Experimentos psicológicos: El síndrome de hospitalismo
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En 1945, el psicólogo René Spitz describió el término hospitalismo para explicar los efectos negativos observados en niños pequeños que pasaban largos periodos en hospitales o instituciones. Estos niños, aunque físicamente sanos, desarrollaban apatía, retraso en el desarrollo físico y emocional, e incluso altas tasas de mortalidad. Spitz atribuyó estos problemas no a causas médicas, sino a la falta de estimulación sensorial y emocional en su entorno.
En esa época, los hospitales presentaban un ambiente extremadamente austero: paredes y sábanas blancas y una atención centrada únicamente en necesidades médicas, con poco contacto físico o interacción emocional entre los cuidadores y los niños. Spitz observó que esta ausencia de estímulos visuales y afectivos tenía un impacto devastador en el desarrollo infantil.
En uno de sus estudios, Spitz comparó a niños hospitalizados con otros que, aunque vivían en prisiones junto a sus madres, recibían contacto emocional y físico constante. Los resultados mostraron que los niños hospitalizados tenían un desarrollo mucho más limitado que aquellos criados con el cuidado cercano de sus madres.
El trabajo de Spitz fue crucial para comprender la importancia del apego, la interacción emocional y la estimulación temprana en los primeros años de vida. Estos hallazgos influyeron profundamente en los protocolos de atención infantil en hospitales y en el desarrollo de teorías del apego, como las de John Bowlby, destacando la necesidad de un cuidado más cálido y humano en entornos institucionales.
NOTA DEL AUTOR: Profesionalmente, hemos comprobado la importancia del vínculo, del apego, del contacto. Y cómo en ocasiones, es suplida por el amor, el cariño, el piel con piel, de familias que adoptan o acogen. Somos seres muy sociables, que requerimos de la palabra, del contacto, para crecer, para evolucionar, para madurar de forma sana.
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Este coche tiene treinta y seis años y acaba de hacerse unos apaños para su sexta generación. He probado la versión híbrida de 160 CV, que consume menos de cuatro litros, tiene etiqueta ECO, mejor comportamiento, más espacio y un diseño que lo convierte en un coche completamente nuevo pero con el mismo nombre de siempre: Clio








