San Pedro vuelve a emocionar Valladolid en una noche de arrepentimiento

La talla de Pedro de Ávila recorrió el centro con tres actos de reflexión que conducen al perdón

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San Pedro vuelve a emocionar Valladolid en una noche de arrepentimiento
Fotos: Sergio Borja
El autor esEva Martínez Miguel
Eva Martínez Miguel
Lectura estimada: 2 min.
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La noche del Miércoles Santo avanzó en Valladolid con un tono cada vez más contenido hasta que, a las 22.30 horas, la Procesión del Arrepentimiento tomó las calles desde la iglesia de Porta Coeli. Lo hizo con una única imagen, pero con un mensaje claro, el del arrepentimiento que conduce al perdón.

La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado volvió a situar en el centro de la escena a Las Lágrimas de San Pedro, obra de Pedro de Ávila hacia 1720. La talla, que representa el momento de arrepentimiento del apóstol tras negar a Cristo, avanzó por el centro de la ciudad en un cortejo sobrio, acompañado únicamente por el sonido de los tambores.

El recorrido se fue construyendo en torno a tres momentos clave que marcaron el sentido de la procesión. El primero tuvo lugar en la iglesia de San Quirce y Santa Julita, donde se celebró el acto de arrepentimiento junto a la Cofradía de la Sagrada Pasión. Más adelante, en el Monasterio de Santa Isabel de Hungría, el cortejo se detuvo de nuevo para un segundo acto de reflexión, esta vez junto a la Orden Franciscana Seglar.

El itinerario alcanzó su punto final en la Real Iglesia Parroquial de San Miguel y San Julián, donde el encuentro con la Cofradía del Descendimiento puso cierre a los actos previstos. Allí, la imagen de San Pedro, en su gesto contenido y cargado de simbolismo, volvió a centrar todas las miradas en uno de los pasajes más humanos del relato evangélico.

Entre esos tres momentos, la procesión avanzó por enclaves habituales del centro como Platería, la Plaza de los Arces o San Miguel, manteniendo en todo momento un tono de recogimiento que contrastó con la amplitud del recorrido. No hubo grandes estridencias ni escenas multitudinarias, sino una cadencia constante marcada por el paso de la imagen y el ritmo de los tambores.

Tras completar el itinerario, la cofradía regresó a Porta Coeli, cerrando una procesión que volvió a encontrar en la sencillez y en el simbolismo su principal fuerza. 

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