La voz triunfa en la distopía retrofuturista de Valle de Aguas
El grupo vocal femenino arrasó este sábado en el Miguel Delibes con 'Leyendas de Gasolinera', un show donde las canciones fueron el hilo conductor para liberar a la sociedad de un futuro sin música
¿Quién se puede imaginar un futuro donde cualquier forma de placer esté prohibida? ¿En el que una dictadura tecnológica impere en el planeta Tierra, la temperatura media en invierno sea de 46 grados y en el que los humanos hayan perdido toda motivación hasta el punto de convertirse casi en robots al servicio del sistema?
El Grupo Vocal Valle de Aguas sorprendió este sábado, 15 de septiembre, con 'Leyendas de Gasolinera', un show en doble pase en la Sala de Cámara del Centro Cultural Miguel Delibes, donde la creatividad se puso al servicio de un proyecto extremadamente original, para que la música y las coreografías fueran parte de un espectáculo en el que se aportó mucho de eso que ahora se llama 'valor añadido': no faltó humor, canciones para todos los públicos y una peculiar mezcla de nostalgia enmarcada en un futuro 2525 distópico que dejaba un retrogusto a 'Una odisea del Espacio', 'Blade Runner' o, incluso, 'StarWars'.

¿Cómo se dio forma a todo esto? El coro dirigido por la experimentada Verónica Rioja propuso un doble viaje en el tiempo con un brillante guión escrito por María José López Carrero. El primero: el de viajar 500 años hacia adelante para descubrir que la música ha desaparecido de la faz de la Tierra. Pero no está todo perdido, porque la Resistencia Planetaria intenta devolver al mundo sus derechos y su voz. Ahí, cinco siglos en el futuro, solo un humano sobrevive. Un Jordi Hurtado magníficamente interpretado por el actor Jesús Ruiz que liderará esa resistencia a la que Valle de Aguas pone la banda sonora. Y esa banda sonora es, justamente, el otro viaje en el tiempo. El que nos lleva a repasar los grandes éxitos de esas cintas de cassette que se compraban en las gasolineras en los años ochenta.

No podían faltar clásicos como Rocío Jurado con su 'Como una Ola'; Raphael, con 'Mi gran noche', o Camilo Sesto con 'Vivir así'. Aunque la magia estuvo en algunos los arreglos tan atrevidos como aplaudidos. Tan pronto proponían un 'Barrocamela', o lo que es lo mismo, una versión de 'Lágrimas de amor' en estilo barroco, como se sacaban de la manga un arreglo 'flamencocentista' del Porompompero. Todo lo hicieron funcionar las cerca de 50 integrantes de Valle de Aguas, gracias una maestría vocal que hace difícil creer que se trata de un coro 'amateur', unos hilarantes audiovisuales y unas divertidas coreografías diseñadas por Paula González. Todo: desde la escenografía hasta el diseño de vestuario fue un trabajo (sí, exactamente) coral.
La historia, con un final épico, reivindicativo y feminista -con guiños a grandes referentes como Rosa Parks, Clara Campoamor o al movimiento sufragista- concluyó para dar paso a un bis de 'Ay mamá', de Rigoberta Bandini, que sirvió de homenaje a las madres de las propias coralistas y con el que se cerró cada una de las sesiones -ambas sold out- con el público en pie, rendido al espectáculo de Valle de Aguas. La música venció.
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