Árboles en los parques y sitios públicos que no hagan daño

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Árboles en los parques y sitios públicos que no hagan daño
Alcornoque.
El autor esJesús  López Garañeda
Jesús López Garañeda
Lectura estimada: 2 min.
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A medida que avanza el tiempo, las personas debemos darnos cuenta que formamos parte de un entorno en el que también conviven animales, plantas y piedras. Y que conjugar armónicamente la convivencia es algo en ocasiones difícil pues no en balde lo que a unos les parece bien y lo aceptan, a otros no tanto y lo rechazan.

Sembrar por sembrar, a lo tonto, sin control ni previsión alguna no debería ser norma de la ocasión, como tampoco cortar y talar salvo que la peligrosidad lo disponga, pues primero es la seguridad de las personas.

Hoy día sabemos que hay especies arbóreas que precisan poco riego y que son de rápido crecimiento, además de no producir reacciones alérgicas, ni peligro de incendio en los brotes de pelusas por primavera tal y como sucede con los chopos canadienses que proliferan por el pueblo.

Creo muy acertada la decisión del Ayuntamiento con la ayuda de la Escuela taller de jardinería para premiar un diseño y ejecución de un espacio verde nuevo de bajo impacto alergénico, además de ser compatible con el uso racional del agua para riego con especies autóctonas que requieren bajo consumo de agua.

Los árboles de jardines y espacios públicos deberían ser bajos y copudos, que den sombra pero que no suban sus guías excesivamente altas para crear problemas como sucede por ejemplo con los chopos de ribera plantados en los jardines del palacio que se elevan y cuyas ramas en caso de viento fuerte pueden acarrear algún problema a las personas por desprendimientos.

A quien fuera alcalde de Tordesillas, Elías Pérez, le dio por plantar árboles de huerta y ribera en jardines públicos y veredas, como olmos comunes o negrillos tratados para la grafiosis y chopos, sin meditar las consecuencias de su decisión, ahora en ciertos momentos peligrosa, pensando tal vez que el negrillo era mimado y hasta venerado por los vecinos, pues era el símbolo de su independencia y pronto demostró el porqué de su elección: crecía rápido y vigoroso y con un desmoche a varios metros del suelo y podas selectivas, brindaba copas realmente espectaculares que daban buena sombra en donde se juntaban los vecinos en tertulias y reuniones.

Por mi parte os coloco el árbol varias veces centenario de Tordesillas, junto al pino silvestre y encina carrascal, en el Toril del Moro, un alcornoque hermosísimo, querido, amado y respetado para animar a todos a pensar con racionalidad lo mejor para todos los seres que convivimos en la Naturaleza, el medio y en nuestro pueblo, hoy día asediado y rodeado por placas de metal que lo ahogan realmente.

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