Un año más: colas desde el día anterior para conseguir una mesa en uno de los restaurantes más cotizados de Valladolid
El Martín Quiroga abre este martes 3 de noviembre las reservas para todo 2027 y vuelve a desatar la expectación entre sus clientes, capaces de pasar la noche a la intemperie para asegurarse un sitio
La escena vuelve a repetirse en Valladolid. Como si se tratara de las entradas para el concierto de una estrella de la música, decenas de personas hacen cola desde horas antes para conseguir una mesa en el restaurante Martín Quiroga. El establecimiento, situado en la plaza de las Brígidas, abre este martes, 3 de noviembre, sus reservas para todo el próximo año y la expectación vuelve a ser máxima.
La fórmula para conseguir un sitio no ha cambiado. No hay páginas web ni aplicaciones en las que reservar. Quienes quieran asegurarse una comida o una cena en este conocido restaurante tienen que acudir presencialmente al local o probar suerte por teléfono. Una posibilidad que, dada la elevada demanda y el reducido espacio del establecimiento, no siempre garantiza el éxito.

Por eso, algunos de sus clientes no esperan a que llegue la mañana. Desde este lunes festivo, 2 de noviembre, las primeras personas ya ocupan la acera de la plaza de las Brígidas, dispuestas a pasar la noche a la intemperie con tal de conseguir una de las ansiadas plazas. Una espera que se prolonga durante horas y para la que muchos acuden preparados con sillas plegables, mantas, termos y algo de comida. Otros incluso se organizan por turnos con familiares o amigos para hacer más llevadera la madrugada.
Detrás de esta particular fiebre por las reservas están los hermanos Nicanor y Marcos, al frente de un negocio familiar que lleva conquistando paladares desde diciembre de 2011. Pese a la popularidad alcanzada en los últimos años, el Martín Quiroga mantiene intacta su apuesta por un formato pequeño y cercano: apenas cuatro mesas en el comedor, con capacidad para 16 comensales, y una pequeña barra con otros cuatro taburetes.

Precisamente, esa capacidad limitada convierte cada apertura de reservas en una auténtica carrera por conseguir sitio. El restaurante se ha ganado una clientela fiel gracias a una propuesta gastronómica que destaca por su relación calidad-precio y una carta que se renueva sin perder algunos de sus platos más reconocibles, como el carpaccio de gambas.
Su popularidad también crece gracias al boca a boca, las redes sociales y los reconocimientos recibidos, entre ellos el premio al mejor establecimiento hostelero de Castilla y León. Un éxito que los hermanos mantienen con discreción, sin grandes cambios en la fórmula que les ha llevado a convertirse en uno de los restaurantes más cotizados de la capital vallisoletana.
Para quienes no consigan una de las reservas para 2027, todavía queda una alternativa: acercarse a su pequeña barra y probar suerte. Aunque, a juzgar por las colas que vuelven a formarse este año, conseguir un hueco en el comedor sigue siendo una de las citas gastronómicas más difíciles de Valladolid.









