El tren como forma de vida: trabajar en Madrid sin renunciar a Castilla y León
Jacobo, Ignacio y Fernando relatan a TRIBUNA cómo la conexión ferroviaria con la capital ha condicionado sus decisiones laborales y familiares
Para Jacobo Abad, Ignacio Llorente y Fernando de Pedro, el tren no es únicamente un medio de transporte. Forma parte de una rutina sobre la que han construido decisiones profesionales y familiares de gran calado: dónde vivir, dónde criar a sus hijos o hasta qué punto aceptar un empleo o una promoción en Madrid sin abandonar Castilla y León. Los tres son usuarios habituales de Renfe y sus historias comparten una misma realidad. La cercanía ferroviaria con Madrid ha acortado las distancias con el mercado laboral de la capital, algo que ha permitido a nuestros tres protagonistas crear modelos de vida que parecían imposibles.
En el caso de Jacobo Abad, 43 años, la alta velocidad fue uno de los elementos que hicieron posible tener un futuro. Natural de Palencia, pasó cerca de quince años viviendo en Madrid y también residió en Italia. Después de formar una familia y ante la llegada de su segunda hija, él y su mujer decidieron regresar a su ciudad natal. "Queríamos volver a casa, sobre todo para que nuestros hijos crecieran con la familia y amigos. Es decir, apostamos por una calidad de vida", explica en declaraciones a TRIBUNA.
Abad es ingeniero informático y gerente en España de una consultora multinacional de software. Su regreso se produjo cuando el teletrabajo todavía estaba lejos de alcanzar la importancia y extensión que tiene hoy. Planteó a su empresa la posibilidad de trabajar desde Palencia y desplazarse varios días a la semana a Madrid, una fórmula poco habitual que terminó siendo la solución. La naturaleza de la compañía y un trabajo en el que las videoconferencias ya tenían un peso importante facilitaron el acuerdo. Desde entonces, lleva siete años realizando semanalmente el trayecto entre 'su' Palencia y Madrid.
"Gracias a esa solución y al trayecto en tren, nos ha cambiado muchísimo la vida", resume. Frente a la alternativa de realizar el recorrido en coche, con los atascos y los gastos de combustible y peajes que implicaría, Abad destaca las posibilidades que ofrece el ferrocarril durante el desplazamiento: "Puedes ir sentado trabajando, viendo una película, leyendo o directamente durmiendo".
El viaje en tren dura alrededor de una hora y diez minutos y, según calcula, emplea aproximadamente una hora y tres cuartos desde la puerta de su casa hasta la de su oficina. Una diferencia que ha permitido consolidar la decisión familiar de vivir en Palencia. "Nos ha cambiado la vida, a mejor", asegura. La experiencia, de hecho, ha acompañado el crecimiento de la familia. Tras el regreso, tuvieron otro hijo, y este ya tiene cuatro años. "Somos familia numerosa", explica orgulloso.

De Valladolid a Madrid cada mañana
Para el vallisoletano Ignacio Llorente, 54 años, el despertador marca desde hace más de una década una rutina diferente. Cada día toma a las 6.23 horas un tren desde su ciudad natal para trabajar en Madrid y regresar por la tarde.
En su caso, la conexión ferroviaria ha sido fundamental para desarrollar una carrera en un sector especializado cuya demanda se concentra especialmente en grandes ciudades. "La línea de ida y vuelta Valladolid-Madrid nos ha permitido, en algún caso, encontrar un trabajo en un sector, por ejemplo como el mío, que es muy especializado, en el que Madrid sí tiene demanda de ese perfil. Es muy difícil encontrarlo fuera de las grandes capitales", relata.
Llorente es consciente de que comparte experiencia con muchos de los viajeros que ve a diario. Se tratan de profesionales a los que sus empresas ofrecen promociones o ascensos que requieren acudir dos o tres días por semana a Madrid y que, gracias al tren y a la extensión del teletrabajo, pueden asumirlos sin renunciar a vivir en su vivienda. "Sin la conexión Madrid-Valladolid esto hubiera sido completamente imposible para todos nosotros", afirma. Después de varios años, el tren se ha integrado hasta tal punto en su rutina que lo define como "una herramienta fundamental" y "esencial" en su vida. Su desaparición o un deterioro significativo de las posibilidades de desplazamiento obligaría, explica, a replantearse decisiones tanto personales como profesionales.
