César Viroga: "No somos un diagnóstico, somos personas con capacidades y talentos, y merecemos ser aceptadas"

Cesar, persona con Autismo sin discapacidad intelectual asociada (antiguo síndrome de Asperger), comparte su experiencia dentro del espectro del autismo y reivindica comprensión, oportunidades reales e inclusión más allá de los prejuicios

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César Viroga: "No somos un diagnóstico, somos personas con capacidades y talentos, y merecemos ser aceptadas"
El autor esRubén  Hernández Martín
Rubén Hernández Martín
Lectura estimada: 6 min.

El síndrome de Asperger ya no figura como categoría diagnóstica independiente en los principales sistemas internacionales (CIE-11 y DSM-5). En ellos, se ha sustituido el término 'trastorno generalizado del desarrollo' por 'trastorno del espectro del autismo', eliminado así otras categorías que se incluyen dentro de la de Trastorno del Espectro del Autismo (TEA), como la 'enfermedad de Asperger'. 

Hoy en día, el término 'Asperger' se utiliza principalmente a nivel social e identitario para referirse, de forma general, a personas dentro del espectro que no presentan discapacidad intelectual ni dificultades significativas en el lenguaje formal.Porque el autismo es un espectro y cada persona es única. Como afirma César en esta entrevista, "da igual lo que tengamos, somos personas y merecemos ser aceptadas". Comprender esa diversidad es avanzar hacia una sociedad más justa, empática e inclusiva.

Con motivo del Día Internacional del Síndrome de Asperger, 18 de febrero, desde TRIBUNA hablamos con César, que comparte su experiencia en primera persona.

PREGUNTA: Para quien no le conozca, ¿quién es usted más allá del diagnóstico?

RESPUESTA: Me llamo César Viroga Cuaresma, tengo 26 años y nací en Valladolid, aunque crecí en Cantabria durante 23 años por motivos laborales de mis padres. Volver aquí fue un cambio importante, porque supuso salir de mi zona de confort y empezar una nueva etapa en otra ciudad.

Más allá del diagnóstico de Asperger, me considero una persona responsable, comprometida y constante. Me tomo muy en serio todo lo que hago, ya sea un trabajo o una pequeña responsabilidad. Soy meticuloso y perfeccionista; necesito tener las cosas organizadas para poder rendir bien. Cuando algo depende de mí, me esfuerzo para que salga lo mejor posible.

También siempre he querido ser alguien en quien los demás puedan confiar. Me gusta sentir que aporto al equipo y que puedo ejercer un liderazgo positivo.

En mi tiempo libre me gusta investigar, aprender cosas nuevas, practicar deporte y, sobre todo, pasar tiempo con mi familia, algo que valoro mucho después de tantos años fuera.

P: ¿Cuándo recibió el diagnóstico y qué supuso para usted?

R: El año no sabría especificarte, pero sí que es verdad que la gente de mi alrededor empezó a notar mis primeros síntomas sobre el autismo cuando estaba en el instituto. Un profesor empezó a notar que tenía ciertos comportamientos y formas de reaccionar diferentes al resto de mis compañeros. Lo habló con mis padres y decidieron acudir a una especialista. Tras las evaluaciones correspondientes, llegó el diagnóstico de autismo.

P: ¿Le ayudó a entender mejor tu historia?

R: Sí, bastante. Lejos de ser algo negativo, fue una explicación. Me ayudó a poner nombre a muchas situaciones que antes no entendía y a comprender mejor mi manera de ser y de actuar.

Recuerdo una actividad en la que investigamos sobre personas conocidas con autismo y me sorprendió descubrir que compartía características con algunas de ellas. Pensé que no era el único al que le pasaban determinadas cosas, eso me dio tranquilidad.

P: ¿Cómo definiría el autismo desde su experiencia?

R: El autismo no es una enfermedad ni algo que afecte a la salud. Es una condición con la que puedes vivir perfectamente. Puede que haya situaciones que nos cuesten más, como la gestión de cambios o algunas interacciones sociales, pero eso no impide tener metas, trabajar o disfrutar de la vida.

También es una discapacidad invisible. Muchas veces, cuando digo que tengo autismo, la gente se sorprende porque no responde a los estereotipos que todavía existen. El autismo es un espectro y cada persona lo vive de forma distinta.

P: ¿Qué le gustaría que la sociedad entendiera?

