07/03/2026
La huérfana sola en el mar
Lectura estimada: 8 min.
En 1961, una niña norteamericana protagonizó una de las historias más aterradoras jamás contadas, de esas que, si constituyen la trama de una serie en una plataforma de televisión, siempre se consideran demasiado crueles para ser reales. El impacto de los inauditos hechos sobre la sociedad fue tan fuerte, que la pequeña se convirtió en ese momento en portada de los medios de comunicación de todo el planeta, muy a su pesar.
Terry Jo Duperrault había disfrutado de una existencia placentera durante su corta vida, en la que no le había faltado de nada. Era la hija de un matrimonio acomodado de Green Bay, Wisconsin, compuesto por el óptico Arthur Duperrault, de 41 años, y su esposa Jean, de 38. La pareja tenía tres hijos: un chico, Brian, de 14 años, y dos chicas, Terry Jo, de 11 y René, de 7.
El padre siempre había acariciado la ilusión de ahorrar lo bastante para tomarse un año sabático en el que fletar un barco y recorrer el mundo con su familia. Con la intención de hacer una prueba de su capacidad de afrontar el reto, los Duperrault organizaron una semana de vacaciones marítimas y se desplazaron hasta Fort Lauderdale, Florida. Allí, alquilaron el velero Bluebelle, de dos mástiles y 18 metros de eslora, con motor Chrysler de 115 caballos de vapor, por un montante de 515 dólares, y contrataron para capitanearlo a Julian Arthur Harvey, por 100 dólares al día. Harvey era un veterano de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea, un teniente coronel del ejército del aire con una brillante hoja de servicios que le había valido diversas condecoraciones. Era un hombre musculoso y bien parecido, que había trabajado para la agencia de modelos John Roberts Powers, y actualmente se ganaba la vida en los puertos de Florida como patrón de embarcaciones de recreo.
Zarparon en la mañana del miércoles, 8 de noviembre de 1961, internándose por la Corriente del Golfo con destino a las Bahamas. La mujer de Julian Harvey, Mary Dene Jordan, les acompañaba en el crucero en calidad de cocinera. Solamente llevaban cuatro meses casados. Ella era una exazafata de vuelo de la aerolínea TWA con aspiraciones literarias, diez años más joven que su marido. Poco sospechaban quienes embarcaron en ese viaje de placer el truculento pasado que ese sujeto aparentemente intachable acumulaba a sus espaldas. Si hubieran sabido que Mary Dene era ya el sexto enlace para el capitán de 44 años, habrían tenido una pista sobre su difícil carácter. También ignoraban que, dos meses antes, Harvey, fuertemente endeudado y acosado por sus acreedores, había asegurado la vida de su recién estrenada cónyuge con una póliza que contemplaba una indemnización de 20.000 dólares, que se duplicaría en caso de muerte por accidente. Pero el Sr. Duperrault también había tomado parte en la Segunda Guerra Mundial y solo vio en el capitán a un marino experto y un compañero excombatiente. A priori, un excelente fichaje para guiar la aventura de sus sueños.
Los siguientes cuatro días navegaron en dirección este, hacia la cadena de islas de Bimini, y posteriormente a Sandy Point, un pueblo en el extremo sudoccidental de la isla de Gran Ábaco. Sus actividades incluyeron zambullidas y recolección de conchas en las playas vírgenes. Los lugareños los recordaban amables y cercanos. A primera hora del domingo, tripulación y pasajeros hicieron una parada en la oficina del comisario de Sandy Point, Roderick W. Pinder, con el fin de realizar los trámites para dejar las Bahamas y retornar a aguas estadounidenses. Arthur Duperrault diría a Pinder que habían sido unas vacaciones únicas, y que su propósito era regresar muy pronto, antes de Navidad. Pero su destino estaba llamado a truncarse en pocas horas.
La fatídica noche del 12 de noviembre, la jornada en que iniciaron la singladura de vuelta al punto de partida, Fort Lauderdale, todos se reunieron para cenar pollo estilo cacciatore con ensalada. Sería la última comida servida a bordo del Bluebelle.

