Un ataúd con bolsillos

imagen
Un ataúd con bolsillos
El autor esPedro Berbel Hernández
Pedro Berbel Hernández
Lectura estimada: 3 min.

Hay una frase que suelo dedicar a dos clases de amigos. A los que nunca dejan de pensar en cómo ganar un poco más y a los que nunca terminan de permitirse gastar un poco más. Lo curioso es que, con bastante frecuencia, ambos acaban fundiéndose en la misma persona. Al final, unos y otros viven convencidos de que la vida empezará de verdad cuando llegue ese momento en el que, por fin, tengan suficiente.

- "Como sigas así, vamos a tener que hacerte un ataúd con bolsillos" 

Siempre nos reímos, y eso ya es una buena noticia. Porque las bromas suelen tener la delicadeza de decir cosas que las conversaciones serias no siempre se atreven a contar.

Sé bien que para muchas personas el dinero no es una cuestión de rentabilidad, sino de supervivencia. Este artículo no habla de ellas. Habla de quienes, aun teniendo margen para disfrutar un poco más hoy, siguen aplazando la vida por miedo a no tener suficiente mañana.

Hace unas semanas un buen amigo tuvo el acierto de regalarme un libro de Bill Perkins con un título imposible de ignorar: Morir con cero. Siempre me ha parecido que regalar un libro es una forma muy elegante de decir: "He pensado en ti". Hay libros que entretienen, otros que enseñan y unos pocos que obligan a hacerse preguntas. Éste pertenece a la tercera categoría. Desde que lo terminé no dejo de darle vueltas a una de ellas: ¿y si el mayor despilfarro de una vida no fuera gastar demasiado dinero, sino ahorrar demasiada vida para más adelante?

Confieso que esa pregunta me hizo revisar algunas decisiones propias. Descubrí que también yo había aplazado viajes, conversaciones y pequeños caprichos porque nunca parecían llegar en el momento oportuno. Supongo que todos llevamos dentro un pequeño contable empeñado en convencernos de que siempre habrá tiempo. Lo malo es que la vida no suele avisar cuando decide cerrar el ejercicio.

Vivimos rodeados de "por si acasos". Ahorramos "por si acaso". Posponemos un viaje "por si acaso". Retrasamos un capricho "por si acaso". Lo curioso es que casi nunca nos preguntamos qué ocurre cuando los "por si acaso" acaban robándonos precisamente aquello que pretendían proteger.

Poco después recordé otra frase magnífica, esta vez del premio Nobel de Economía Franco Modigliani: "La herencia es un error de cálculo". Siempre me había parecido ingeniosa. Ahora, además, empezaba a parecerme inquietante.

No hablo de cuánto dinero deberíamos dejar a nuestros hijos. Es una decisión íntima que cada familia resolverá como mejor crea o como mejor pueda. Hablo de cuánto tiempo dejamos de regalarles mientras seguimos convencidos de que ya habrá ocasión. Porque, a diferencia del dinero, el tiempo que no compartimos nunca aparece de nuevo en ninguna cuenta.

El dinero tiene una virtud extraordinaria: compra tranquilidad y resuelve muchos problemas. Bendito sea cuando cumple esa misión. Lo curioso es que, a partir de cierto momento, empieza a prometernos cosas que jamás podrá entregar.

No compra una conversación pendiente con un hijo. Ni un paseo más con quien ya no volverá. Ni aquel viaje que llevamos quince años posponiendo porque el año que viene será económicamente más prudente. El dinero siempre sabe esperar. La vida, bastante menos.

Casi nadie lamenta, al final, no haber comprado una casa un poco más grande. En cambio, muchos darían lo que fuera por recuperar una conversación, un abrazo o un verano que dejaron escapar creyendo que ya habría tiempo.

Conozco personas que administran su patrimonio con una inteligencia admirable y su tiempo con una despreocupación desconcertante. Son capaces de detectar una mala inversión a kilómetros de distancia, pero no descubren que llevan demasiado tiempo dejando para mañana aquello que daba sentido al esfuerzo de ganar dinero.

Quizá por eso seguiré gastando la misma broma.

- "Vamos a tener que hacerte un ataúd con bolsillos".

Y volveremos a reírnos.

Aunque, en el fondo, los dos sepamos que el verdadero fracaso no consiste en morir con demasiado dinero, sino en llegar al final con demasiadas experiencias pendientes de estrenar.

Pedro Berbel Hernández

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App