24/01/2026
La saga de los Rius
Lectura estimada: 8 min.
En 2026 se cumplen 50 años del estreno de la célebre serie de Televisión Española 'La saga de los Rius', una de las mayores producciones realizadas hasta entonces, que se basaba en las exitosas novelas de Ignacio Agustí y supuso el punto de partida de otras míticas adaptaciones literarias para la pequeña pantalla, como 'Cañas y barro', 'Fortunata y Jacinta' o 'Los gozos y las sombras'.
Los trece episodios de 'La saga de los Rius', dirigidos por Pedro Amalio López, se emitieron semanalmente en TVE, del 1 de noviembre de 1976 al 30 de enero de 1977. La ambiciosa producción, en la que se invirtió la astronómica cifra de 60 millones de pesetas de la época, cosechó una calurosa acogida de crítica y público. El elenco de actores era inmejorable: Fernando Guillén en el papel protagonista de Joaquín Rius (interpretación que le valió alzarse con el premio TP de Oro), cuyo hijo, Fernando Guillén Cuervo, dio vida al propio personaje de niño; Maribel Martín como su esposa, Mariona Rebull, y además con otros nombres señeros de la escena española coetánea en el reparto, como José María Caffarel, Emilio Gutiérrez Caba, Victoria Vera, Ramiro Oliveros, Mari Carmen Prendes, Ágata Lys o Teresa Gimpera. El plantel de lujo lo completaba, como compositor de su banda sonora, Augusto Algueró.
'La saga de los Rius' era la transposición en imágenes animadas de las tres primeras novelas que conforman la pentalogía de Ignacio Agustí La ceniza se hizo árbol, una magna obra a cuya elaboración el escritor dedicó 30 años de su vida (1942-1972), y que estaba conformada por los siguientes títulos: Mariona Rebull, El viudo Rius, Desiderio, 19 de julio y Guerra Civil. Al emitirse la serie, Agustí había fallecido ya dos años atrás, aunque su fama se había apagado paulatinamente con anterioridad a ello, en su último tramo de existencia; no obstante, la retransmisión de la serie en un horario de máxima audiencia en aquellos años de apenas dos canales de televisión, le devolvió multiplicadas la actualidad y notoriedad de las que había gozado en sus mejores días.
El ciclo de cinco novelas presenta un fiel retrato del devenir de la burguesía industrial catalana a lo largo de cuatro décadas, a través de cuatro generaciones de la familia Rius. En la trama, tratada desde el realismo y el naturalismo, y siguiendo el modelo reconocido de artífices como Galdós, Balzac o Pereda, se entretejen relaciones personales, costumbres y modos de vida de la época y hechos históricos reales que convulsionaron a la España de finales del siglo XIX y primera mitad del XX. El apellido del linaje de ficción parece entroncarse con el de Jordi Rius Cava, un amigo del novelista, con quien solía conversar semanalmente en un café de Barcelona y quien le refería detalles del modo de vida burgués de la Ciudad Condal del momento. Sin embargo, en la introducción a la primera de las novelas, el autor aseguraría que los personajes son imaginarios.
Ignacio Agustí Peypoch había nacido en 1913 en una familia catalana acomodada. Su padre, Luis Agustí Sala, ocupó un puesto directivo en la Banca Arnús y llegó a presidir el Colegio de Agentes Comerciales de Barcelona. El escritor se licenció en Derecho y ejerció como periodista. Muy joven, publicó en lengua catalana el poemario El veler (1932) y una novela corta, Diagonal (1935). Era un catalanista moderado que militó en la Lliga Regionalista y abogaba por la compatibilidad de sentirse español y catalán, una postura que no siempre le trajo la comprensión de quienes le rodeaban.
