10/01/2026
Ravel, del velero al Bolero
Fotografías: Gabriela Torregrosa.
Lectura estimada: 8 min.
Pocas obras musicales más conocidas internacionalmente que el Bolero de Ravel. En 2025 se han cumplido 150 años desde el momento en que su autor, Joseph Maurice Ravel, nacía en el País Vasco francés, en una casa que se asoma a un bonito rincón del litoral, y que continúa aún allí, testigo fiel de la existencia de su ilustre hijo.
Ravel llegó al mundo el 7 de marzo de 1875, en la pintoresca localidad pesquera de Ciboure, frente a San Juan de Luz, en un precioso punto geográfico cuya bahía sueña abrirse al Atlántico. Su padre era un ingeniero de ascendencia suiza, con estudios de piano y talento musical; su madre provenía de una familia de origen vasco. Ambos se habían conocido en Aranjuez, cuando ella visitaba a unos parientes y él trabajaba en la construcción del ferrocarril. Se casaron en 1874.
La casa natal de Maurice Ravel, única de estilo holandés de la región, se conocía entonces como Estebania por el nombre de su primer propietario, Esteban d'Etcheto, hombre de negocios y armador que la construyó en 1630, con el deseo de emular las viviendas que había visto en Amsterdam. Albergó al Cardenal Mazarino con ocasión de los desposorios de Luis XIV, el Rey Sol, con la infanta María Teresa, hija del monarca español Felipe IV, que tuvieron lugar en San Juan de Luz el 9 de enero de 1660. Por ello, fue también llamada Casa Mazarino, hasta que la celebridad de Ravel eclipsó a la del purpurado. Hoy, su fachada ostenta una placa conmemorativa del natalicio de Maurice, y acoge la oficina de turismo local. El paseo marítimo donde se ubica el inmueble fue rebautizado en agosto de 1930, en vida del homenajeado, como Muelle Maurice Ravel.
Una placa tras la pila bautismal de la iglesia de San Vicente de Ciboure recuerda orgullosa haber acogido el bautismo de Ravel a los seis días de su alumbramiento. Pero la familia pocos meses después se mudaría a París, donde tres años más tarde nacería el segundo y último hijo de la pareja, Édouard. El compositor no regresó al País Vasco hasta que hubo cumplido 25 años, aunque el folklore tradicional de esa tierra, transmitido por la figura materna, con quien estaba muy unido, dejó huella en su producción, así como una atracción por las temáticas musicales de raigambre peninsular.
En París ingresó en el conservatorio con catorce años, donde surgiría una de las amistades más sólidas de su vida, la que trabó con Ricardo Viñes, el gran pianista ilerdense al que Manuel de Falla dedicó sus Noches en los jardines de España, y que sería quien estrenase gran parte de las obras de Ravel.

A pesar de sus primeros triunfos, a Maurice se le negó la prestigiosa beca que suponía la máxima distinción francesa para los artistas menores de 30 años: el Premio Roma. Durante cuatro ediciones no logró alzarse con el galardón, que premió a músicos que acataban las normas canónicas. Solo conseguiría un discreto segundo puesto ex aequo en 1901. Finalmente, fue descalificado aplicando escrupulosamente el requisito de edad, aunque solo lo hubiese excedido en unas semanas. El escándalo general ante esta injusticia sostenida en el tiempo procuró celebridad y popularidad a Ravel y costó el puesto al director del Conservatorio de París y miembro del jurado, Théodore Dubois. Cuando en 1905 accedió a la dirección su maestro y mentor Gabriel Fauré, a quien un joven Maurice había dedicado dos obras, ya era demasiado tarde para enmendar el veto anterior. Años después, el Estado francés le concedía la Legión de Honor, pero Ravel, en un gesto de dignidad e independencia, declinó aceptarla.
El motivo por el que los académicos no reconocían sus méritos era su condición de fundador, en los albores del siglo XX, de un grupo de artistas jóvenes de vanguardia que buscaban modernizar la música. Aceptaron transgresoramente la denominación de 'apaches', una descalificación que les profirió un quiosquero afeándoles su costumbre de salir de fiesta hasta el amanecer. Ravel dedicará cada pieza de Miroirs, un ciclo pianístico compuesto entre 1904 y 1906, a los diferentes miembros del colectivo.
Bajo el magisterio de Fauré acabarían creando la Sociedad Musical Independiente para organizar conciertos en los que estrenar sus obras, ya que desde la conservadora Sociedad Nacional les cerraban las puertas de los circuitos consagrados. Su proyección como compositor fue imparable y suya sería la partitura Ma mère l'oye para piano a cuatro manos, estrenada el 20 de abril de 1910 en el concierto inaugural de la Société Musicale Independante.
Pero bien pronto vino la Primera Guerra Mundial a dar al traste con los proyectos vitales y el entusiasmo de toda una generación. Desde el inicio del conflicto bélico, Ravel se sintió incapaz de componer y quiso enrolarse, siendo rechazado por no dar la talla. Sin conformarse, y desoyendo los consejos de amigos y médicos que le recomendaban no ir al frente por su constitución endeble, perseveró durante un año y medio hasta lograr alistarse. Su objetivo había sido convertirse en aviador, pero se le asignó en marzo de 1916 un puesto de soldado de segunda clase en el frente de Verdún como conductor de un camión al que apeló 'Adelaide'.

