Los cansinos pitidos al himno nacional

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Los cansinos pitidos al himno nacional
Sonora pitada al himno de España en la final de la Copa.
El autor esPedro Santa Brígida
Pedro Santa Brígida
Lectura estimada: 3 min.
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Defiendo la libertad de expresión. Ha sido durante décadas esencial en el desarrollo de mi vida laboral. Lo es y lo seguirá siendo mientras el cuerpo aguante. Me aburre, pero no me ofende que los habituales cafres de siempre piten el himno nacional español, ese que ni siquiera tiene letra porque las gentes de este país no somos capaces de ponernos de acuerdo en ello. De alguna manera, define nuestro carácter, los traumas históricos e ideológicos que padecemos y el pedazo de boina del terruño exagerado que habita en tantas mentes.

El mundo es demasiado grande y complejo como para perder el tiempo con las miserias locales, al menos quien suscribe. Una cosa es sentirte orgulloso de ser de tu pueblo, entendible e incluso necesario a la hora de preservar la cultura y la tradición local, y otra sentirte mejor o superior al pueblo vecino, lo que resulta arcaico, paleto y xenófobo en todos los casos. Que cada cual defienda lo suyo, eso sí con ciertas dosis de respeto y tolerancia.

Cada vez que un equipo de cualquier deporte de las conocidas como comunidades autónomas nacionalistas participa en una final de la correspondiente Copa del Rey se producen sonoras pitadas. No son todos los aficionados, pero sí una notoria masa. Volvió a ocurrir días atrás en Sevilla, en la final de fútbol entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad. Antes y después del encuentro hubo multitud de muestras de convivencia ejemplar entre las dos aficiones, sin embargo minutos antes de comenzar el encuentro, mientras sonaba el himno nacional, ocurrió lo que todos preveíamos. Los más radicales seguidores del equipo guipuzcoano pusieron su propia música al momento.

No es un delito. Lo sentenció en 2009 la Audiencia Nacional, cuando dijo que se trata de una expresión social que no incita al odio nacional ni es un ultraje. Lo del ultraje lo compro, lo anterior no. En el contexto político del momento, cualquier detalle inflama la confrontación ideológica, enerva a los más extremistas y no ayuda en absoluto a mejorar la convivencia. Todo lo contrario, anima al 'hodio'. Deporte y política no deberían mezclarse jamás. Siempre ha ocurrido, pero en el mundo actual la política lo invade todo más que nunca.

Pitar el himno nacional es libertad de expresión, sí. También demuestra una evidente ausencia de educación y una innecesaria falta de respeto hacia el prójimo. Personalmente, estoy en contra de que se  silbe o se abuchee cualquier himno, me parece un espectáculo lamentable, a menudo protagonizado por rebaños de hormonas, carencia de neuronas y estupidez ideológica. Todo ello elabora un combinado de absurda normalidad, que hasta algunos comentaristas deportivos y tertulianos profesionales se afanan en revestir de cierto carácter positivo, dejando en evidencia su talante de educadores sociales.

Me gusta el fútbol, paso un buen rato viéndolo en la tele cuando cuadra y más aún en el estadio de cuando en cuando, por eso empiezo a sentir sobredosis de pitidos cuando los equipos por todos conocidos llegan a la final de la Copa del Rey. Aunque tampoco les presto especial atención, me fastidian el momento, supongo que por eso lo practican los más borregos de la manada, para intentar joder a quienes disfrutamos de los instantes previos al pitido inicial y carecemos de prejuicios con banderas o himnos. Y lo seguirán haciendo, pese a la multa económica que tendrán que pagan sus clubes (hasta 66.000 euros la sanción más elevada hasta la fecha). También habría que exigir a los directivos de dichos equipos algo de autocrítica y de didáctica.

A raíz de la última pitada al himno han sido multitud las opiniones que reclaman a la Federación Española de Fútbol, organizadora del evento, que tome cartas en el asunto y acabe con la presunta normalidad de los silbidos. En otros países, caso de Francia hasta se puede suspender el partido, en China se castiga con pena de cárcel, en Portugal o Italia se pagan multazos y en Estados Unidos lo dejan todo en manos de la libertad de expresión. En España, el periódico Marca ha pedido esta semana que, a partir de ahora, se castigue al club cuyos aficionados practiquen la referida música de viento con un año fuera de la competición. Seguro que funcionaría, ya que reclamar un respetuoso silencio mientras suena el himno que tanto odian, tal y como hacemos algunos desde hace décadas, es clamar en el desierto. Que cansinos, que diría Mota.

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