En plena Guerra Civil, en Burgos dirigió la etapa primigenia de la icónica revista literaria Destino, junto a José Vergés. En 1940, terminada la contienda, volvería a instalarse en Barcelona fijando allí la redacción, donde de la publicación se desgajaría la editorial Destino, que resultaría clave en la narrativa española contemporánea. El semanario Destino apostó en los años de la Segunda Guerra Mundial por el triunfo de los aliados, lo que le reportó a su director, Ignacio Agustí, la Medalla del Rey por el Servicio a la Causa de la Libertad, concedida por la soberana del Reino Unido, Isabel II.

Tras la Guerra Civil, Agustí comenzaría a escribir en castellano. Su primera novela, Los surcos (1942), pasó desapercibida; en su prólogo, confesaría que fue para él "el ejercicio de respiración del hombre que aprende a nadar". Sin desanimarse, continuó con su afán creador, y en otoño de 1942, estando en Ginebra como corresponsal en Suiza del diario La Vanguardia, se enfrascó en la composición de la novela Mariona Rebull, que dedicaría a su padre y a los padres de sus amigos, a quienes atribuye el mérito de haber "agrandado y defendido" Barcelona y a los que ve como la encarnación de los valores de laboriosidad y honradez. De regreso en su lugar de origen, su compañero de Destino Joan Teixidor animaría a Agustí a ampliar la historia hasta completar una saga en varios volúmenes.
En su segunda estancia helvética, en noviembre de 1943, el autor ya había empezado a dar forma a la segunda novela de la serie, El viudo Rius, que culminó en abril de 1945, confirmando las expectativas de éxito, y encadenando ediciones ininterrumpidamente hasta 1948. En ella, los luctuosos hechos del Liceo evolucionan hasta el advenimiento de la Semana Trágica de 1909, en cuyo caldo de cultivo se produce la conspiración anarquista contra Joaquín Rius, que le cuesta la vida al apoderado de la fábrica y deja secuelas físicas perennes al protagonista.
Mariona Rebull salió de las prensas de la editorial Destino en junio de 1944 con una tirada inicial de 2.500 ejemplares, que se agotó apenas en semanas. Se reeditaría sucesivamente, continuando como superventas, hasta alcanzar los 70.000 ejemplares, algo sin apenas parangón entonces. La obra fue elogiada por Azorín, que llegó a afirmar: "Al fin, tenemos un novelista". Ese mismo año de 1944, a instancias de Agustí, desde Destino se convocaría la primera edición del Premio Nadal, que consagraría a Carmen Laforet y su novela Nada.
La acción de Mariona Rebull transcurre entre las fechas simbólicas de 1888, la de la Exposición Universal de Barcelona que recibió más de dos millones de visitantes, un momento de euforia colectiva en el que todo parecía posible, y su contrapunto de 1893, el año del lanzamiento de la bomba Orsini en el Liceo, con la tragedia humana asociada a las víctimas que produjo, lo que dejó patente el polvorín de las irreconciliables tensiones entre la burguesía y la clase obrera. Ignacio Agustí elige 1888, mientras Gaudí está levantando sus obras maestras en la capital catalana, como el contexto histórico en que se conocen la joven y bella Mariona Rebull, hija de un joyero del casco antiguo barcelonés, y Joaquín Rius, adinerado fabricante textil, hijo de un indiano de orígenes humildes. A pesar de que el padre de ella, perteneciente a la burguesía consolidada, no ve con buenos ojos el enlace con alguien de la burguesía recién llegada, acaba transigiendo tras entrevistarse con él tras la puesta de largo de su hija y los jóvenes se comprometen. El matrimonio se ve bendecido con un hijo, al que Mariona quiere llamar Desiderio, como su padre. Pero Joaquín se consagra en demasía a su trabajo y deja a Mariona sola, lo que acarrea el progresivo distanciamiento de la pareja, que se revela muy dispar en intereses, hasta que ella acaba en brazos de un antiguo condiscípulo de Joaquín, el frívolo Ernesto Villar, que es la atractiva y despreocupada cigarra frente a la severa hormiga de la fábula, que sería el esposo.