Pero Llorente lleva su reflexión más allá de su propia experiencia. Considera que las conexiones ferroviarias con Madrid funcionan también como una herramienta para mantener población en Castilla y León al permitir que trabajadores cualificados desarrollen su carrera profesional en la capital y regresen después a sus ciudades. "Esta vía abierta, este canal, fija población en Castilla y León", sostiene.
El vallisoletano recuerda que la situación era diferente para muchos jóvenes que comenzaron su carrera hace dos o tres décadas. Entonces, encontrar determinados empleos obligaba con mayor frecuencia a trasladarse a Madrid. Ahora, profesionales de ciudades como Segovia, Valladolid, León o Palencia pueden desplazarse y regresar a casa. "No estamos hablando de ejecutivos con poder que recorren el mundo, sino de profesionales de perfil medio o alto que van y vienen todos los días a trabajar", matiza.
A su juicio, garantizar la movilidad hacia Madrid supone también defender la posibilidad de que esos trabajadores mantengan su residencia y sus familias en la Comunidad. "Madrid es una ciudad acogedora, Madrid es una ciudad abierta y yo creo que todos los que venimos aquí nos sentimos como en casa", afirma. Pero, en cualquier caso, añade, "somos de Valladolid, de Segovia, de Palencia, de León" y el ferrocarril permite "seguir viviendo allí".
Dieciséis años de viajes diarios
La historia de Fernando de Pedro, 49 años, también transcurre sobre las vías que separan Valladolid de Madrid. Lleva realizando el trayecto desde 2010, hace ya 16 años. Su jornada comienza habitualmente en el tren de las 6.45 horas y el regreso se produce en torno a las 18.40.
Salvo un día semanal de teletrabajo, el desplazamiento forma parte de su día a día. Fernando vivió en Madrid, pero decidió regresar a Valladolid con su familia. Mantener su puesto de trabajo en la capital fue posible gracias al ferrocarril. "El tren ha cambiado mi vida. Yo viví en Madrid, me vine aquí con la familia y gracias al tren puedo seguir trabajando en Madrid", relata a TRIBUNA.
Para él, se trata del medio de transporte "principal" y "esencial". Sin esa conexión, asegura, mantener el modelo actual sería "prácticamente inviable". El trayecto le permite compatibilizar dos elementos que considera fundamentales: residir en su ciudad natal y conservar su empleo en Madrid. "Gracias a esto puedo vivir en mi ciudad, soy de aquí, de Valladolid, y puedo trabajar en Madrid. De otra manera, sería imposible", resume.

Una distancia con visos de futuro
Las experiencias de Jacobo, Ignacio y Fernando muestran tres caras de una misma moneda. Para uno, el tren significó la posibilidad de regresar a Palencia después de quince años fuera y criar allí a sus hijos. Para otro, representa desde hace más de una década el acceso diario a un mercado laboral especializado sin abandonar Valladolid. Y, para el tercero, es la infraestructura que durante 16 años le ha permitido mantener separados el lugar donde trabaja y aquel en el que ha decidido vivir con su familia.
El teletrabajo ha reducido en algunos casos el número de desplazamientos, pero no ha eliminado la importancia del enlace con Madrid. Al contrario, la combinación entre la flexibilidad laboral y las conexiones ferroviarias ha abierto la puerta a todos los que soñaban con desarrollar parte de su actividad a distancia, lejos de su entorno. Aun así, los testimonios dejan al descubierto las contrapartidas: madrugones, horas invertidas en los desplazamientos, y trasbordos. Elementos que forman parte de la rutina de quienes hacen del tren su lugar de trabajo.
De hecho, cuando Jacobo, Ignacio y Fernando explican qué significaría que ya no haya esa conexión entre la Comunidad de Madrid y Castilla y León, los tres terminan hablando de algo que va mucho más allá del transporte. Hablan de empleos, promociones profesionales y oportunidades. Pero también de volver a casa cada tarde, de vivir cerca de padres, abuelos y amigos y, sobre todo, de criar a sus hijos en las ciudades que eligieron. Para ellos, la distancia entre Castilla y León y Madrid ya no se mide únicamente en kilómetros. También se mide en la posibilidad de trabajar en la capital sin tener que renunciar a sus orígenes.








