05/07/2026
El verano de la prevención
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El verano ha comenzado oficialmente y, con él, regresa una de las mayores amenazas para Castilla y León: el fuego. Cada año, cuando suben las temperaturas y se secan los montes, la Comunidad vuelve a mirar con preocupación hacia sus extensas masas forestales, conscientes de que cualquier descuido, cualquier negligencia o cualquier circunstancia extrema puede desencadenar una tragedia ambiental, económica y social de enormes dimensiones.
La memoria reciente sigue muy presente. Los dos últimos veranos dejaron episodios especialmente duros, con incendios devastadores que arrasaron miles de hectáreas, pusieron en riesgo núcleos de población y evidenciaron la vulnerabilidad de un territorio tan amplio como disperso. Aquellas imágenes de la Sierra de la Culebra, de Losacio o de otros puntos de la Comunidad no solo dejaron cicatrices en el paisaje; también marcaron la conciencia colectiva y la agenda política.
De aquellas lecciones nace hoy una estrategia distinta: la de la prevención como eje central de la política forestal. La Junta de Castilla y León ha asumido que la mejor forma de combatir los incendios es anticiparse a ellos. Y esa anticipación pasa por reforzar medios, mejorar la coordinación, aumentar la vigilancia y, sobre todo, actuar durante todo el año en la gestión del monte.
Ese es precisamente uno de los mensajes que está trasladando con claridad la nueva consejera de Medio Ambiente, María González Corral, que ha situado la lucha contra los incendios como una prioridad inmediata de su departamento. Lo hace además con el respaldo explícito del presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, que conoce bien la dimensión política, territorial y humana que adquiere cada verano esta amenaza.
No se trata únicamente de desplegar más efectivos cuando llega julio o agosto. La clave está en mantener un trabajo constante durante los doce meses: limpieza de cortafuegos, desbroces, aprovechamiento forestal, modernización tecnológica y campañas de concienciación ciudadana. Porque la prevención no solo depende de las administraciones; también exige responsabilidad colectiva.
Castilla y León afronta este verano con más experiencia, con más medios y con una mayor conciencia del riesgo. Pero la realidad climática es cada vez más exigente. Las olas de calor son más intensas, la sequía se prolonga y las condiciones extremas convierten cualquier chispa en potencial desastre.
Por eso, la prudencia no puede relajarse. La prevención debe seguir siendo la gran bandera. Porque proteger nuestros montes es proteger nuestro patrimonio, nuestra economía rural y, en muchos casos, la propia vida de quienes habitan y trabajan en el medio natural. El verano acaba de empezar. Y la mejor noticia sería que, cuando termine, el balance sea el de un territorio que supo anticiparse al fuego.
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