Que suene la música
Palabras contra el olvido 742
Comienza la temporada de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL) y comienza de manera magistral. El programa abrió con dos compositores de mucha solvencia: Haydn y Prokófiev. Thierry Fischer, director titular de la OSCyL se movió con autoridad y energía durante todo el concierto. Parecía, a simple vista, que le habían quitado veinte años de encima.
Su Sinfonía n.º 1 de Joseph Haydn resultó muy brillante ejecutada impecablemente por los músicos de la orquesta y transcendió al público de manera natural. Ejecutada con precisión y finura arrebató al respetable que empezaba a disfrutar desde el minuto uno del partido y eso que no estaba Lamine Yamal entre los convocados.
Uno de los mejores momentos y hubo muchos, fue cuando apareció en escena el exquisito oboe François Leleux para ejecutar el Concierto para oboe en don mayor, Hob. Vllg:C1 de Joseph Haydn. Toca de memoria Leleux, apenas mueve los pies del suelo, va moviendo los dedos como quien cuenta las perlas de un collar y empieza a desvelar todo lo que tiene el concierto de Haydn.
Su virtuosismo caló en el público que disfrutaba de la música embelesado. Desplegó una belleza tímbrica y una exquisitez que dejó al público con la boca abierta. Haydn nos propone un concierto a imagen y semejanza de Leleux: humano, cercano, con las dosis de magisterio necesarias para que la música encierre un pensamiento y una belleza descomunal.
La propina de Bach nos dejó sin respiración literalmente. Los aplausos finales tenían un destinatario: François Leleux que demostraron bien a las claras la admiración por un oboísta que nos había dejado embelesados.
Después del descanso llegó Serguéi Prokófiev con Romeo y Julieta (selección de ballet) por si no habíamos tenido suficiente. A veces, durante los 45 minutos exactos que duró la pieza, la música llegaba al oyente de manera intimista, quejumbrosa, con el volumen del sonido exacto y la tensión justa. Con un director y una OSCyL en estado de gracia y dejando Fischer que la orquesta se expresara con total libertad, apareció la excelencia.
Vivimos en una época ruidosa donde nos cuentan que el apocalipsis llegó ayer. Nos lo cuentan por tierra, mar y aire. Uno no se acostumbra a tanto desastre. Por eso, "subir al Delibes" para disfrutar de la música es la única manera de alejarte de la actualidad. La actualidad mata. Conozco gente que le han prohibido seguir la actualidad si no quiere irse pronto "al otro barrio".
Dice Montaigne que todos tenemos tener una trastienda donde ocultarnos de mundo. Los abonados y el público que llenó la sala sinfónica saben lo que digo.








