Una trama para olvidar, un vestuario para recordar

Una trama para olvidar, un vestuario para recordar
La serie 'All's Fair', en Disney+.
El autor esMiguel Ángel Fernández.
Miguel Ángel Fernández.
Lectura estimada: 4 min.

Hay series que una ve por su trama, otras por sus personajes y algunas, las más honestas de todas, porque necesita saber qué bolso lleva la protagonista. Y después está 'All´s Fair', esa maravillosa catástrofe televisiva de Ryan Murphy que consiguió que medio mundo se preguntara si estaba viendo una serie de abogados, una parodia involuntaria o un desfile de alta costura con diálogos de dudosa calidad. Y, sinceramente, me da exactamente igual.

Porque desde el pasado 4 de noviembre ha regresado a Disney+ con su segunda temporada y, aunque tengo serias sospechas de que será todavía peor que la primera, pienso disfrutar de cada capítulo como si estuviera sentada en primera fila de la Semana de la Moda de París. 

¿La trama? Ya veremos. ¿Las actuaciones? Que Dios nos pille confesadas. ¿El vestuario? Ahí sí que estamos hablando.

La primera temporada de 'All's Fair' fue, por decirlo suavemente, una experiencia. Kim Kardashian intentando convencernos de que es una abogada de divorcios de élite, Naomi Watts navegando entre el drama y el desconcierto, Glenn Close aportando la presencia que solo Glenn Close puede aportar y Sarah Paulson haciendo lo que puede con un personaje que parece escrito durante una reunión de guionistas especialmente caótica.

Y, sin embargo, yo estaba allí. Pegado a la pantalla. No por los casos judiciales, ni por los conflictos emocionales, ni por ese guion que parecía haber sido redactado por alguien que jamás ha pisado un tribunal. Estaba allí por los estilismos.

Porque si algo tiene 'All's Fair' es que entiende perfectamente que una mujer puede estar atravesando el divorcio más complicado de su vida y, aun así, hacerlo con un traje de chaqueta impecable, unos zapatos de infarto y un bolso que cuesta más que el alquiler de un apartamento en Valladolid. Y eso, amigos, es televisión.

El personaje de Allura Grant, interpretado por Kim Kardashian, es una fantasía estética. Una abogada que parece tener un armario más poderoso que cualquier argumento jurídico y que, independientemente de lo que esté sucediendo en pantalla, siempre consigue que mi atención se desvíe hacia sus prendas.

Los trajes estructurados, los vestidos ceñidos, los abrigos de siluetas arquitectónicas, los complementos de lujo y esa estética que mezcla el poder femenino con el glamour más descarado son, en mi opinión, uno de los grandes atractivos de la serie.

Y es que hay algo profundamente divertido en ver a estas mujeres defender sus casos mientras llevan conjuntos que parecen diseñados para conquistar una alfombra roja.

La moda no tiene por qué ser realista. No tiene por qué ser práctica. No tiene por qué responder a las necesidades de una jornada laboral de ocho horas. A veces, simplemente, tiene que ser espectacular. Y en eso 'All's Fair' cumple con creces.

 

No voy a fingir que espero una evolución narrativa extraordinaria. Tampoco voy a sentarme frente al televisor con la esperanza de encontrar interpretaciones que revolucionen la historia de la televisión. Sería engañarme a mí misma y, a estas alturas, ya tengo bastante con intentar entender algunos de los diálogos de la primera temporada.

Pero sí espero encontrar nuevos estilismos que me hagan detener el episodio, retroceder unos segundos y preguntarme: "¿De dónde ha salido ese vestido?".

Espero ver a Naomi Watts luciendo conjuntos que me hagan reconsiderar mi armario. Espero que Glenn Close siga demostrando que la elegancia no tiene edad. Espero que Kim Kardashian nos regale algún que otro look que termine convirtiéndose en inspiración para las próximas temporadas de eventos.

Y espero, sobre todo, que el equipo de vestuario siga entendiendo que en esta serie la ropa tiene una responsabilidad enorme: compensar todo aquello que el guion no consigue sostener. No es una tarea sencilla, pero alguien tiene que hacerlo.

 

Quizá lo más interesante de 'All's Fair' sea precisamente eso: que ha conseguido convertirse en un fenómeno que trasciende su propia calidad televisiva. Podemos discutir si la trama es absurda, si las interpretaciones son flojas o si algunos diálogos deberían haber sido revisados antes de llegar al rodaje. Podemos cuestionar las decisiones creativas de Ryan Murphy y preguntarnos qué demonios pretendía contarnos con determinadas escenas.

Pero lo que no podemos negar es que la serie tiene una identidad visual muy marcada. Y eso también es importante. Porque la moda, cuando funciona, puede contar historias por sí misma. Puede construir personajes, definir relaciones de poder y transmitir emociones incluso cuando las palabras no están a la altura.

En 'All's Fair', los estilismos son una declaración de intenciones. Son una forma de entender el lujo, la feminidad, la ambición y el poder. Y, aunque a veces parezca que las protagonistas están más preocupadas por sus zapatos que por sus clientes, yo no puedo evitar disfrutarlo.

Quizá porque, en el fondo, también me gusta esa idea de que la ropa puede convertirse en una armadura. Una manera de presentarse al mundo con seguridad, incluso cuando todo lo demás parece estar desmoronándose.

Así que sí, voy a volver a ver 'All's Fair'. Voy a sentarme frente a Disney+, voy a darle al play y voy a disfrutar de cada episodio con la misma ilusión con la que espero una nueva colección de mi diseñador favorito.

¿Que la segunda temporada puede ser todavía peor que la primera? Perfectamente. ¿Que las actuaciones pueden seguir siendo flojas? No me sorprendería. ¿Que la trama puede convertirse en un auténtico despropósito? Estoy preparada.

Pero, mientras haya vestidos imposibles, bolsos de lujo, trajes perfectamente confeccionados y mujeres que parezcan capaces de resolver un divorcio, una crisis empresarial y una guerra de egos sin despeinarse, yo estaré ahí.

Porque hay series que merecen ser vistas por su calidad y otras que merecen ser vistas por su vestuario. Y 'All's Fair' es, definitivamente, de las segundas.

Nos vemos frente a la tevisión, amigos. Yo pongo el sofá, Disney+ pone el drama y el equipo de vestuario, por favor, que no nos decepcione.

Últimas noticias de esta sección

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App