El colofón del relato se logra en un capítulo memorable, el decimoquinto, basado en un hecho verídico: la bomba que el anarquista Santiago Salvador lanzó el 7 de noviembre de 1893 en el Teatro Liceo, con funestas consecuencias. Iniciada la representación operística, Mariona se ausenta del palco de su marido alegando una excusa, y poco después, se produce la letal deflagración. Rius descubrirá a su esposa muerta en el palco de Villar, con la cabeza recostada en el hombro de su amante, también inerte. Digno en su amarga derrota, la toma en sus brazos y baja las escaleras portando su cadáver, mientras las perlas del collar de Mariona, en una escena que ha pasado a los anales de la literatura española, caen a cuentagotas, en un terco sonido que acompaña a la escena dantesca que va a cambiar para siempre el mundo tal como hasta entonces lo concebían los personajes. Agustí contaría en sus memorias, treinta años más tarde, que cuando, tras la publicación de la novela, asistió a la inauguración de la siguiente temporada del Liceo, sintió en la sala una expectación latente, como si la gente pudiera revivir la atmósfera del día del atentado.
En 1947 se estrenaría la versión cinematográfica de Mariona Rebull, dirigida por José Luis Sáenz de Heredia, y filmada en Barcelona, con Sara Montiel en uno de los primeros papeles de su carrera. La cinta se convirtió en un acontecimiento social y recaudó la friolera de nueve millones de pesetas. Siguiendo la estela de su fama, TVE recrearía en 1962 las obras Mariona Rebull y El viudo Rius para el espacio televisivo denominado 'La novela del lunes'.

En el plano personal, Agustí contrajo matrimonio con la solleresa Catín Ballester, naciendo cuatro hijos: Jordi, Miguel, Mercedes y Jorge. Uno de ellos, Miguel Agustí, autor de obras de ciencia ficción, fantasía y terror, ocupó el puesto de redactor jefe de la revista de comics Strong, desde cuyas páginas fue el introductor en 1969 de la denominación que aún hoy permanece, "Los pitufos", para bautizar en español a las famosas criaturas belgas de color azul ideadas en 1958 por Peyo con el nombre de 'Les Schtroumpfs'.
Ana María Matute siempre recordaría que, terminada su primera novela Pequeño teatro en un cuaderno y a mano, con solo 17 años acudió a la editorial Destino y logró, tras mucha insistencia, ser recibida por el director, Ignacio Agustí, quien fue muy amable con ella y le informó de la necesidad de entregar la obra mecanografiada. Pasado este trámite formal, Agustí comunicó personalmente a Matute la voluntad de Destino de publicar la novela. Compraron los derechos por 3.000 pesetas, aunque la obra no se publicó hasta años después, tras ganar el Premio Planeta en 1954.
A finales de la década de los 50, Agustí, tras abandonar Destino, se convirtió en dueño de la librería y editorial Argos de Barcelona, un proyecto en el que no tuvo un largo recorrido. Desde 1962 hasta 1971 ocupó la presidencia del Ateneo Barcelonés y fue condecorado con las Grandes Cruces del Mérito Civil en 1964 y de la Orden de Alfonso X el Sabio en 1974.
Las tres últimas novelas de la pentalogía, que no gozaron de la gloria de las dos primeras, fueron Desiderio (1957), 19 de julio (1965), que obtuvo el Premio de la Crítica en 1966, y Guerra civil (1972). La obra se había planteado en un principio como tetralogía, integrada como último título por Joaquín Rius y su nieto, pero la magnitud de lo narrado aconsejó al autor desdoblarlo en dos tomos separados.
Póstumamente, el año de su fallecimiento, 1974, se publicarían las memorias de Ignacio Agustí, Ganas de Hablar. Y tras el destello de celebridad renovada por la emisión de la serie 'La saga de los Rius' entre 1976 y 1977, la figura de su autor quedó oscurecida de nuevo hasta hoy por el velo del tiempo. Queda su legado escrito para atestiguar su talento, como embajada perpetua de él en el mundo.

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