R: Que no somos un diagnóstico, somos personas. Que no se nos juzgue antes de conocernos y que se nos dé la oportunidad de demostrar nuestras capacidades. Nosotros, las personas con síndrome de Asperger o con autismo sin discapacidad intelectual asociada podemos contar, en muchos casos, con mayores oportunidades de autonomía que aquellas personas dentro del espectro que requieren apoyos más intensos y podemos tener menos dificultades de "encajar" mejor en la sociedad.

También me gustaría  que comprendan que cada persona dentro del espectro es diferente. No todos necesitamos los mismos apoyos ni tenemos las mismas dificultades. Escuchar y adaptar los entornos es fundamental para que podamos participar en igualdad de condiciones.

P: ¿Qué situaciones pueden resultarle más difíciles?

R: Soy muy rutinario. Las rutinas me dan seguridad y estabilidad. Cuando algo cambia sin previo aviso, puedo sentir tensión o descolocarme un poco.

Además, soy perfeccionista y me gusta tener mi entorno ordenado. Si algo se altera, me cuesta adaptarme en el momento. Con el tiempo he aprendido a ser más flexible y a gestionar mejor estas situaciones, pero siguen formando parte de mi manera de funcionar.

P: En cuanto al sistema educativo o laboral, ¿crees que está preparada para personas con autismo? ¿Crees que deberían cambiar algo las empresas o la ley?

R: Creo que se ha avanzado bastante en los últimos años. Hay más oportunidades laborales y más sensibilidad hacia la inclusión. En los portales de empleo se ven más ofertas dirigidas a personas con discapacidad.

Sin embargo, todavía falta formación e información en muchas empresas para que esas mismas personas nos conozcan, conozcan más nuestras situaciones y así estén más preparados con antelación para ofrecer entornos inclusivos y apoyos adecuados. Muchas veces no se trata de grandes cambios, sino de pequeños ajustes y de entender nuestras necesidades.

P: ¿Qué le diría a alguien que acaba de recibir el diagnóstico?

R: Que no se preocupe. Que no lo vea como algo negativo ni como un límite. No es una enfermedad ni algo que vaya a impedirle vivir su vida. Sí que es verdad, que la diferencia con respecto a personas sin autismo o neurotípica nos puede costar hacer ciertas cosas, pero se puede llevar una vida normal, aprendiendo a manejar las dificultades sin que dominen tu día a día.

P: ¿Qué ha supuesto para usted formar parte de la asociación?

R: Ha sido un privilegio. Cuando regresé a Valladolid después de tantos años fue un cambio grande, y la asociación me recibió con los brazos abiertos. Me sentí comprendido desde el primer día.

Me ha ayudado a crecer en seguridad, iniciativa y motivación. Además, compartir experiencias con otras personas que han pasado por situaciones similares crea un sentimiento de equipo muy fuerte.

P: ¿Qué aportan este tipo de asociaciones?

R: Aportan apoyo, orientación, motivación e iniciativa propia. Cuando alguno de nosotros ha estado desanimado, siempre ha habido alguien para ayudarle. Nos fortalecemos mutuamente y aprendemos a confiar más en nuestras capacidades.

Es un espacio donde te sientes comprendido y donde sabes que no estás solo. Al estar con muchas personas que han pasado exactamente por lo mismo que yo, al final nos ayudamos mutuamente, siempre he aspirado a ser un líder que se preocupa por los demás.

P: ¿Qué puede hacer cualquier persona para ser más inclusiva en su día a día?

R: No juzgando por las apariencias y dando oportunidades desde el primer momento, creo que no ven nuestras verdaderas habilidades. Muchas veces las personas con autismo hemos sido juzgadas antes de demostrar lo que podemos hacer. Si se nos da la oportunidad, podemos sorprender mucho más de lo que se espera.

P: ¿Qué mensaje lanza en este día?

R: Que no debemos rendirnos. Animo a la gente a hacerse un hueco en la sociedad y espero que así sea, porque lo hemos demostrado con hechos. Sé que nosotros podemos encajar en la sociedad y por eso les animo a que intenten seguir, a que nos tengan en cuenta también, no solo en empresas que tengan que ver con discapacidad, tanto en los colegios, en los institutos, en los trabajos donde no haya discapacidad.

El autismo no nos define por completo. Somos personas con capacidades y talentos, y merecemos ser aceptadas. También es responsabilidad de la sociedad esforzarse por comprendernos, creando entornos donde podamos crecer, desarrollarnos y participar plenamente en la comunidad, garantizando al mismo tiempo nuestra calidad de vida.

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