Adriana, una guerrera que hace frente al cáncer de mama en el río Pisuerga: "A mí esto no me puede hundir"

La joven relata su experiencia tras el diagnóstico y reclama adelantar las mamografías: "El cáncer no es solo cosa de mujeres mayores de 40 años"

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Adriana, una guerrera que hace frente al cáncer de mama en el río Pisuerga: "A mí esto no me puede hundir"
Adriana Fernández, con la 'pala' de Vallkirias en Las Moreras. Sergio Borja.
El autor esAlejandro De Grado Viña
Alejandro De Grado Viña
Lectura estimada: 4 min.

Adriana Fernández (Valladolid, 1990) tenía 32 años cuando recibió una noticia que le cambió la vida. El 2 de julio de 2023 le diagnosticaron cáncer de mama, y es una fecha que quedó marcada para siempre en su memoria. "Es un día que no olvido", asegura con su eterna sonrisa en una entrevista concedida a TRIBUNA en la playa de Las Moreras.

La noticia llegó tras varios meses de incertidumbre. Adriana se había notado un bulto en octubre de 2022, pero no se sometió a las pruebas médicas hasta ocho meses después. "Fue totalmente inesperado, nunca pensé que aquel bulto, que me noté, iba a terminar siendo cáncer", recuerda. Durante ese tiempo de espera, el bulto creció e incluso comenzó a hacerla daño: "Me notaba muy cansada, pero lo achacaba al estrés, a la carga de trabajo".

Es más, ni ella ni su entorno pensaron en la posibilidad de que tuviera cáncer. "Tengo antecedentes de cáncer en mi familia, pero no de mama y siempre en personas mayores. Nunca se me pasó por la cabeza", relata. Sin embargo, la primera prueba fue determinante: "El radiólogo me explicó que tenía pinta de que el bulto era malo y de que tenía que estar preparada para que lo vaya asimilando".

Cuando finalmente llegó el diagnóstico, el impacto fue inevitable. "Se te viene el mundo encima cuando te dicen que tienes cáncer. Empiezas a preguntarte: '¿Por qué a mí? Si solo tengo 32 años'", afirma. Una vez pasada esa fase de negación, Adriana no se lo pensó dos veces y, en ningún momento, se planteó tirar la toalla. "Dije: 'A mí esto no me puede hundir. Tengo que estar fuerte'", confiesa.

Al tener tan focalizado el bulto, los médicos optaron por una intervención quirúrgica para extirparlo. Posteriormente, Adriana pasó seis meses por quimioterapia y tres semanas por radioterapia. "Con la quimioterapia, el cuerpo termina machacado, es un desgaste brutal", explica. A pesar de todo, pudo conservar el pecho, ya que el tumor no fue más allá de los ganglios, a los cuales afectó hasta el punto de que se los tuvieron que limpiar, de ahí su cicatriz en la axila.

En cualquier caso, la enfermedad cambió por completo su vida. En ese momento, compaginaba dos trabajos: como profesora sustituta en un colegio de Valladolid y como empleada en el área de ventas en IKEA. "Mi vida se paralizó y también la de mi entorno. El diagnóstico lo tienes tú, pero lo sufre toda la gente que te quiere", asegura.

Adriana destaca el apoyo recibido en ambos trabajos durante el proceso. "Cuando empecé las pruebas puse a todo el mundo en sobreaviso y me encontré muchas facilidades. En IKEA me apoyaron en todo momento y después pude volver a mi puesto de trabajo sin ningún tipo de problema", apunta. A pesar del duro proceso, decidió afrontar la enfermedad con una actitud positiva y rodeada de su círculo cercano. Es más, la organizaron lo que denomina 'la fiesta del pelo' cuando comenzó a caérsele por la quimioterapia. "Me lo raparon mis amigas y lo tomamos con humor", recuerda entre risas.

El deporte también jugó un papel clave en su recuperación. Adriana conoció a las Vallkirias Pisuerga -una asociación formada por mujeres que han pasado o pasan por un cáncer de mama y practican piragüismo- a través del Centro Regional de Medicina Deportiva, donde participó en un programa de ejercicio físico para pacientes oncológicos. "Llegué por casualidad y tengo que agradecer a la doctora Raquel Blasco que me echara una mano", explica.

Aunque nunca se consideró una persona especialmente deportista, encontró en el equipo un apoyo fundamental. "En el primer entrenamiento estaba muy nerviosa, no me veía capaz. Pero me montaron en el barco desde el primer día y vi que eso era lo mío", revela. El ambiente del grupo, en este sentido, fue un chute de adrenalina: "Me sentí comprendida porque mis compañeras tienen el mismo cáncer que yo".

Afortunadamente, Adriana asegura que, en estos momentos, "se encuentra muy bien" y ha retomado su vida profesional como docente en Palencia, aunque continúa con un tratamiento específico: "Estoy en fase de remisión. Cada seis meses tengo revisión con el oncólogo y cada año me hago una mamografía". Aun así, reconoce que la incertidumbre forma parte del proceso. "Soy muy optimista, pero no puedo olvidar que soy una paciente oncológica y cada revisión se vive con cierta inquietud", incide. Su experiencia, además, le ha llevado a lanzar una reflexión sobre la detección precoz del cáncer de mama. Adriana considera que los controles deberían empezar antes. "Las mamografías deberían hacerse a personas menores de 40 años porque el cáncer puede aparecer en gente mucho más joven", advierte.

Con todo y con ello, y en el marco del Día Internacional de la Mujer, pone encima de la mesa que "queda mucho por hacer" porque piensa en todas esas mujeres que "lucharon por sus derechos", a las cuales agradece que se haya convertido en esa guerrera que, cada día, da una lección de vida.

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