La calle Mantería pierde otro comercio histórico: su dueño se jubila tras más de 30 años de actividad
Moisés Valentín, fundador de la tienda Moiva Complementos, bajará definitivamente la persiana de su establecimiento el próximo 31 de diciembre
La calle Mantería perderá otro comercio histórico el próximo 31 de diciembre. Tras más de tres décadas dedicado, entre otras cosas, a la bisutería, Moisés Valentín (Bilbao, 1961) ha decidido poner punto final a la trayectoria de Moiva Complementos, una firma que ha acompañado a varias generaciones de vallisoletanos y que ha contado con establecimientos en diferentes puntos de la ciudad. Su despedida llega por jubilación, aunque también marcada por el desgaste acumulado durante tantos años detrás de un mostrador. "Ser autónomo es dar mucho y recibir poco", resume Moisés, que afronta sus últimas semanas de actividad entre la nostalgia y el alivio.
Su relación con Valladolid comenzó mucho antes de que naciera Moiva. Tenía apenas 16 años cuando llegó a la ciudad después de que llamaran a su padre para que formara parte del equipo directivo de Galerías Preciados. Aquella circunstancia familiar acabaría condicionando su futuro profesional. Sin llegar a completar sus estudios tras quedarse en la Selectividad, Valentín comenzó a trabajar y pasó por varios sectores, como el del bingo, antes de hacerse un hueco en el 'mundillo' de los complementos. Primero lo hizo por cuenta ajena, trabajando para otro empresario, hasta que decidió emprender su propio camino.

Los orígenes de Moiva se remontan a los años noventa, cuando Valentín comenzó a desarrollar un negocio de distribución de bisutería, plata y complementos que llegaba a los establecimientos de toda España. Por aquel entonces, la empresa contaba con cinco representantes comerciales repartidos por distintas zonas del país, entre ellas las comunidades de Madrid, Extremadura, el País Vasco y Castilla y León. El funcionamiento era el habitual de aquella época: preparar los muestrarios de cada campaña, recorrer las tiendas y vender los productos a otros comerciantes.
Sin embargo, aquel modelo era insostenible. "Teníamos cinco representantes, pero no había un duro", recuerda Valentín, que explica que las dificultades para cobrar las ventas y recuperar el dinero de las mercancías le llevaron a replantearse el modus operandi. La solución fue la venta directa para abrir sus propios establecimientos en la ciudad. Todo comenzó en la Avenida de Segovia. Después, Moiva se trasladó a la calle Don Sancho y a la esquina de Panaderos con Divina Pastora, hasta desembarcar en la calle Mantería, donde su negocio lleva instalado desde el 2021. Aunque la firma llegó a contar con distintas sedes, Valentín precisa que nunca mantuvo más de dos tiendas abiertas de manera simultánea.

"Era muy currante, se trabajaba mucho, pero bien", recuerda sobre aquellos primeros años, cuando el comercio tradicional todavía se estaba desarrollando. En este sentido, una de las claves, sostiene, fue la singularidad. "Llevábamos un muestrario bastante original y acertado", asegura. Sin embargo, el sector ha cambiado radicalmente desde entonces. La velocidad con la que se suceden las tendencias y la transformación de los sistemas de producción han obligado a los pequeños establecimientos a adaptarse a un mercado cada vez más exigente.
"Ahora la moda es más rápida. Hay que tener casi a la semana lo que se lleva", explica. Atrás quedaron, según recuerda, los tiempos en los que buena parte de los artículos se fabricaban en España y podían transcurrir meses desde su diseño hasta su llegada a las tiendas. Ahora, buena parte de la mercancía procede del extranjero.

