Siete Siete: 30 años de la madrugada en la que Valladolid quedó en silencio

El incendio de la popular discoteca acabó con la vida de cuatro personas, entre ellas dos bomberos, y dejó una herida que la ciudad todavía recuerda tres décadas después

Siete Siete: 30 años de la madrugada en la que Valladolid quedó en silencio
Trágico incendio en la discoteca Siete Siete, en Valladolid.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 7 min.

A las seis y cuarto de la mañana del 6 de octubre de 1996, Valladolid todavía dormía. La noche del sábado había terminado para muchos, pero en la discoteca Siete Siete, junto al Puente Mayor, quedaban todavía algunos clientes apurando las últimas copas. La sala, situada en los bajos de un edificio de la zona de La Rondilla, estaba a punto de echar el cierre. Entonces comenzó el fuego.

Treinta años después, aquella madrugada continúa formando parte de la memoria de Valladolid. Cuatro personas murieron y otras seis resultaron heridas en un incendio que destruyó por completo la discoteca y que terminó convirtiéndose en una de las mayores tragedias de la historia reciente de la ciudad. Entre las víctimas estaban dos miembros del Cuerpo de Bomberos de Valladolid que habían entrado en el local para rescatar a quienes todavía podían encontrarse dentro.

La última hora de la noche

La Siete Siete era entonces una de las discotecas conocidas de Valladolid. Estaba ubicada en el número 34 de la avenida de Santa Teresa, en la confluencia con el paseo del Renacimiento, y funcionaba en un sótano al que se accedía bajando unas escaleras. Su ubicación y su horario, prolongado hasta altas horas, la habían convertido en uno de los puntos habituales para quienes todavía querían continuar la noche cuando otros locales ya habían cerrado.

A las 6.15 horas quedaban pocos clientes. Los trabajadores recogían las últimas copas, se hacía caja y se preparaba el cierre. En algún momento se inició un fuego en la zona del fondo de la sala.

Los primeros testimonios recogidos aquella misma mañana no permitieron determinar qué lo había provocado. Se habló de una colilla o de un papel encendido que habría prendido bajo unos sillones, pero también se investigó la posibilidad de un fallo eléctrico. La Policía Judicial comenzó a buscar pruebas dentro de un local completamente afectado por las llamas. La situación cambió en cuestión de minutos.

Los primeros intentos para sofocar el incendio con los extintores no consiguieron detenerlo. Según el parte municipal citado años después, el fuego partió de un único foco cuyo origen no pudo determinarse inicialmente y adquirió rápidamente unas dimensiones que hicieron inútil la primera tentativa de extinción. El humo comenzó a ganar el local.

Una llamada a las 6.18 horas

El aviso llegó a los Bomberos a las 6.18 horas. Dos dotaciones y siete vehículos se desplazaron hasta la Siete Siete. También acudieron Policía Municipal, Policía Nacional, Protección Civil y varias ambulancias.

Mientras los equipos de emergencia llegaban, los vecinos del edificio empezaron a abandonar sus viviendas. El humo había ascendido desde el sótano y más de cuarenta personas tuvieron que ser evacuadas del inmueble.

La escena que se encontraron los servicios de emergencia era especialmente complicada. La discoteca estaba bajo tierra y el fuego había provocado temperaturas muy elevadas y una enorme concentración de humo.

Algunos de los clientes consiguieron salir por sus propios medios. Las luces de emergencia fueron determinantes para quienes se encontraban dentro: varios supervivientes explicaron después que, pese a que el local se había quedado prácticamente a oscuras, aquellas luces les permitieron encontrar la salida. Pero pronto llegó la noticia que cambió la intervención.Todavía podía haber personas dentro.

Entrar cuando todos intentaban salir

Los bomberos se enfrentaban entonces a una decisión que acabaría teniendo consecuencias irreparables. Según los testimonios recogidos posteriormente, se informó a los equipos de que dos mujeres podían permanecer en el interior. Los bomberos entraron en la discoteca para localizarlas.

Entre ellos estaban el sargento José Luis Vidal Arias, de 39 años, y el bombero Juan Carlos Matarranz de las Moras, de 34. Ambos llevaban más de una década vinculados al servicio de extinción de incendios de Valladolid. Vidal estaba casado y tenía tres hijos; Matarranz, también casado, tenía un hijo. Con ellos entró también el suboficial Gerardo Abia Romero.

La búsqueda se produjo en unas condiciones extremas. Dentro había una temperatura altísima y una concentración de humo que dificultaba la respiración y la visibilidad. Los bomberos localizaron finalmente a las dos mujeres. Pero el fuego cambió de comportamiento.

Una lengua de llamas alcanzó a los profesionales que se encontraban en el interior. Un cuarto bombero consiguió salir después de que un compañero le ayudara a abandonar la zona afectada. Vidal y Matarranz, sin embargo, quedaron atrapados. Los dos murieron por inhalación de monóxido de carbono durante la intervención.

Cuatro víctimas

Cuando los equipos consiguieron recuperar los cuerpos, la tragedia ya tenía cuatro nombres. Los otros dos cadáveres correspondían a Lucía Escudero Martín, de 51 años, que trabajaba en el guardarropa de la discoteca, y María del Carmen Velasco González, una clienta de 36 años y natural de Cuéllar. Las condiciones en las que quedaron los cuerpos dificultaron inicialmente su identificación. Hubo también varios heridos.

