Un Valladolid de crímenes: el cocinero de Huerta del Rey que encontró la muerte en Londres

Apenas unos días después de instalarse en una nueva vivienda de Leyton fue asesinado de varias puñaladas en un crimen que conmocionó a España

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Un Valladolid de crímenes: el cocinero de Huerta del Rey que encontró la muerte en Londres
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 5 min.

El 6 de marzo de 2019, Londres volvió a teñirse de sangre. En una ciudad acostumbrada por entonces a abrir cada semana los informativos con un nuevo apuñalamiento, una de aquellas víctimas tenía acento vallisoletano. Se llamaba David Martínez Valencia, tenía 26 años, era cocinero y había dejado atrás el barrio de Huerta del Rey para buscar un futuro en la capital británica. Apenas unos días después de mudarse a una vivienda compartida en el distrito de Leyton, su vida terminó de forma brutal.

Su historia es la de un joven que emigró con la esperanza de abrirse camino entre los fogones y acabó convertido en protagonista involuntario de una de las páginas más trágicas de la crónica negra vinculada a Valladolid.

La tarde del 6 de marzo de 2019 transcurría con aparente normalidad en North Birkbeck Road, una calle residencial del este de Londres. A las 16.26 horas, la Policía Metropolitana recibió varias llamadas alertando de un hombre gravemente herido que había salido tambaleándose de una vivienda tras ser apuñalado. Cuando los agentes, varias ambulancias y el helicóptero medicalizado llegaron al lugar, encontraron a un joven tendido sobre la acera con múltiples heridas de arma blanca. Pese a los intentos por reanimarle, falleció poco después, a las 17.10 horas. Ese joven era David Martínez Valencia.

Un vallisoletano en busca de una oportunidad

David había crecido en Huerta del Rey, uno de los barrios más poblados de Valladolid. Quienes le conocían lo describían como un muchacho trabajador, tranquilo y con ilusión por prosperar. Antes de marcharse al Reino Unido había trabajado en España, incluso en el sector de la automoción, aunque su verdadera vocación estaba en la cocina. Londres representaba para él una oportunidad para ganar experiencia y construir una carrera profesional como chef.

Como tantos jóvenes españoles tras la crisis económica, decidió hacer las maletas para empezar de cero. Había encontrado alojamiento en una casa compartida en Leyton y apenas llevaba unos días viviendo allí cuando todo se torció.

Un compañero de piso cada vez más inquietante

Durante las primeras jornadas en la vivienda, David empezó a percibir que uno de sus compañeros tenía un comportamiento extraño. Se trataba de Carlos Rueda Vélez, un joven de 20 años que vivía junto a su madre y su novia.

Con el paso de los días, la convivencia comenzó a deteriorarse. Según se supo durante el juicio, Rueda desarrolló una obsesión enfermiza convencido, sin prueba alguna, de que David había besado a su pareja. El vallisoletano llegó incluso a advertir a su familia del temor que sentía.

En uno de los mensajes enviados a una prima, escribió unas palabras que, leídas hoy, resultan estremecedoras: "Está completamente loco... preguntaba si había besado a su novia. Voy a tratar de irme el viernes, de lo contrario terminaré muerto". Nunca llegó a ese viernes.

La tarde en que todo acabó

Según reconstruyó posteriormente la Fiscalía británica, aquella tarde Carlos Rueda volvió a interrogar a su novia sobre David. La discusión derivó en una explosión de violencia.

En la cocina de la vivienda, el agresor cogió un cuchillo y comenzó a apuñalar repetidamente al joven vallisoletano en la cabeza, el cuello, el pecho y el abdomen.

La novia del acusado declaró que, al escuchar los gritos, acudió hasta la cocina y contempló la escena sin poder impedirla. Gravemente herido, David consiguió escapar del piso. Salió a la calle pidiendo auxilio.

Varios vecinos recordaron después cómo corría cubierto de sangre mientras suplicaba ayuda antes de desplomarse sobre la acera. Algunos intentaron contener la hemorragia utilizando toallas mientras esperaban desesperadamente la llegada de la ambulancia. No hubo nada que hacer.

Una investigación rápida

Desde el primer momento, Scotland Yard descartó que se tratara de un ajuste de cuentas relacionado con bandas juveniles, una posibilidad que entonces parecía lógica dada la ola de apuñalamientos que sufría Londres.

Las pesquisas apuntaron enseguida hacia el entorno más cercano de la víctima. Carlos Rueda huyó tras el crimen. Cogió un tren hasta Portsmouth, donde intentó refugiarse en casa de un amigo y deshacerse de la ropa que llevaba durante el ataque. Sin embargo, fue localizado y detenido al día siguiente mientras circulaba en bicicleta por el arcén de una autopista.

Durante los interrogatorios modificó varias veces su versión de los hechos. Llegó incluso a afirmar que sufría visiones y que apenas recordaba lo sucedido. Pero las pruebas resultaron concluyentes.

Los investigadores hallaron sus huellas mezcladas con la sangre de David dentro del inmueble, además de numerosos indicios que desmontaban su relato.

El juicio

El proceso judicial se celebró en junio de 2020 en la corte penal de Old Bailey, en Londres. La acusación sostuvo que el asesinato fue consecuencia directa de un ataque de celos irracional protagonizado por un hombre de carácter extremadamente posesivo.

Durante nueve días desfilaron por la sala policías, forenses y testigos presenciales. También se leyeron los mensajes que David había enviado horas antes manifestando el miedo que sentía hacia su compañero de piso.

El jurado declaró culpable a Carlos Rueda Vélez.

El juez le impuso la pena de cadena perpetua, fijando un mínimo de 17 años de prisión antes de poder solicitar la libertad condicional.

El impacto en Valladolid

La noticia recorrió rápidamente Valladolid. Familiares, amigos y antiguos compañeros de trabajo recibieron con incredulidad la confirmación de que aquel joven que había marchado al extranjero para cumplir un sueño había muerto de forma tan violenta. Las redes sociales se llenaron de mensajes de despedida y de peticiones de justicia.

Para muchos vallisoletanos, David pasó a simbolizar a toda una generación que había tenido que abandonar España buscando mejores oportunidades laborales.

Un crimen distinto

El asesinato de David Martínez ocupa un lugar singular dentro de la crónica negra vinculada a Valladolid. No ocurrió en la provincia. No fue consecuencia de un robo. Tampoco de la violencia callejera que entonces sacudía Londres. Fue el desenlace de una convivencia que apenas había durado unos días y de una obsesión alimentada por unos celos infundados.

David nunca tuvo tiempo de empezar la vida que había imaginado cuando cruzó el Canal de la Mancha con la ilusión de convertirse en cocinero.

Aquel 6 de marzo de 2019, el sueño londinense terminó en una acera de Leyton, donde un joven de Huerta del Rey perdió la vida a cientos de kilómetros de casa. Siete años después, su historia sigue siendo uno de los episodios más dolorosos que han unido a Valladolid con la crónica negra internacional.

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