Valladolid arropa con devoción un Vía Crucis Procesional marcado por el recuerdo a los cofrades difuntos

La cita de Miércoles Santo, con más de un siglo de historia, reunió a cientos de fieles por el casco histórico de la ciudad

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Valladolid arropa con devoción un Vía Crucis Procesional marcado por el recuerdo a los cofrades difuntos
La IV estación del Vía Crucis Procesional en una abarrotada calle Platería. Agencia Ical.
El autor esAlejandro De Grado Viña
Alejandro De Grado Viña
Lectura estimada: 2 min.

Las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno y el Santísimo Cristo de la Agonía protagonizaron este Miércoles Santo uno de los actos más sobrecogedores de la Semana Santa de Valladolid: el tradicional Vía Crucis Procesional, que volvió a llenar de recogimiento las calles del casco histórico.

A las 20.30 horas se abrieron las puertas de la Iglesia Penitencial de Jesús para dar inicio al Vía Crucis, que contó, de nuevo, con la presencia de la Agrupación Musical de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno de León. Las dos imágenes, obras de la Escuela Castellana del siglo XVII y de Juan Antonio de la Peña en 1684, respectivamente, avanzaron entre el fervor del público hasta la Plaza Mayor.

A partir de ahí, uno de los momentos más significativos de la noche se vivió en la Iglesia Penitencial de la Santa Vera Cruz, donde tuvo lugar el encuentro con Nuestra Señora de la Vera Cruz. Este acto dio paso al rezo de la IV estación en una abarrotada calle Platería. El Vía Crucis, por otro lado, estuvo marcado también por el solemne canto del Himno al Nazareno tras la bendición arzobispal, una tradición que refuerza el carácter litúrgico de este cortejo, que se celebra en la ciudad desde 1920. De hecho, tal y como informa Valladolid Cofrade, de las cien ocasiones en que ha sido programado, se ha llevado a cabo en 89, tras ocho suspensiones y tres ediciones con incidencias.

En esta edición, Nuestro Padre Jesús Nazareno lució una rosa roja y presentó ocho guardabridas en plata y la primera fase del bordado de sus faldones en hilo de oro sobre terciopelo morado. Además, uno de sus faroles portaba un crespón negro en recuerdo de los hermanos difuntos, con una mención especial a José Miguel Miranda Triana, quien fuera alcalde presidente de la cofradía entre 1982 y 1988. Por su parte, el Santísimo Cristo de la Agonía también portó una rosa roja, en un gesto simbólico que reforzó la unidad estética y devocional del itinerario. Por úiltimo, ambas imágenes recorrieron algunos de los enclaves más emblemáticos del centro de la ciudad, desde la Plaza Mayor hasta Fuente Dorada, pasando por calles como Lencería, Platería o Angustias, antes de regresar al templo de origen.

Una vez más, la capital del Pisuerga volvió a demostrar su arraigada tradición cofrade en una noche donde la historia, el arte y la fe se fundieron en uno de los actos más representativos de su Semana Santa.

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