¿Es gafe Mbappé?

imagen
¿Es gafe Mbappé?
El autor esPedro Berbel Hernández
Pedro Berbel Hernández
Lectura estimada: 3 min.
Última actualización: 

Voy a defender una teoría absolutamente indemostrable. Precisamente por eso me divierte escribirla.

Creo que Kylian Mbappé es el mejor futbolista del mundo. Y también el más gafe. Ya sé que las dos afirmaciones parecen incompatibles. Pero les pido cinco minutos antes de enviarme al psicólogo.

Es verdad que ganó el Mundial de 2018, y no precisamente como actor secundario. Fue una de las grandes figuras de aquella Francia campeona. Pero mi teoría sostiene que gastó toda la suerte demasiado pronto.

Desde entonces, todo encaja de una forma inquietante.

Llegó a otra final del Mundial. Marcó tres goles en el partido decisivo, firmó una actuación histórica… y perdió.

En el PSG tampoco consiguió levantar la Champions ni ningún título internacional. Las Ligas francesas y otros títulos domésticos los dejo fuera del debate porque, con aquel equipo, casi tenían más mérito los que conseguían no ganarlas.

Después fichó por el Real Madrid. El club donde, según el imaginario colectivo, los grandes títulos aparecen con una facilidad casi ofensiva. Pues tampoco.

Es cierto que ganó la Supercopa de Europa nada más llegar. Pero ese trofeo era la consecuencia de una Champions conquistada por el Madrid la temporada anterior, cuando Mbappé todavía veía los partidos desde París.

A partir de ahí... nada.

Y entonces aparece el dato que convierte una simple casualidad en una teoría digna de estudio. Durante los dos años que Mbappé ha jugado en el Real Madrid, las dos Champions disputadas las ha ganado… el PSG. El mismo PSG que nunca había conseguido conquistarla mientras él jugaba allí.

Reconozco que hay casualidades que desafían cualquier explicación razonable. Ahora bien, mi verdadera duda no tiene que ver con la posible condición de gafe de Mbappé. Tiene que ver con el liderazgo.

Porque hay futbolistas que cambian el destino de los equipos. No solo por lo que juegan. También por lo que contagian. Por cómo empujan cuando llegan los malos momentos. Por la sensación de que todos son un poco mejores cuando ellos están cerca.

Ahí tengo la impresión de que Mbappé todavía no ha dado ese paso. Tiene todo para liderar: talento, jerarquía, personalidad y foco mundial. Pero liderar nunca ha dependido solo del talento. Depende de las prioridades.

Y aquí confieso otra impresión, ésta todavía más subjetiva que la anterior. Siempre me ha dado la sensación de que Mbappé ha administrado sus esfuerzos pensando, por encima de todo, en llegar al Mundial en el mejor momento posible. No tengo forma de demostrarlo. Igual que tampoco puedo demostrar que sea gafe. Pero sospecho que no soy el único que ha tenido ambas intuiciones.

Confieso que con esta columna estoy cumpliendo una promesa. Hace unos días les dije a unos amigos que, si España eliminaba a Francia, escribiría este artículo. Las promesas, incluso las más disparatadas, están para cumplirlas. Así que aquí está.

Naturalmente, no creo de verdad que Mbappé sea gafe. O al menos, no tanto como para explicar por sí solo una derrota. Pero reconozco que mi teoría ha sobrevivido a la semifinal de ayer. Y eso, para una teoría absolutamente indemostrable, no está nada mal.

En cualquier caso, gane o pierda la final, España ya ha demostrado algo mucho más importante que cualquier superstición. Ha demostrado que, en el fútbol como en casi todo en la vida, el equipo termina siendo siempre más fuerte que las individualidades. Que el talento es imprescindible, pero nunca suficiente. Y que ningún futbolista, por extraordinario que sea, puede sustituir el compromiso, el liderazgo y la fuerza de un grupo que rema unido en la misma dirección.

Lo de la condición de gafe de Mbappé seguirá siendo una broma. Lo del equipo, en cambio, conviene no olvidarlo nunca.

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App