Crónica de un año entre páginas: Valladolid 2025

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Crónica de un año entre páginas: Valladolid 2025
El autor esJavier Calles-Hourclé
Javier Calles-Hourclé
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Las ciudades, como los libros, se comprenden mejor cuando uno se detiene en los márgenes, en solares limpios desde los que es posible ordenar ideas y sensaciones antes de volver a zambullirse en la frondosidad del relato urbano y las horas cortas. Si colocamos al margen también la pobreza de la política, sus discusiones benzodiacepínicas, los personajes mitológicos como S. M. Soterramiento —el Deseado— y otros temas, el capítulo 2025 de Valladolid no estuvo mal. Cine, teatro, música, gastronomía, celebraciones, museos, libros, vino y arte llenaron las páginas de la vieja y siempre viva capital castellana.

Si hay una expresión cultural que pertenece a Valladolid, esa es la literatura, y en este capítulo no fue escasa. En la ciudad de Larra, Zorrilla, Guillén, Chacel, Delibes, Umbral y otros, donde se alumbró al Quijote, la literatura es el alma de bares, plazas, librerías e incluso de castillos. Sirva esta crónica como memoria de un año de intensa actividad literaria y como reconocimiento a una ciudad que es refugio para quienes aún disfrutamos de la palabra escrita.

La 58.ª Feria del Libro hizo de epicentro de este terremoto silencioso. De mayo a junio, el corazón de la ciudad se llenó de casetas y de ese aroma inconfundible a papel nuevo y tinta recién estampada, bajo la sombra de Ansúrez. Juan Luis Arsuaga nos regaló Palabras viejas para tiempos nuevos en su pregón. Vimos largas colas de lectores en busca de una rúbrica, como quien busca un amuleto, y la presencia de escritores del calibre de Luis Alberto de Cuenca, César Pérez Gellida, Sergio del Molino, Care Santos, Espido Freire, Santiago Roncagliolo, Mara Torres, Gustavo Martín Garzo, Juan Manuel de Prada, María Velasco, Fernando del Val, Redry y muchos más. El homenaje a Joaquín Díaz puso la nota de la tierra y la prueba de que, antes de la pluma, estuvo la voz. Perú fue el país invitado que nos recordó que la literatura es una patria sin fronteras, y un aire de nostalgia trajo el recuerdo de Mario Vargas Llosa.

No es ningún secreto que soy hincha de Blacklladolid, el certamen literario ideado por Dolores Redondo y César Pérez Gellida, que por quinto año consecutivo regresó al escaparate cultural nacional. Esta vez, con una propuesta difícil de rechazar: literatura y gastronomía, que dispuso un sobresaliente menú literario a cargo de los escritores Carlos Zanón, Leonardo Padura, Carmen Mola, Luz Gabás, Mikel Santiago, Manuel Vilas, Santiago Posteguillo y Fernando Aramburu. Y en el improbable caso de que algún comensal hubiese quedado insatisfecho, la mesa se colmó de especialidades gastronómicas a cuenta de José Miguel Mulet, Mikel López Iturriaga, Javier Peña y Anaí Meléndez. Para chuparse los dedos.

La primavera no sólo trajo nuevas páginas; también hubo espacio para las viejas y ajadas, en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión en Recoletos, y para los galardones: el XXIII Premio de la Crítica de Castilla y León, que se resolvió con un ex aequo para la novela Dice la sangre, del vallisoletano Rubén Abella, compartió la gloria con el poemario Tampoco yo soy un robot, de la palentina Amalia Iglesias, y el 72.º Premio Ateneo-Ciudad de Valladolid —el segundo más antiguo de España, detrás del Premio Nadal— fue para Gijón 2085, del asturiano Rubén González. El otoño, ajeno a la quietud, perteneció a los atrevidos en el Mundial de Micro Abierto de Poesía, donde la palabra también fue urgencia y grito, y Juliet Kent su reina. También nos trajo —por fin— la Casa Delibes, un rincón ambientado con más de un millar de objetos del maestro de la complejidad en la sencillez, en el que reencontrarse con el escritor, el periodista y el amante del mundo rural.

Valladolid es ciudad de letras antiguas y nuevas, donde la palabra escrita no sólo gravita en grandes acontecimientos, sino que se vive a diario. Late en librerías, teatros y cafés que promueven libros y encuentros, como El rincón de Morla, Oletvm, Margen, Akelarre y otras guaridas en las que lectores y escritores se reconocen. Por allí han pasado Martín Caparrós, Darío Adanti, Juanma Trueba, César González, Tomás Hijo, Rut Sanz, Vicente Muñoz, Paco Álvarez, Francisco Martínez y tantos más; porque, además del Pisuerga, la literatura también pasa por Valladolid.

Enlace a las entrevistas:

https://youtu.be/4u-TDrq9zlQ

https://youtu.be/hsbauKk6Ml0

X: @javcalles

Canal: @ReflexionesDeCafeOk

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