¿Viejo o Imbécil?

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¿Viejo o Imbécil?
El autor esAndrés  Miguel
Andrés Miguel
Lectura estimada: 3 min.

Ahora que estoy finalizando mi carrera laboral recuerdo que Voltaire decía que "el trabajo aleja de nosotros tres grandes males; el tedio, el vicio y la miseria". Mucho me temo que Voltaire no sabía bien lo que decía, pues hay trabajos aburridísimos, otros tan extremos que no los aguantas si no le das al frasco y algunos con los que uno no sale de la pobreza por más que Miss Sindicatos siga subiendo el salario mínimo.

Abogado, escritor, filósofo, Voltaire cascó con 83 años, en 1.778, época en la que cualquiera que alcanzase veinte menos era ya considerado un viejo. Actualmente la cosa es distinta. Si entre España y Portugal hay una 'Raya' bien delimitada cuyas localidades me encanta visitar, no sabría yo marcar la que distingue hoy la edad adulta del comienzo de la vejez.

En realidad, diría que no hay, precisamente, una edad para la vejez, pienso que esa posición se alcanza más bien mediante un comportamiento, eres viejo si comienzas a actuar como un viejo.

He escuchado decir que los ancianos son más amables, ciertamente nostálgicos, temerosos de lo desconocido. Asimismo, he oído que se irritan con mayor facilidad por cuanto, en ocasiones, entienden menos las situaciones en las que se ven inmersos, se tornan más desconfiados y manifiestan tendencias depresivas por falta de adaptación a su nueva realidad física y emocional.

Hago un impasse: cuando menciono el término "viejo" no lo hago, en modo alguno, de manera desconsiderada. Tengo el mayor de los respetos por los viejos, de hecho, quiero llegar a ser uno de ellos, el más viejo. Lo que no hago es disfrazar el tema con terminología woke, como para no ofender. Como no hay intención de ofender a nadie, no veo por qué andar con esas chuminadas.

George Bernard Shaw, escritor inglés, que palmó con 94, manifestó que "la vejez tiene dos ventajas: dejan de dolerte las muelas y se deja de oír las tonterías que se dicen alrededor".

Si lo primero es verdad (siempre que no sea porque se te han caído todas), aplaudo el momento, porque el dolor de muelas se las trae, pero de lo segundo no estoy tan convencido. En este país nuestro, no veo manera de que se dejen de escuchar sandeces alrededor salvo que te hayas convertido en el Beethoven del barrio.

Como he señalado, quiero llegar a viejo, cuanto más me acerco a la jubilación más deseo que ésta dure otros sesenta y tantos años. La vejez no es tan mala, si se considera la alternativa.

Suele asimilarse vejez y sabiduría, como si llegar a anciano reportase, mágicamente, un conocimiento que no has tenido de joven. Yo no lo comparto. Cuantos más años voy cumpliendo, más me cuesta creerlo. Si te hago una lista de políticos y periodistas por encima de los 75, sin duda me das la razón. Y no hace falta irse muy lejos para tener otros ejemplos; no sé dónde está la sabiduría de esos ancianos que cruzan los semáforos en rojo y después se ciscan en las muelas del conductor que les mete un pitido. Supongo que les pesa más la incontinencia urinaria que el conocimiento, de otro modo no lo comprendo.

Por eso, a veces, pienso, con Jose Luis López Vázquez, que "si el precio de la sabiduría es la vejez, prefiero ser imbécil".

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