"La calle Mantería está bastante floja"
La última etapa de Moiva ha transcurrido en la calle Mantería que, a juicio de Valentín, atraviesa un momento complicado. Cuando decidió trasladarse allí, confiaba en que el tránsito de peatones se tradujera en una mayor actividad comercial. Sin embargo, la realidad no respondió a sus expectativas. "Está bastante floja", sentencia al preguntarle por la situación actual de la calle. El comerciante considera que Mantería ha perdido parte de la variedad de establecimientos que la caracterizaba y lamenta la desaparición de negocios tradicionales. En su análisis, apunta especialmente a la proliferación de comercios de ropa y calzado de bajo precio regentados por empresarios asiáticos.
"Solo hay tiendas de ropa y zapatos procedentes de China", afirma, antes de recordar la marcha de establecimientos de calzado que, en su opinión, mantenían la esencia de la vía. Para Valentín, competir con artículos que se venden por 14, 15 o 20 euros resulta especialmente complicado para negocios como el suyo. La comparación con la calle Santiago, otro de los principales ejes comerciales de Valladolid, tampoco deja lugar a dudas. "No, no, nada que ver", responde.
Además, preguntado por el tipo de negocio que recomendaría abrir en la zona, señala las tiendas de telefonía móvil como uno de los pocos sectores que, según su opinión, todavía mantienen una estabilidad. En cambio, ve difícil que nuevos establecimientos de complementos o moda tradicional encuentren allí las condiciones adecuadas para prosperar.

"Desde el covid hemos salido todos perdiendo"
Más allá de la actividad comercial, Valentín identifica otro cambio que ha terminado por desgastar su relación con el trabajo: el comportamiento de parte de la clientela. Después de tantos años atendiendo al público, asegura que la educación y el respeto hacia quienes trabajan detrás de un mostrador se han deteriorado, especialmente desde la pandemia. "Si saludas, te miran con caras raras y si dices buenas tardes, lo mismo. La educación se ha abandonado. Desde el covid, dicen que salimos mejor... Es mentira. Hemos salido todos perdiendo", sostiene.
Por esa razón, cuando se le pregunta si le da pena cerrar, reconoce que sus sentimientos son contradictorios. "Un poco sí y un poco no", admite. Por un lado, deja atrás buena parte de su vida, una marca creada por él mismo y décadas de relación con proveedores y clientes. Por otro, considera que ha llegado el momento de abandonar las obligaciones que implica mantener abierto el negocio.

Un cierre sin relevo generacional
La decisión de jubilarse estaba tomada desde hace tiempo. Aun así, y hasta ese 31 de diciembre, Valentín seguirá atendiendo en su establecimiento de Mantería, independientemente de cómo evolucionen las ventas durante las últimas semanas. El local es alquilado y el propietario ya sabe la intención de Moisés de abandonar el negocio. Tampoco existe, por el momento, ninguna persona dispuesta a continuar con Moiva, pese a que el empresario ha tratado de encontrar una salida que permitiera mantener el legado.
Valentín explica que llegó a anunciar la posibilidad de traspasar la actividad a través de una plataforma de ámbito autonómico, pero no encontró respuesta. A su juicio, la falta de relevo refleja también las dificultades del trabajo por cuenta propia y la escasa disposición a asumir los sacrificios que exige sacar adelante un comercio. "Lo que quieren es cobrar y trabajar. Lo más cómodo es ser un empleado", reflexiona sobre las nuevas generaciones y las dificultades para encontrar a alguien dispuesto a hacerse cargo del establecimiento.
El cierre también tendrá consecuencias para quienes han acompañado a Moisés. Sandra, una de sus empleadas, volverá al paro cuando Moiva baje definitivamente la persiana. Pese a ello, confía en poder reincorporarse al sector comercial cuando surja una nueva oportunidad laboral.

Una jubilación para recuperar el tiempo perdido
A sus 65 años, Valentín afronta ahora una etapa enriquecedora. Después de décadas pendiente de pedidos, proveedores, escaparates, ventas y horarios, su principal objetivo es recuperar el tiempo perdido o lo que es lo mismo: el tiempo que el negocio le ha impedido dedicar a su familia. "Ir al gimnasio, y vivir un poco lo que no he hecho", responde cuando se le pregunta por sus planes de futuro. También espera disfrutar de una mayor tranquilidad, algo que no siempre ha sido fácil mientras mantenía dos establecimientos abiertos. "Con dos tiendas, no hay tiempo para nada", resume.
Así, el próximo 31 de diciembre, Moiva cerrará definitivamente sus puertas en la calle Mantería. Atrás quedarán los muestrarios de bisutería, los complementos de plata, los artículos chapados que triunfaban y una trayectoria comercial que comenzó recorriendo España con representantes, y terminó concentrada en un pequeño establecimiento ubicado en el corazón de Valladolid.









