La verdad según la IA

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La verdad según la IA
El autor esPedro Berbel Hernández
Pedro Berbel Hernández
Lectura estimada: 4 min.

En mi columna de hace unas semanas titulada "MIS ILUSIONES" (https://www.tribunavalladolid.com/noticias/442850/mis-ilusiones), partía de unos versos manuscritos de mi abuelo que forman parte de un poema suyo del mismo nombre. Y digo manuscritos porque en mi familia conservamos como una joya el texto original escrito, ni más ni menos, en abril de 1927.

Aquellos versos decían:

"Ahora, triste, comprendo que son mis ilusiones

quimeras que se alejan al acercarme yo,

sin embargo en el tronco de mi angustiado pecho

brota con cada día una nueva ilusión"

 

Pasados unos días recibí un mensaje de una persona que se había molestado en introducir estos versos en una inteligencia artificial. Y la respuesta textual de la IA, según me trasladó, fue la siguiente: "El poema, que describe la persistencia de la esperanza a pesar de la decepción, es atribuido por la prensa local como una creación de Orión de Panthoseas…".

Y el mensaje terminaba con una frase que agradezco: "Por si te sirve de inspiración para una de tus reflexiones". Este artículo demuestra que, efectivamente, me sirvió para tal fin.

Admiro a mi abuelo materno, Don Pedro Hernández Andueza, madrileño de origen humilde nacido en 1898 y que, con gran esfuerzo, se licenció como médico en el año 1920, ingresando por oposición en el Cuerpo Médico de Sanidad Nacional. Tras una vida profesional dedicada a la medicina en distintas ciudades, falleció en La Coruña, mi segunda ciudad, el 26 de junio de 1975, a los 77 años de edad. Hombre polifacético y gran aficionado al ajedrez, la lectura, la escritura y la fotografía, lo que le permitió dar rienda suelta a su sensibilidad y talento artístico, siempre en el ámbito privado y con el único anhelo __ENDASH__ no menor __ENDASH__ de cultivar su alma y la de aquellos que tuvimos la suerte de conocerle y de aprender de él. A través de su hijo Pedro ("Chichín"), tío y padrino de quien escribe, ya fallecido, pude recopilar textos manuscritos de mi abuelo para después recogerlos con orgullo en un libro cuyos ejemplares impresos están en manos de familiares y amigos, y que permitirá __ENDASH__ o al menos eso espero __ENDASH__ seguir manteniendo viva la memoria de mi abuelo, porque ciertamente lo merece. Recientemente, parte de su ingente archivo fotográfico fue expuesto con gran éxito en un Centro Cívico de Valladolid gracias al talento y tesón de mi hermana Clara, recibiendo unánime reconocimiento incluso por parte de profesionales de gran prestigio.

Disculpen lo extenso y personal del párrafo anterior, pero no encuentro otra manera de hacerles comprender el disgusto que me produjo el mensaje recibido, ya que por un momento dudé de la autoría del poema, siendo víctima de la facilidad con la que damos por buenas determinadas respuestas cuando vienen redactadas con apariencia de autoridad.

Así que decidí comprobar los datos. Y ahí empezó lo verdaderamente interesante. Resulta que el supuesto "Orión de Panthoseas" es el pseudónimo literario de Antonio Justel, escritor 2 zamorano nacido en 1943. Es decir, la inteligencia artificial había terminado atribuyendo unos versos escritos en 1927 a una persona nacida dieciséis años después.

No está mal. Y además lo hacía con una seguridad verdaderamente admirable. Sin dudas. Sin matices. Sin un humilde "podría ser". Y sospecho que esa seguridad todavía impresiona más cuando la respuesta procede de una versión de pago. Como si pagar una suscripción aumentara automáticamente la garantía de verdad.

Aquello me hizo pensar mucho más en la inteligencia artificial que en la poesía. Porque quizá uno de los grandes riesgos de nuestro tiempo no sea que las máquinas se equivoquen. Los humanos llevamos siglos haciéndolo. El verdadero problema aparece cuando confundimos seguridad con verdad.

Y la IA tiene una capacidad fascinante para sonar convincente incluso cuando está completamente equivocada. Redacta bien. Ordena bien. Argumenta bien.

Y sobre todo, aparenta saber perfectamente de lo que habla. El problema es que muchas veces no lo sabe. Simplemente construye una respuesta probable. Una especie de puzle estadístico muy sofisticado que, cuando no encuentra la información correcta, rellena huecos con una naturalidad asombrosa.

Pero lo preocupante no es la herramienta. La utilizo constantemente y me parece extraordinaria. Lo preocupante somos nosotros cuando dejamos de contrastar, verificar o pensar críticamente porque la respuesta que buscábamos venía muy bien redactada.

Porque entonces dejamos de buscar la verdad para empezar simplemente a consumir versiones plausibles de la realidad. En la época del relato y de la posverdad, no corramos ahora el riesgo de incorporar también las "verdades" paralelas fabricadas por la inteligencia artificial.

Quizá por todo esto, esta pequeña historia familiar me ha terminado pareciendo bastante simbólica y digna de ser compartida con ustedes.

Un manuscrito real de 1927. Un autor imposible nacido en 1943. Y una inteligencia artificial mezclándolo todo con absoluta tranquilidad.

A veces pienso que la tecnología más peligrosa no es la que miente. Es la que logra que dejemos de comprobar si algo es verdad.

Pedro Berbel Hernández

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