Mazda 6e, el equilibrio casi perfecto

imagen
Mazda 6e, el equilibrio casi perfecto
El autor esNacho Jiménez Delgado
Nacho Jiménez Delgado
Lectura estimada: 7 min.

Esta es una de las berlinas más equilibradas del mercado. Y es que la hora de electrificarse en serio, Mazda ha hecho lo que hay que hacer cuando afrontamos un gran cambio: rodearte de gente que sabe más que tú y mantener intacta la esencia de tu trabajo. Para su primera berlina 100% eléctrica, la marca japonesa se ha asociado con el gigante chino Changan, y el resultado es un coche de casi cinco metros, tracción trasera y hasta 552 kilómetros de autonomía que conserva algo difícil de fabricar: el carácter de Mazda, o que te entren ganas de conducir por conducir.

La base de este Mazda 6e es el Deepal L07 que comercializa Changan en China. Aparentemente son el mismo coche con dos etiquetas diferentes, pero Mazda ha puesto su sello en la parte dinámica y ergonómica para que podamos seguir hablando de un Mazda y, sobre todo, para que podamos seguir conduciendo un Mazda.

Esta forma de trabajar con socios industriales para desarrollar un nuevo modelo, se ha convertido en el camino más rápido para que algunas marcas puedan electrificarse sin años de retraso gracias al saber hacer acumulado de grandes conglomerados industriales. Mazda no es la única que ha tomado esta vía ni será la última. La hoja de ruta global de la industria del automóvil se está rediseñando con acuerdos de este tipo entre fabricantes tradicionales y gigantes chinos, algo que debemos ver con normalidad y sin echarnos las manos a la cabeza.

A mí me gusta mucho lo que ha hecho Mazda con esta colaboración: La puesta a punto del chasis, suspensión, dirección, frenos y asistentes, ha corrido a cargo de sus propios ingenieros con el objetivo de que el coche mantenga el carácter de un Mazda. Si has conducido uno, sabes de lo que hablo. Si no, deberías ir a un concesionario de la marca.

A nivel exterior, el 6e es una berlina de cinco puertas de 4,92 metros de longitud, cinco centímetros más larga que el desaparecido Mazda6 de combustión, con portón trasero en lugar de maletero tradicional. No está prevista una versión familiar, algo que sí existió en las generaciones anteriores. Su diseño es discreto, limpio, identificable y con detalles visualmente atractivos y también funcionales, como las cuatro ventanillas sin marco, que aparte de darle un aire coupé, facilitan mucho el acceso. La parrilla delantera lleva una sección iluminada por segmentos que indica el nivel de carga cuando el coche está enchufado, y sobre el portón del maletero hay un alerón que se despliega al superar los 90 km/h. Cada vez que veo este coche, pienso cómo algo tan aparentemente discreto puede ser tan atractivo y funcional. Tanto es así, que este Mazda 6e ha sido galardonado con el prestigioso premio internacional Wolrd Car Awards al mejor diseño.

Si ya has subido a un Mazda, el interior te resultará familiar con su puesto de conducción diseñado para conducir, muy buena calidad de materiales, ajustes robustos y una ergonomía que prioriza la claridad y facilidad de uso sobre el exceso de opciones.

Los asientos son cómodos y sujetan bien a todos los ocupantes, el del conductor está algo más elevado de lo habitual en la marca, consecuencia de tener la batería debajo.

Las plazas traseras ofrecen espacio de sobra para dos adultos, con climatizador independiente para esta zona, y el maletero, en mi uso real con tres adultos y dos niños con maletas de fin de semana, ha respondido bien. También tiene un maletero bajó el capó delantero con 70 litros de capacidad muy bien diseñado en el que cabe más de lo que pensaba, no solo los cables de carga.

El equipamiento de acceso en esta marca, suele estar al nivel de un tope de gama de otras marcas. Tiene dos acabados disponibles, Takumi y Takumi Plus, y deja muy poco fuera del equipamiento de serie. Llantas de 19 pulgadas, techo panorámico de cristal, sonido Sony de 14 altavoces y acceso al coche mediante el móvil como si fuera una llave. Creo que tapicería y color son las únicas opciones por las que hay que pagar más.

Hay una cosa a la que me tendré que acostumbrar aunque no me guste, y es que cada vez hay más pantalla y menos botones, y eso siempre le resta algo de agilidad al uso cotidiano frente a los mandos tradicionales. ¿Te acostumbras? Claro, no te queda otra, pero donde esté un botón o una ruleta, que me quiten lo demás.

