La tarjeta Buscyl y la madre que la parió

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La tarjeta Buscyl y la madre que la parió
Tarjeta Buscyl (Foto: Ical)
El autor esAndrés  Miguel
Andrés Miguel
Lectura estimada: 3 min.

Desde que hay viajes gratis con tarjetas Buscyl no hay quien viaje, lo sé por mi hijo.

El pobre tiene la mala suerte de que estudia en la Universidad de Valladolid, Campus de Palencia, la Yutera.

Años atrás pagaba su billete y jamás tuvo problema para encontrar un asiento, ni para ir a la facultad ni para volver a casa desde ella.

Ayer jueves, estuvo desde las 15.30 horas esperando en la segunda parada del tramo Palencia-Valladolid, ¡la segunda!, y no pudo montar en un bus, para volver a casa, hasta las 18 h. En el de las 16.00 h. y en el de las 17.00 h. (porque La Regional sólo pone en circulación un bus a cada hora para ese trayecto) no pudo subir, venían llenos desde la salida.

Y no es la primera vez que le ocurre, a él y a otro montón de estudiantes vallisoletanos que han elegido estudiar una carrera en el Campus de la Universidad de Valladolid en Palencia.

Supondrás que lo digo porque me toca de cerca, y quizás tengas razón, pero esta situación me parece una vergüenza. Comprendo que el partido del gobierno en la Junta de Castilla y León, como antes otros, opte por este tipo de medidas (que son puramente de cálculo electoral) y las disfracen luego de beneficio social. De hecho, han vuelto a ganar recientemente las elecciones. De algo habrá servido. Sé de sobra cómo funcionan los partidos políticos. Trabajan para perseverar en el gobierno, lo demás son filfas. Y lo hacen todos, porque resulta que no son los mismos los que pusieron el tren gratis que éstos que lo han hecho con el autobús interurbano.

Pero lo pagamos todos. Por eso tengo derecho a protestar.

Antes quien viajaba en bus pagaba su billete, hoy no. Hoy yo, que no lo cojo nunca, lo pago con mis impuestos, y mi hijo, que lo pagaba y a quien no le importaría seguir pagándolo, no puede subirse a uno a una hora decente o sin haber esperado 2 horas y pico. ¡Qué vergüenza! Mientras tanto, ocupan su asiento 200 jubilados palentinos que van a pasar la tarde a Valladolid ó 20 señoras que se van de compras al Corte Inglés o a llevarle el tupper a una hija que estudia aquí durante la semana. Manda cojones. Mientras, el montón de chavales que necesitan echarle horas de estudio a su carrera universitaria tienen que perder la tira de horas, al cabo del mes, amontonados en una parada de autobús en el lateral de la autovía, casi peleando para encaramarse al que pasa con dos míseros asientos libres.

Tengo la certeza de que ésto no sólo ocurre en esta línea. He visto la cola de gente esperando al bus de Empresa Cabrero para viajar de Valladolid a Iscar que no sé cómo, a algún pasajero, no le entran ganas de hacer el trayecto andando. Y no creo que la culpa de todo esto sea de las empresas de transportes. Cuando la Junta decidió poner en marcha esta medida no valoró que habría tal demanda que ninguna empresa de transportes tendría flota suficiente como para atenderla sin retrasos. Y al gobierno regional le importa tres pepinos. Si le importase, habría abierto línea de subvenciones para adquisición de nuevos vehículos, rebajado impuestos o facilitado su financiación.

Como no es así, ninguna empresa de transportes se atreve a incrementar su flota, haciendo una inversión que no sabe si podrá recuperar, porque quizás mañana a la Junta no le queden más posibilidades de endeudarse y tenga que dar por finalizada esta ganga para jubilados y autoestopistas de centro comercial.

Lo he dicho algunas veces ya antes. Cuantos más impuestos pagamos, peor.

Me voy a cargar el bonobús, que estoy sin saldo. Está tardando el concejal en ponerlo gratis.

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