Nueva entrega de 'Mientras el aire es nuestro' escrita, como cada martes, por Juan González-Posada
Han y el régimen del ruido
Nueva entrega de 'Mientras el aire es nuestro' escrita, como cada martes, por Juan González-Posada
La atención humana se está perdiendo en el ruido digital. En el libro 'Sobre Dios. Pensar con Simone Weil', el filósofo alemán Byung-Chul Han (1959) analiza la crisis de la atención en la sociedad contemporánea. Su reflexión se inspira en Simone Weil (1909–1943), filósofa francesa fallecida durante la Segunda Guerra Mundial, aunque Han la aborda desde una perspectiva filosófica y ética más que religiosa. Han examina cómo las estructuras de nuestra vida digital, la aceleración constante y la sobreinformación afectan no solo nuestra percepción del mundo, sino también nuestra capacidad de pensar, sentir y actuar éticamente.
El resultado es evidente: vivimos inmersos en un mundo que no deja espacio para la contemplación. La información constante, los estímulos digitales, los "me gusta" y las notificaciones han convertido nuestra atención en un recurso arrasado por el ruido. Han llama a esta situación crisis de la atención, y su diagnóstico es profundo: donde se pierde la atención, se pierde también la capacidad de juicio, discernimiento ético y acción colectiva responsable.
El libro integra reflexiones sobre el dolor, la inactividad y la gracia, inspiradas en Weil, para pensar la vulnerabilidad y la pasividad en una sociedad obsesionada con la acción y la visibilidad. La hipercomunicación digital destruye el silencio, y la información se ha transformado en ruido que impide percibir la realidad directamente. La experiencia antepredicativa de la presencia, que Weil valoraba como fundamento de la ética y la contemplación, queda mediada por datos y representaciones que fragmentan la conciencia.
Han subraya que la crisis de la religión es también una crisis de la atención, de la vista y del oído. Esta afirmación no es religiosa: describe la pérdida de una forma de relación profunda con el mundo. La sociedad contemporánea no sabe mirar ni escuchar, porque toda percepción se ha convertido en consumo de información.
La atención, siguiendo a Weil, no es pasividad ni concentración funcional: es disponibilidad ética elevada. Prestar atención al bien es condición para no apartarse de él: "Si dejamos de prestar atención al bien, es posible que acabemos apartándonos de él. En cambio, si le dedicamos suficiente atención, nos cultivará". Mientras tanto, el mal circula sin demora, amplificado por la viralidad, la indignación inmediata y la reacción impulsiva en redes sociales.
Pensar es una paradoja: una inactividad actuante, una pasividad activa. Solo quien renuncia a la acción inmediata puede pensar. La hiperactividad permanente impide la reflexión y debilita el juicio crítico. Una sociedad que solo valora lo operativo pierde capacidad de deliberar, juzgar y resistir.
Por eso Han habla de la ética del vacío. Silencio y vaciamiento del ego no son renuncias místicas, sino condiciones para la libertad interior y la creatividad auténtica. Frente al imperativo neoliberal de la autenticidad -"sé tú mismo", "exprésate"- se nos exige producir identidad visible y rentable. Han propone la descreación: no afirmarse continuamente, no ser nadie, abrir espacio para recibir y crear de manera genuina.
La creatividad impuesta por el neoliberalismo exige diferenciarse y producir más. Pero la verdadera creación requiere autorrenuncia y atención. El genio de la atención carece de yo: la creación auténtica se recibe, no se fabrica. Surge del silencio, de la apertura a lo imprevisible, de la gracia de la atención, que transforma y cultiva al que observa sin imponerse.
Lo bello, en nuestra sociedad, ha perdido sacralidad y profundidad. Se ha convertido en objeto de consumo. La inmanencia del mercado lo ha despojado de trascendencia e intensidad. Su lema: like. Lo bello no debe estremecer ni doler; la experiencia estética se subsume al consumo inmediato.
Weil nos recuerda que el dolor y la intensidad forman parte de la experiencia ética y estética. Hoy vivimos en una sociedad de algofobia: nada debe doler, ni el amor, ni el arte, ni la música. Todo se pule para el consumo, y el "me gusta" funciona como analgésico, regulando redes sociales y cultura. Incluso la vida cotidiana se adapta al consumo, perdiendo profundidad e intensidad.
Han subraya que la atención creadora consiste en prestar atención a lo que aún no existe. Atender no es solo mirar lo dado: es abrirse a lo posible. Esta atención es ética y política: permite imaginar alternativas, sostener proyectos colectivos y resistir la clausura impuesta por la aceleración constante.
La digitalización del mundo de la vida muestra que el ser humano se convierte en esclavo de su propia producción. A diferencia de la sociedad disciplinaria, donde se guardaba silencio, el régimen neoliberal impone la obligación de comunicar y acelerar todo proceso. Smartphones y algoritmos destruyen la atención y anticipan nuestra voluntad. La libertad se convierte en control. Este régimen seduce más que reprime: gamificación, gratificación por me gusta, emociones convertidas en mercancía y storyselling consolidan la adicción. Vivimos en un cercado digital, ganado de información, comunicación y consumo.
Y sin embargo, Han y Weil sugieren una salida: la atención puede recuperarse. Silencio, contemplación y disponibilidad ética están al alcance de nuestra vida cotidiana. La creación, lo bello y la intensidad no han desaparecido: esperan ser atendidos, no consumidos. La libertad comienza por aprender a mirar, escuchar y detenernos antes de que la digitalización nos absorba. Por ejemplo, dedicar media hora diaria a una caminata sin teléfono, observando el entorno con plena atención, es un acto de resistencia ética. La ética de la atención es, en definitiva, una forma de resistencia contemporánea, capaz de rescatar lo auténtico y transformador de nuestra vida y sociedad.
Hoy Donald Trump utiliza la religión como herramienta de poder más que de reflexión ética y contemplativa. Su convocatoria de oración para "consagrar" Estados Unidos bajo Dios muestra cómo la fe se instrumentaliza, muy lejos de la atención y profundidad que Han y Weil defienden.
Las entradas se pondrán a la venta de forma progresiva a través de www.arroyoesfera.com y en las páginas oficiales de cada artista
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