Sobre las 9, Terry Jo sintió cansancio y se retiró al reducido camarote que compartía con su hermana, escaleras abajo, en la parte trasera del yate. El resto de la familia se mantuvo en cubierta.
Terry ya había conciliado el sueño cuando se despertó sobresaltada al oír los gritos de su hermano pidiendo ayuda y llamando a su padre, ruidos de golpes y carreras y fuertes pasos sobre su cabeza. Tras unos pocos minutos en que solo escuchó silencio, la niña subió los peldaños hasta el dormitorio que se usaba de cocina y comedor durante el día. Allí se topó con la horrible visión de su madre y su hermano muertos, tendidos en el suelo sobre un charco de sangre, y alcanzó también a ver un cuchillo ensangrentado. En ese instante, se presentó Harvey vociferando que descendiese de nuevo a su cabina, mientras la empujaba por la escotilla. En breve, él bajó también, con algo en las manos que a ella le pareció un rifle. Tras mirarse ambos silenciosamente por unos segundos, él se dio la vuelta y se marchó por donde había venido.
Terry Jo escuchó el sonido rítmico de un martilleo. Pronto, la angosta estancia comenzó a inundarse de agua y la pequeña ascendió a la superficie al entender que Harvey estaba saboteando el velero. Al encontrarse con él, con la inocencia de la infancia le cuestionó directamente si se estaban hundiendo, y recibió del individuo una respuesta afirmativa. Harvey estaba desatando el bote salvavidas para escapar de la catástrofe, y ordenó a Terry Jo que sujetase el extremo de la soga mientras él hacía otra cosa, pero a la chica, aturdida por todo lo ocurrido, se le escurrió la cuerda. Eso obligó a Harvey a abandonar el buque de inmediato para abordar el bote antes de que este se alejara a la deriva.
La muchacha permaneció allí sola, con la embarcación anegada a punto de sumergirse en el mar, así que su única opción de sobrevivir fue desamarrar un flotador de corcho de 150 x 60 cm del costado de la nave y subirse rápidamente a él, justo en el momento en que el barco desaparecía bajo las aguas.
La balsa medía apenas lo suficiente para que ella pudiera sentarse erguida. No tenía comida ni agua. El abrasador sol tropical le quemaba la piel y los tiburones nadaban en círculos. Bajeles o aeronaves que pasaban no eran capaces de distinguir su diminuta silueta en esa precaria lancha, que con el transcurso de las horas se iba desintegrando. Recordaría después marsopas, peces royendo sus pies y alucinaciones de las luces de la pista de un aeropuerto, con sus padres esperándola al final, en lo que se asemeja a las descripciones habituales de las experiencias cercanas a la muerte.
Al día siguiente de la tragedia, 13 de noviembre, una patrulla de la Guardia Costera de Estados Unidos halló al mediodía el bote en el que iba Harvey con el cuerpo sin vida de René, la hermana menor, de siete años. El hombre declaró a los agentes que la noche anterior una violenta tormenta tropical se había desatado de improviso, arrancado con su vendaval los mástiles del Bluebelle, que en su caída, además de atrapar a varios pasajeros, habían dañado la cubierta y fragmentado el depósito de combustible provocando un incendio, por lo que ordenó a todos evacuar a toda velocidad antes de irse a pique. Afirmó que, en la confusión de la tempestad, solo había logrado avistar a Renee flotando e intentado reanimarla sin éxito, y que el resto del pasaje se había perdido en el océano. La autopsia posteriormente confirmaría que, efectivamente, el fallecimiento de la pequeña había sido por ahogamiento.
Tras 82 horas a la deriva, el 16 de noviembre, el carguero griego Captain Theo rescató a Terry Jo al borde de la muerte, en el canal Providence. En un primer momento creyeron que veían una gorra sobre el agua. Examinando el objeto más de cerca con prismáticos, descubrieron que se trataba de una minúscula e inverosímil balsa que transportaba a una joven rubia. El segundo oficial, Nicolaos Spachidakis, dispuso arriar un bote salvavidas y el tripulante Evangelos Kantzilas subió a la niña a bordo. Ella logró susurrar su nombre antes de perder el conocimiento. Fue llevada en helicóptero a un hospital de Miami, donde permaneció 11 días recuperándose de sus quemaduras y su deshidratación.

