal cuerpo.
No todo vale, cada uno se define por sus actos, es sólo CUESTIÓN DE ESTILO.
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