03/02/2026
Los tiempos intermedios
Lectura estimada: 3 min.
Hay tiempos que no salen en la agenda. No son urgentes ni productivos. No tienen nombre propio, pero sostienen la vida. Son los tiempos intermedios. Esos que pasan entre cuidar a nuestros mayores y que algún día nos cuiden a nosotros. Entre atravesar una enfermedad y acompañar la enfermedad de otros. Entre la despedida de una madre (¡cómo duele eso!) y el problema de un hijo en esos momentos tenemos que aprovecharlos y dejar de preocuparnos de chorradas. Entre ser fuertes porque toca y permitirnos, por fin, ser frágiles.
Vivimos obsesionados con los comienzos y los finales: nacer, crecer, enfermar, morir. Pero la mayor parte de la existencia sucede en medio, en ese territorio ambiguo donde no hay titulares ni épica, pero sí una enorme oportunidad de sentido. Cuando ya no somos hijos, pero aún no somos mayores llega un momento -silencioso, sin ceremonia- en el que empezamos a mirar a nuestros padres con otros ojos. Ya no son invencibles. A veces nos necesitan. Otras veces nos preocupan. Y casi siempre nos despiertan una pregunta incómoda: ¿Cuánto tiempo nos queda así?
Ese tiempo, el que va desde el primer cuidado hasta el último adiós, no es solo un trámite. Es una escuela emocional acelerada. Nos enseña paciencia, límites, compasión... y también cansancio, culpa, contradicciones. Pero entre visita y visita, entre pastillas y silencios, hay un aprendizaje escondido: comprender que la vida no se sostiene solo cuando somos útiles, sino cuando estamos presentes. Entre la herida propia y el cuidado del otro. Hay personas que conocen el cuerpo vulnerable desde dentro. Han estado enfermas. Han tenido miedo. Han sentido el suelo moverse bajo los pies. Y luego, sin transición clara, se ven cuidando a otros.
Ese "entre" es delicado. Porque quien ha sufrido sabe más… pero también se cansa antes. Porque la empatía profunda puede ser un don o un desgaste.
Los tiempos intermedios nos recuerdan algo esencial: no estamos aquí solo para resistir, sino para aprender a escucharnos mientras ayudamos. No todo cuidado tiene que ser heroico. A veces basta con ser honesto y pedir relevo. El gran error: vivir estos tiempos como una antesala. Solemos tratarlos como una sala de espera: "Cuando pase esto, viviré". "Cuando se calme, ya pensaré en mí". "Ahora no toca". Y sin darnos cuenta, la vida ocurre mientras esperamos que empiece. Lo decía John Lennon, "la vida es lo que pasa mientras estamos ocupados haciendo otros planes. Los tiempos intermedios no son un paréntesis: son la vida misma en versión real, sin filtros ni promesas".
Ahí se juega nuestra relación con el tiempo, con el cuerpo, con los afectos. Ahí decidimos si vamos a vivir en automático o con conciencia. Aprovechar no es exprimir. Aprovechar estos tiempos no significa llenarlos de cursos, metas o logros personales. Significa algo mucho más sencillo y más difícil:
- Escuchar lo que cambia en nosotros
- Revisar prioridades
- Cuidarnos mientras cuidamos
- Aceptar que no todo se puede controlar
- Dar valor a lo pequeño y cotidiano
Tal vez aprovechar sea no pasar de largo. Porque un día ya no habrá "entre". Un día dejaremos de cuidar a quienes nos cuidaron. Y otro día, quizá, alguien nos sostendrá a nosotros. Y miraremos atrás. Ojalá podamos decir que no solo sobrevivimos a esos tiempos, sino que los habitamos. Que no los tratamos como una carga, sino como una transición fértil. Que aprendimos a vivir mientras tanto.
Porque la vida -la de verdad- no siempre ocurre cuando todo está claro, sino en esos tiempos intermedios que, si los miramos bien, lo contienen todo.
DIFERENCIA ENTRE LO ÚTIL Y LO VALIOSO
Quizás una de las cosas que más necesitamos es aprender a distinguir lo útil de lo valioso. Un sacacorchos es útil. Un abrazo es valioso. Una puerta es útil. Ver un atardecer es valioso. Un mechero es útil. Una amistad es algo valioso.
Casi siempre, lo útil es más caro que lo valioso. De hecho, lo valioso rara vez cuesta dinero. Y esto ocurre porque el dinero es útil, pero no es valioso. Lo valioso genera mucha más felicidad a largo plazo que lo útil. Y sin embargo, a menudo, valoramos más lo útil que lo valioso.
Los mejores momentos de la vida no cuestan dinero. Ver nacer a un hijo, el primer beso, sentir que vuelas de la mano de alguien... Los momentos que se nos pasan por la cabeza justo antes de abandonar este mundo no costaron dinero. Esos momentos son lo más valioso que tenemos.
Lo más visto
El vallisoletano Juan Carlos López, entre los tres mejores profesores de España
Sorpresa en el PP de Valladolid en las autonómicas: esta es la lista en sus puestos de salida
El viaducto del Arco de Ladrillo se cortará al tráfico este lunes por la reparación de un pretil dañado
Se vende iglesia, convento o palacio en Valladolid
El Duero crece en Valladolid y llega a desbordarse en Puente Duero
Últimas noticias
La Base Militar 'El Empecinado' acerca el Ejército a los jóvenes con la segunda edición de su 'Working Day'
La Junta pide un dictamen jurídico tras el informe urbanístico negativo a la ampliación del vertedero de Santovenia
El PSOE vuelve a señalar a Zarandona por las "pérdidas" económicas en el contrato de las vallas publicitarias
La Diputación renueva los contenedores de envases para mejorar la seguridad y la eficiencia en la provincia
El acusado confesó a su madre y a una amiga el puñetazo que causó la muerte del joven vallisoletano
0 Comentarios
* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Inicia sesión o registrate para comentar