Cuando Harvey tuvo noticia del hallazgo de Terry Jo con vida, y de que por tanto había un testigo de lo ocurrido, volvió a la habitación del hotel Sandman, donde se alojaba con una identidad falsa, y se suicidó cortándose las venas con una cuchilla. Dejó un mensaje ambiguo: "Me cansé demasiado y me puse nervioso. No pude soportarlo más". Según su deseo expresado por escrito, Julian Harvey, envuelto en terciopelo rojo, fue sepultado en el mar, a doce millas de Miami.
Poco después, el estado de Terry permitió que fuera interrogada por los agentes, encontrándose que contradecía de plano la versión de Harvey, que resultaba ser un asesino. Aquella aciaga noche el océano estaba en calma, el mástil quedó intacto y no hubo incendio. Los investigadores sostuvieron la hipótesis de que el capitán buscó ahogar a su esposa para cobrar el seguro; al ser descubierto por Duperrault en el acto, lo acuchilló mortalmente y eso le llevó a cometer el crimen de toda la familia.
El salvamento de la frágil personita que había logrado sobrevivir contra todo pronóstico, fue cubierto por los informativos nacionales e internacionales y ocupó la primera plana de la revista LIFE en diciembre de 1961. Fue apodada por la prensa "La huérfana en el mar".
Terry Jo regresó a Green Bay a vivir con la hermana de su padre y sus tres primos. Conservaría la ropa que llevaba al ser hallada. Al año siguiente, buscando privacidad, cambió su nombre de pila a Tere. No relató públicamente su terrible experiencia hasta casi medio siglo después, cuando en 2010 salió de imprenta su autobiografía, Sola: Huérfana en el océano, escrita en colaboración con Richard Logan, un profesor de Minneapolis, experto en psicología de la supervivencia.
En septiembre de 1988, la presentadora Oprah Winfrey reunió a Tere con el capitán del carguero heleno que la libró de un desgraciado final. Muchos años después, en una entrevista en la que desgranó por primera vez su relato, Tere dijo suponer que Harvey no la eliminó porque creyó que ella se hundiría con el velero.
La policía acabó descubriendo otros episodios delictivos de Harvey en el pasado. En 1949 había superado milagrosamente un accidente de coche en el que habían muerto su segunda mujer, Joann, y la madre de ella, al caer el vehículo a un canal. En 1955 su yate Torbatross y en 1958 su lancha a motor Valiant habían naufragado en extrañas circunstancias, siendo él beneficiario de la pingüe compensación de los seguros. Siempre había habido sospechas de fraude, pero Harvey había acabado prevaleciendo, incluso con la intervención de peritos y un tribunal.
En la actualidad, Tere está casada con Ross Fassbender, es madre de tres hijos y también abuela. Llevan una existencia tranquila en Kewaunee, Wisconsin. En una ocasión, tras la publicación del volumen con su versión de la historia, declararía: "Siempre he creído que fui salvada por alguna razón. Si ayudo a una persona a superar un infortunio en su vida, mi travesía habrá tenido un sentido".
Lo más visto
Más de 600 personas participan en la I Marcha Solidaria del Colegio Safa-Grial a favor de AESLEME
Muere una mujer en el derrumbe de una vivienda en Siete Iglesias de Trabancos
Dos varones llevan a rastras a una mujer en Las Moreras: estaba semiinconsciente y en estado de embriaguez
Así es el nuevo hotel cinco estrellas de Valladolid: piscina en la azotea y vistas al corazón de la ciudad
Valladolid se sitúa entre las provincias con mayor tasa de testamentos vitales de Castilla y León
Últimas noticias
Detenido en Valladolid por estafar más de 5.500 euros a nueve personas con falsos anuncios de alquiler
Trasladan al Clínico a un varón de 93 años tras un incendio registrado en su vivienda de Valladolid
Urraca I, la reina que se adelantó a su tiempo hasta en la fecha de su muerte
Comer, beber y charlar
La huérfana sola en el mar
0 Comentarios
* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Inicia sesión o registrate para comentar