El tiempo vino a dar la razón a quienes aseguraban que el compositor no tenía espíritu militar: tras siete meses, enferma y es hospitalizado, asignándosele un destino en retaguardia, al que no llega a incorporarse. Solo abandona el hospital para asistir a su madre en el lecho de muerte lo que, inmediatamente después, le hace necesitar una cura de reposo.
En abril de 1921 Ravel adquirió la única casa que poseyó en su vida, situada a unos 30 km de París y conocida como Le Belvédère. Estaba diseñada a semejanza de un barco, como aquellos que ondeaban en el muelle de su Ciboure natal, y con espacios de pequeño tamaño. Entre sus paredes crearía algunas de sus obras más afamadas, incluyendo el Bolero. Hoy, se ha convertido en su casa-museo, y la calle en que se ubica se ha renombrado como Maurice Ravel.
En sus composiciones, Ravel mostraba un eclecticismo y un perfeccionismo que su amigo Igor Stravinski atribuía a su origen helvético por la rama paterna, llamándole 'relojero suizo'. Poseía asimismo una destreza magistral para la orquestación y lograría excelentes resultados con versiones de piezas de otros compositores como Moussorgsky, Debussy o Chopin.
Cuando su amiga, la bailarina y mecenas rusa Ida Rubinstein, icono de la belle époque, le pidió escribir una obra para ella, Ravel inicialmente comenzó a orquestar algún número de la suite Iberia, de Isaac Albéniz, trabajo para el que ideó el título de Fandango.

Pero sin haber concluido la empresa, llegó a su conocimiento que el director español Enrique Fernández Arbós tenía la exclusiva para orquestar las obras de Albéniz, de quien había sido discípulo, y eso le llevó a abandonar definitivamente su proyecto, a pesar de que Arbós, informado de la intención de Ravel, se mostrase dispuesto a cederle sus derechos.
Ravel ya había tomado la decisión de innovar con la escritura de un tema original, basado en una danza popular española, el bolero, que suena recurrentemente a lo largo de 15 minutos sin modificar el ritmo, acumulando instrumentos que repiten la misma música in crescendo en una graduación del volumen, hasta confluir en una explosión final. Su Bolero, 'ballet de carácter español', fue estrenado el 22 de noviembre de 1928 como ballet en la Ópera Garnier de París, inaugurada el mismo año de nacimiento de Ravel, desprendiéndose posteriormente de la coreografía ideada para Rubinstein para interpretarse en salas de concierto, y cosechando un rotundo éxito que se expandió por todo el mundo.
A comienzos de ese año de 1928, Ravel realizó el que sería su único viaje a Estados Unidos, emprendiendo una multitudinaria gira de cuatro meses que le llevó por una veintena de ciudades como pianista y director de orquesta. Allí conoció a George Gershwin, el compositor de la Rhapsody in blue de 1924, una pieza sinfónica de jazz emblemática en los Estados Unidos. Gershwin quedó tan fascinado con Ravel que le solicitó le impartiera lecciones. Este desestimó el ofrecimiento, replicando: "¿Por qué quiere ser usted un mal Ravel cuando es un excelente Gershwin?"
El pianista vienés Paul Wittgenstein, que tras ser tomado como rehén por el ejército ruso en la Gran Guerra sufrió heridas tan graves que debió serle amputado el brazo izquierdo, solicitó a maestros reputados obras pianísticas que él pudiera tocar con una sola mano. Ravel compuso entonces, entre 1929 y 1931, sus dos grandes piezas de concierto solista: el Concierto para la mano izquierda en re mayor para cumplir con la encomienda, y el Concierto en sol mayor para él mismo. Wittgenstein, no satisfecho por completo, introdujo pequeñas modificaciones a la partitura en la premier y eso molestó a Ravel.

