Quedadas semanales, grupos abiertos y sin presión, comunidades que impulsan en la ciudad una nueva forma de entender el deporte, más social que competitiva
Correr para conocer gente: Valladolid se suma al boom de los running clubs sociales
Quedadas semanales, grupos abiertos y sin presión, comunidades que impulsan en la ciudad una nueva forma de entender el deporte, más social que competitiva
Quedar para correr sin competir, sin obsesionarse con el ritmo y sin necesidad de conocer a nadie previamente. Solo aparecer, correr y compartir el rato. Ese es el espíritu que empieza a consolidarse en Valladolid con el auge de los llamados running clubs sociales, una tendencia que transforma la manera de entender el deporte en la ciudad.
En este nuevo escenario destacan dos iniciativas con enfoques distintos pero complementarios: el Oysho Running Club Valladolid y Noesunrunclub.
El primero, impulsado por la marca deportiva Oysho, organiza quedadas semanales guiadas por entrenadores, con grupos divididos por niveles y sesiones que incluyen calentamiento, entrenamiento y vuelta a la calma. Este formato facilita la iniciación en el running en un entorno controlado, especialmente para quienes buscan empezar con acompañamiento.
En paralelo, ‘Noesunrunclub’ propone una alternativa más informal. Sus encuentros, convocados principalmente a través de redes sociales, no requieren inscripción previa ni siguen una estructura fija. Los participantes se agrupan de manera espontánea según su ritmo y el objetivo es claro: correr en compañía y generar vínculos más allá del deporte.
Ambos modelos coinciden en un aspecto clave, el running deja de ser una práctica individual para convertirse en una experiencia compartida. Una tendencia que conecta especialmente con un público joven que busca planes activos, pero también sociales.
Las quedadas suelen desarrollarse en espacios accesibles como la ribera del Pisuerga o zonas verdes de la ciudad, lo que permite integrar a corredores de distintos niveles y facilita la participación de quienes se inician. El crecimiento de estas comunidades está estrechamente ligado al uso de redes sociales, especialmente Instagram, que actúa como canal de convocatoria y escaparate de la experiencia. A través de publicaciones y vídeos, los propios participantes contribuyen a amplificar el fenómeno.
En una ciudad con tradición atlética, donde históricamente han predominado los clubes orientados a la competición, la aparición de estos formatos supone una evolución del panorama deportivo. No sustituyen al modelo clásico, pero sí amplían las opciones para quienes buscan una relación más flexible y social con el running.
El auge del running social ya es una realidad en Valladolid. Y todo apunta a que seguirá creciendo al mismo ritmo que una generación que ya no solo quiere correr más rápido, sino también hacerlo acompañada.
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