"Estamos en el 2026 y seguimos siendo personal sin cualificación oficial": el grito de los celadores por un reconocimiento profesional
Jacqueline García, responsable de formación, y Olga Moreno, jefa del servicio de celadores, hablan con TRIBUNA sobre la evolución, la vocación y los retos diarios de un colectivo fundamental en la sanidad
El Día del Celador es mucho más que una fecha señalada en el calendario, es el reconocimiento a una de las figuras indispensables cuyo trabajo, a menudo en segundo plano, articula el día a día de cualquier centro hospitalario. Jacqueline García, encargada de los celadores y responsable de formación, y Olga Moreno, jefa de personal subalterno explican a TRIBUNA.

Formación y adaptación continua
Uno de los aspectos más llamativos que denuncian los profesionales es la falta de actualización legal y profesional del sector. Aunque en algunas comunidades autónomas existe un estatuto jurídico algo más reciente como el de 2006, la base regulatoria sigue anclada en una orden ministerial del 5 de julio de 1971. Según denuncian, este marco no solo está desactualizado, sino que contiene aspectos contrarios a la legalidad vigente e incluso discriminatorios en cuanto a las funciones asignadas. "Estamos en el 2026 y nosotros somos personal sin cualificar, no tenemos cualificación profesional", lamentan. A esto se le suma la ausencia de perfiles específicos en la bolsa de empleo para puestos que exigen una destreza técnica concreta, tales como el manejo de instalaciones eléctricas o la atención en unidades especializadas como la UVI, que requiere formación personal.

El engranaje invisible del hospital
Más allá de la etiqueta tradicional de acompañantes o transportistas, Jacqueline y Olga recuerdan que los celadores intervienen en absolutamente todos los procesos del Hospital. Desde la recepción inicial del paciente en la puerta hasta la gestión y traslado del material clínico y de almacén necesario en las unidades de hospitalización. En este engranaje, la formación continua se confecciona como una herramienta de vital seguridad. Conocer las técnicas precisas de movilización de pacientes según sus patologías evita agravar lesiones y garantiza un trato seguro tanto para el enfermo como para el propio profesional.

Más allá de la formación
En el plano más humano, el celador suele ser el rostro más cercano y constante al que se aferra un paciente en los momentos de mayor vulnerabilidad, como puede ser un traslado a quirófano o durante los aseos. En estas situaciones, el colectivo ejerce un auténtico apoyo psicológico, aportando palabras de ánimo y calma frente a los nervios y la incertidumbre. Sin embargo, el crecimiento de los centros hospitalarios no ha venido acompañado de un incremento simétrico de las plantillas. Ante la pregunta de qué mejora pedirían de forma urgente, la respuesta es unánime y directa: más personal para evitar la saturación y sostener la calidad asistencial ante una carga de trabajo cada vez mayor y una formación profesional obligatoria para ejercer el puesto.