Pero una aciaga noche de octubre de 1932, cuando contaba 57 años, la suerte de Maurice Ravel cambió para siempre. Viajaba en taxi por las calles de París cuando el vehículo fue violentamente embestido por otro taxi. La colisión lateral le hundiría costillas, quebraría dientes y desgarraría el rostro con los añicos de los cristales. Aunque poco después Ravel restaba importancia por carta al suceso ("No ha sido tan grave: unas cuantas contusiones en el pecho y algunos cortes en la cara"), las secuelas del esguince cervical agravaron drásticamente su mala salud preexistente y desencadenaron alteraciones en el cerebro que le causarían problemas de motricidad, pérdida de concentración, amnesia, afasia e insomnio. Aunque se probó todo lo que la ciencia podía proporcionar en ese momento -electricidad, homeopatía, bromuro de potasio, láudano, barbitúricos-, nada surtió efecto.
Valentine Hugo, una amiga diseñadora, en noviembre de 1933 trató de embarcarle en crear una ópera del libro Jeanne d’Arc, de Delteil, en la que ella diseñaría el vestuario. Aunque Ravel se entusiasmó con la idea, pronto se dio cuenta de que sus limitaciones se lo impedían: "nunca escribiré mi Jeanne d’Arc. Está en mi cabeza, puedo oírla, pero nunca la escribiré; es el final, ya no puedo escribir mi música". Tampoco llevó adelante su proyecto del ballet Morgaine, la historia de Alí Babá.
En 1935, Ravel emprendió un último viaje por España y Marruecos. Al regresar, desapareció de la vida pública y se retiró a su casa de Montfort-l’Amaury, regida por su ama de llaves, Madame Révelot, mientras su deterioro, que Ravel llamaba 'anemia cerebral', siguió progresando sin piedad.
En París un neurocirujano famoso, pionero de la cirugía cerebral, Clovis Vincent, considerando la hipótesis de un tumor accede a operarle, sin albergar muchas esperanzas del éxito de la intervención que le devolvería sus facultades. Al recobrar la consciencia tras la anestesia, Ravel come y habla y sus allegados ilusoriamente creen por unos minutos que está salvado. Pero se sume en un sopor del que jamás despertaría. Muere diez días después, el 28 de diciembre de 1937, a los 62 años.

Se conservan fotografías que lo muestran amortajado con el mismo cuidado de dandy de toda su vida: traje negro, chaleco blanco, cuello duro con las puntas dobladas, pajarita blanca y guantes claros. La parte superior de su cráneo permanece vendada.
Su desaparición causó consternación, que la prensa mundial recogió en unánime tributo. Reposa en el cementerio parisino de Levallois-Perret, cerca de sus padres y su querido hermano Édouard, en quien recayó su herencia. A la muerte de este en 1960 sin descendencia, estalló una batalla legal por los derechos de autor de las obras de Ravel.
El muelle de Ciboure se adorna con los reflejos del sol sobre las aguas que juegan a balancear los veleros mientras aguardan iniciar su singladura. Las casas, dispuestas en disciplinada hilera frente al acuoso hilo de plata y ante el telón de fondo de los picos nevados de los Pirineos, diríanse las teclas coloreadas de un gigantesco piano que solo pudiera pulsar la mano de Dios. Todo es armónico bajo ese cielo, el primero que los ojos de Ravel contemplaron.

Fotografías: Gabriela Torregrosa
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