Como Mazda siempre hace las cosas a su manera; con el 6e ha organizado la gama de una forma poco común y que conviene explicar: Tiene dos versiones, y la de más potencia no es la de más autonomía. El 6e "a secas" monta una batería LFP de 68,8 kWh, entrega 258 CV y homologa 479 kilómetros. El 6e Long Range monta una batería NCM más grande, de 80 kWh, con 13CV menos y más autonomía, 552 kilómetros. Es decir: en la versión Long Range (más cara), renuncias a algo de potencia que no vas a notar, y cargas en corriente continua algo más despacio (90 kW frente a los 165 kW de la versión LFP). Esto es poco habitual, ya que normalmente son las baterías NCM las que cargan más rápido. La única razón real para elegir la versión grande es si esos 73 kilómetros extra de autonomía son determinantes para tu rutina. Las dos versiones cargan en corriente alterna a un máximo de 11 kW, las dos son de propulsión trasera y las dos están limitadas a 175 km/h. ¿Diferencia? Esos kilómetros extra a cambio de una carga más lenta. Tú decides.

A nivel dinámico, he de decir que estaba expectante. Pero me ha quedado claro que en Mazda saben lo que quieren ellos mismos, sus clientes y los que todavía no lo son.

El sistema de propulsión trasera, combinado con un chasis de esquema clásico, le dan al coche un comportamiento natural, previsible y con un punto de agilidad que no esperas de una berlina de casi cinco metros. Puedes disfrutar, y mucho, enlazando curvas en este coche largo y con gran batalla, algo que favorece de manera determinante su estabilidad y nobleza en estos terrenos con cambios de apoyo constantes y en los que el coche ni se inmuta, mostrando nobleza y alegría cuando se lo pedimos. Los límites los pone la física, no olvidemos que estamos desplazando dos toneladas sobre cuatro neumáticos.

Podemos pensar que un coche tan largo en ciudad puede resultar un mamotreto, pero una vez dentro el coche me siente más compacto y se maneja muy bien, gracias a su diseño y a su sistema de visión sensores. El consumo en ciudad es mínimo. Como en todos los eléctricos, es en estos entornos donde resulta más eficiente al regenerar buena parte de la energía en las deceleraciones.

En autopista transmite un aplomo y aislamiento acústico destacables, con cruceros constantes sin esfuerzo y una sensación de velocidad inferior a la real. Debemos estar pendientes del velocímetro o utilizar el control de crucero, que funciona muy bien. Para un eléctrico, la autopista es su mayor enemigo en cuanto a eficiencia, ya que solemos mantener velocidad elevada y constante, por lo que la regeneración de energía es prácticamente nula. Aun así, si no nos desmadramos en velocidad, el consumo se sitúa entre los 16 y 19 kWh/100km con familia, maletas y climatizador.

A mí me gustan las carreteras secundarias con curvas. Y resulta que es en estas carreteras donde he entendido mejor el trabajo de los ingenieros de Mazda: el coche se mueve con firmeza, impulsado desde el eje trasero, con una combinación de chasis, suspensión y dirección que informan al conductor y de manera progresiva. La entrega de potencia me ha recordado, en cierta medida, a los motores de combustión atmosféricos de seis cilindros que tantas alegrías nos han dado. Una entrega progresiva, contundente y lineal hasta decir basta, o cambiar de marcha en el caso de un 6 cilindros.

El consumo real durante 700km, combinando ciudad, carretera y autopista, se ha quedado en los 14,2 kWh/100km, una cifra alcanzable y por debajo de lo homologado por la marca, que nos permite viajar sin angustia siempre que lo hagamos con cierto orden.

Como casi todos los coches de Mazda, este no es el más rápido, ni el de mayor autonomía, ni el más tecnológico de su segmento. Pero no falla en nada y en esto sí que es de los más aventajados. 

¿Por qué plantearte este coche?

El Mazda 6e llega a un segmento donde ya hay varias alternativas asentadas, pero lo hace con un argumento que no es fácil de igualar: el de una marca con décadas de coherencia mecánica que ha sabido asociarse con quien tenía que hacerlo para no quedarse fuera de juego. Este coche es para familias o profesionales que buscan una berlina amplia, silenciosa y con autonomía aceptable.

Es también una opción a tener en cuenta si valoras la conducción: la propulsión en el eje  trasero y el trabajo impecable de puesta a punto del chasis se agradecen mucho en marcha, dentro de un segmento donde este aspecto no suele destacar.

También este coche es una respuesta para quien prefiere un coche que demuestra que la electrificación, cuando se hace con cabeza y sin prisas, puede mantener el carácter de Mazda, o que te entren ganas de conducir por conducir.

Por unos 43.000 Euros y en el segmento de berlinas eléctricas, el 6e se mueve en por encima del Tesla Model 3 o el BYD Seal, y por debajo del Volkswagen ID.7 o el Xpeng P7. Si hablamos de Value for money (lo que recibimos por cada euro invertido), considero que este coche está muy arriba en el podio.

 

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App