Uno de ellos, Rafael Barca, resultó especialmente grave, con quemaduras que afectaban aproximadamente a la mitad de su cuerpo, las informaciones de la época situaron la extensión en torno al 50-54%, y tuvo que ser trasladado a una unidad especializada de grandes quemados en Getafe. Otros heridos sufrieron intoxicaciones por humo y quemaduras de diversa consideración.

La discoteca quedó destruida. El fuego también afectó al inmueble y obligó a desalojar a los vecinos, aunque la estructura del edificio no llegó a sufrir daños que comprometieran su estabilidad.

¿Qué provocó el incendio?

La pregunta permaneció abierta durante los primeros días. Las primeras informaciones hablaban de varias posibilidades. La Policía Judicial no descartaba un fallo eléctrico, mientras que algunos testigos aseguraban que un cliente podía haber prendido fuego a un elemento decorativo.

El establecimiento, según las autoridades municipales y de la Delegación del Gobierno, contaba con las medidas de seguridad exigidas y tenía sus permisos en regla. Se hablaba de dos salidas, una de ellas de emergencia, extintores, mangas de riego y un sistema de detección de incendios que activó la alarma. Días después, la investigación policial apuntó hacia otra dirección.

El 17 de octubre de 1996, Servimedia informó de que la Policía buscaba a un grupo de clientes al que atribuía el origen del incendio por negligencia. Según el jefe de la Brigada Judicial de Valladolid, Andrés Hebrero, una planta artificial habría sido el primer elemento en arder, posiblemente después de que unos clientes que habían estado bebiendo jugaran con un mechero. El fuego habría llegado a controlarse inicialmente con un extintor para después reavivarse y extenderse por el local. La hipótesis de que el incendio hubiera sido provocado deliberadamente quedó descartada por la Policía.

La causa, por tanto, tuvo diferentes versiones durante la investigación y las fuentes posteriores siguen señalando que no quedó establecida de forma oficial con la misma claridad que el resto de circunstancias del siniestro.

La ciudad se echó a la calle

La tragedia no terminó cuando se apagaron las llamas. Valladolid quedó conmocionada. El Ayuntamiento decretó dos días de luto oficial. Los cuerpos de José Luis Vidal y Juan Carlos Matarranz fueron instalados en una capilla ardiente en el Ayuntamiento y posteriormente trasladados a la iglesia de San Benito para el funeral. Ambos fueron enterrados en sepulturas contiguas en el cementerio de Las Contiendas.

La despedida fue multitudinaria. Más de 3.000 personas participaron en los funerales de los dos bomberos, una muestra de la dimensión que había alcanzado el suceso en la ciudad. También hubo presencia de representantes de otros cuerpos de bomberos españoles.

Durante aquellas horas, las fotografías de la columna de humo sobre La Rondilla y de los equipos de emergencia trabajando frente a la discoteca ocuparon las páginas de los periódicos. La Siete Siete había sido durante años un lugar asociado a la noche vallisoletana. De repente se había convertido en un lugar de tragedia.

Una intervención que marcó a los Bomberos

Para quienes participaron en la extinción, aquel 6 de octubre no fue una noticia más. Jesús González Nieto era entonces un bombero con seis años de experiencia. Décadas después recordaba cómo llegaron al lugar y encontraron humo saliendo de una de las puertas. También relató el momento en el que localizaron a las dos mujeres y, posteriormente, encontraron sin vida a José Luis Vidal.

Roberto González García, otro miembro del cuerpo, estaba aquel día de descanso. Al ver pasar un camión de bomberos a toda velocidad decidió acercarse por su cuenta hasta el lugar del incendio. Lo que encontró allí le acompañaría durante años. En los aniversarios, explicaba décadas después,"el recuerdo regresaba con fuerza".

La tragedia también dejó una huella familiar. Jaime Vidal, hijo de José Luis Vidal, acabaría siguiendo los pasos de su padre y entrando en el Cuerpo de Bomberos de Valladolid. Años después, el propio cuerpo recordaba que la profesión había formado parte de su vida desde niño.

Treinta años después, los nombres permanecen

El paso del tiempo ha cambiado Valladolid. La noche ha cambiado, los locales han cambiado y también lo han hecho los sistemas de emergencia y la forma de afrontar los incendios. Pero dos nombres siguen formando parte de la memoria del Cuerpo de Bomberos: Vidal y Matarranz.

Su recuerdo se mantiene también a través de la Carrera Popular Memorial Vidal-Matarranz, organizada por el Club Deportivo de Bomberos de Valladolid. En 2025 alcanzó su vigésimo novena edición y continúa dedicada a los dos profesionales fallecidos durante aquella intervención.

Cada octubre, la fecha vuelve al calendario. No por la discoteca. No por la noche que se truncó. Sino por quienes no salieron de aquel sótano.

El 6 de octubre de 1996, una llamada de apenas unos segundos puso en marcha una intervención que parecía una más. Un incendio en una discoteca que estaba cerrando, unos pocos clientes dentro y un equipo de bomberos entrando para comprobar que no quedaba nadie atrapado.

Horas después, Valladolid contaba cuatro muertos. Treinta años más tarde, la Siete Siete ya no existe como aquel lugar de la noche vallisoletana. Pero los nombres de José Luis Vidal, Juan Carlos Matarranz, Lucía Escudero y María del Carmen Velasco permanecen ligados a aquella madrugada.

Y cada 6 de octubre, cuando se cumplen ya tres décadas, la ciudad vuelve a recordar que hubo una noche en la que la fiesta terminó en silencio.

Últimas noticias de esta sección

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App