El final de una era

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El final de una era
El autor esRaquel W. Polo
Raquel W. Polo
Lectura estimada: 3 min.
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Tras diez años y cinco temporadas, y con un total de 42 episodios, Stranger Things ha llegado a su fin. Una de esas series que han cambiado la historia de la televisión. Una categoría en la que podemos incluir otras como Friends, Expediente X, Perdidos, Los Soprano, 24 o Juego de Tronos, por cómo han influido en el devenir de las siguientes generaciones de creadores audiovisuales.

La gigantesca campaña de marketing a nivel mundial que ha acompañado a esta última temporada ha contado, por ejemplo, con espectáculos de drones en Las Vegas, una iluminación especial del Empire State Building e incluso se coló en nuestras campanadas con la bienvenida al 2026.

Los hermanos Duffer fueron rechazados por hasta 15 cadenas antes de que Netflix aceptara la serie y, para su lanzamiento, no se realizó una gran campaña publicitaria previa. Stranger Things no nació como un gran producto comercial, sino como una serie pequeña, bien hecha y bien ambientada. Se confió en que la historia de terror que tenía lugar en los ochenta, con niños desaparecidos, bicicletas y personajes adorables y misteriosos perseguidos para experimentación, por malvados científicos, hiciera todo el trabajo.

Y funcionó. Se convirtió en la serie más vista de 2016 en la plataforma. Como era de esperar, y teniendo en cuenta las referencias, los primeros en caer fuimos los de la Generación X. Aquellos que habíamos crecido viendo Poltergeist, ET, Los Goonies y Stand By Me descubrimos una serie que nos trasladó a nuestra infancia. Nosotros fuimos los que se lo recomendamos a nuestros hijos, que se engancharon a la aventura tan magníficamente contada que nos ofreció aquella temporada.

Con el paso del tiempo, la historia perdió parte de su ingenuidad y se vio obligada a seguir las tendencias y necesidades que el gran público, que ahora era su audiencia, exigía. Perdimos en originalidad e inocencia, pero las circunstancias, el presupuesto y el mainstream eran quienes mandaban.

A lo largo de estos años, aquellos jovencísimos y desconocidos actores se han convertido en grandes estrellas. Algunos han crecido interpretativamente y otros se han limitado a dejarse llevar, pero todos conocemos sus nombres y, sobre todo, sus caras. Les hemos visto crecer, pasar de niños a adultos. Ahora, como pasó con el cast de Harry Potter, queda por saber cómo continuarán sus carreras después de haber sido los niños y jóvenes de Hawkins, Indiana, durante tanto tiempo.

También tenemos otros actores que, gracias a esta serie, unos han descubierto y otros han recordado. Winona Ryder, Sean Astin, Matthew Modine, Paul Reiser o Linda Hamilton, en un papel anecdótico de villana, fueron algunos de los nombres que se utilizaron para acentuar el carácter nostálgico del movimiento. Otros, como Maya Hawke, hija de Ethan Hawke y Uma Thurman (me niego absolutamente a utilizar el término nepo-baby), han servido de puente entre ambas generaciones.

Me voy a permitir hacer una mención especial a Jamie Campbell Bower, actor que sólo conocíamos los muy versados geeks, ya que ha pasado, a veces muy brevemente, por algunas de las sagas más icónicas del frikismo, como Crepúsculo, Harry Potter, la versión cinematográfica de Mortal Instruments, e incluso grabó un episodio de Juego de Tronos que nunca se emitió, y su personaje fue sustituido por otro actor. A raíz de su interpretación memorable como Henry/Vecna, será muy difícil que su nombre y su rostro se desdibujen del cerebro de muchos.

Un capítulo aparte merece la música que ha acompañado a la historia y que, en ocasiones, se ha convertido en un personaje más de la narrativa. Que se lo digan a Kate Bush, cuyo Running Up That Hill (que se puede traducir como "Corriendo colina arriba"; corriendo, no poniéndose a charlar como si no pasara nada, dicho sea de paso) se convirtió en un fenómeno global, mayor que en las fechas de su lanzamiento.

A algunos les habrá gustado el final y a otros no. Algunos harán suyo el lema "I believe". Unos creerán que la escena de Will es una maravilla interpretativa y otros la considerarán innecesaria. Pero sea como sea, la historia ha terminado, al ritmo del Heroes de David Bowie. Hasta siempre.

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