La Ilustración, brújula en tiempos convulsos

Nuevo artículo de Juan González-Posada, como cada martes, en TRIBUNA con su sección 'Mientras el aire es nuestro'

imagen
La Ilustración, brújula en tiempos convulsos
El autor esJuan González-Posada
Juan González-Posada
Lectura estimada: 4 min.

La Ilustración fue el movimiento intelectual que transformó Europa entre los siglos XVII y XVIII: la apuesta por la razón frente al dogma, por la autonomía del individuo frente a la autoridad religiosa y política, por la crítica del poder como condición de la justicia. Sobre esas ideas se construyeron los derechos humanos y la democracia moderna. Lo que resulta significativo -y exigente- es que esos principios no hayan envejecido. No porque el mundo no haya cambiado, sino porque el problema que intentaban resolver tampoco ha cambiado: el poder que no se justifica, la autoridad que no rinde cuentas y la obediencia que sustituye al juicio siguen operando. Han cambiado de forma. No de lógica.

En mayo de 2025, la filósofa albanesa-británica Lea Ypi -profesora de Teoría Política en la London School of Economics- lo formuló con precisión en la Judenplatz de Viena: "La Ilustración urgía a rechazar los valores que no resisten el escrutinio racional, a adoptar una postura crítica frente a la hipocresía del poder y a resistir cualquier pretensión de autoridad". Y añadió la frase que mejor describe nuestro presente: "La obediencia requiere ignorancia; la ignorancia facilita la obediencia. Nos estamos acostumbrando cada vez más a no pensar, sino a seguir tendencias". Para Ypi, la democracia no se sostiene en leyes e instituciones solamente: se sostiene en ciudadanos capaces de usar su propia razón y evaluar críticamente a quienes ejercen el poder. Esa capacidad es hoy más necesaria y más difícil que nunca.

Lo que estos principios, surgidos en sociedades donde la autoridad religiosa y política era incuestionable, siguen teniendo para decir en un mundo globalizado y digitalizado no es una curiosidad histórica. Es una advertencia. La razón crítica y la deliberación, que entonces eran actos de audacia intelectual frente a tronos e iglesias, se han convertido hoy en herramientas imprescindibles para afrontar amenazas distintas pero con la misma estructura: la desinformación masiva que sustituye los hechos por emociones, el populismo autoritario que desprecia la deliberación y fomenta la polarización, las desigualdades estructurales que impiden a millones ejercer sus derechos de manera efectiva, y las crisis migratorias que exigen políticas basadas en dignidad y deliberación pública. La Ilustración no ofrece soluciones automáticas a ninguno de estos problemas. Pero ofrece algo más valioso: criterios para evaluarlos, nombrarlos y construir respuestas que sean éticamente responsables.

La pregunta central que ese movimiento planteó -¿quién tiene derecho a ejercer autoridad y sobre qué bases?- es exactamente la que las democracias occidentales llevan décadas evitando responder con honestidad. La autoridad que determina hoy sus decisiones más relevantes no emana siempre de los ciudadanos ni de sus representantes elegidos: emana con frecuencia de actores privados cuya legitimidad no ha sido votada, cuya agenda no ha sido debatida públicamente y cuyos intereses no coinciden necesariamente con los del conjunto de la sociedad. La Ilustración tenía un nombre para esto: despotismo. Las democracias contemporáneas lo llaman lobbying, influencia o gobernanza de múltiples partes interesadas. El cambio de nombre no cambia el mecanismo.

Tres diagnósticos permiten nombrar con precisión qué está fallando. El primero: la democracia requiere espacios donde las razones compitan sin que el dinero o el poder decidan de antemano quién gana. Ese espacio existe hoy formalmente -hay parlamentos, medios, redes-, pero los algoritmos no distribuyen argumentos sino emociones, y los lobbies no participan en el debate sino que compran el terreno donde ocurre. El espacio deliberativo no ha sido suprimido: ha sido ocupado, que es más eficaz y más difícil de combatir. El segundo: la crisis de confianza en las instituciones no se resuelve con más transparencia comunicativa sino con rendición de cuentas real. Las instituciones no fallan porque no se expliquen bien, sino porque no responden ante quienes dicen representar. Cuando quienes toman decisiones que afectan a millones responden ante quienes las financian y no ante quienes las padecen, la legitimidad democrática es una ficción con buena prensa. El tercero: la autonomía del ciudadano crítico que la Ilustración imaginaba no es un derecho formal sino un conjunto de capacidades efectivas. Quien trabaja dos empleos para pagar el alquiler, quien dedica su energía disponible a sobrevivir económicamente, quien llega a casa demasiado agotado para deliberar: tiene derecho formal a votar y participar, pero no tiene las condiciones reales para ejercerlo. La democracia, en esos casos, no ha sido suprimida. Ha sido delegada por defecto en quienes sí tienen ese tiempo e intereses.

El legado ilustrado no es monolítico ni estático. Puede y debe ser reinterpretado, incorporando la diversidad cultural, las experiencias históricas distintas y las voces que la Ilustración original excluyó: las mujeres, los pueblos colonizados, las clases trabajadoras. Reconocer esa deuda no debilita el proyecto: lo hace más honesto y más sólido. Un marco intelectual que no puede ser criticado ya no es Ilustración. Es dogma. Y el dogma, como la propia historia europea demuestra, es siempre el primer paso hacia la obediencia sin juicio.

Reivindicar la Ilustración hoy no es un acto académico ni nostálgico. Es un imperativo político concreto. La democracia y los derechos humanos no son condiciones automáticas: son construcciones que requieren ciudadanía crítica, rendición de cuentas real y las condiciones materiales para que el juicio autónomo sea posible. Kant lo resumió en dos palabras: Sapere aude. Atrévete a pensar. En 2026, atreverse a pensar sigue siendo un acto político. Precisamente porque hay estructuras de poder que dependen de que no lo hagamos.

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App