El Campo Cruz de Tordesillas

Nueva entrega, como cada domingo, de 'Tordesillas: claveles del ayer', de Jesús López Garañeda

El Campo Cruz de Tordesillas
El autor esJesús  López Garañeda
Jesús López Garañeda
Lectura estimada: 2 min.

Hoy domingo en TRIBUNA VALLADOLID ofrecemos este recuerdo a cuantos llegaron de niños, a bajar por el resbalín de la pendiente del Campo Cruz de Tordesillas que a buen seguro tendrán aún vivo en su memoria. Y más ahora en que se acometen unas obras necesarias en esa placita de acceso al Real Monasterio de Santa Clara, copada y asediada por vehículos muchas veces colocados de cualquier forma en su recinto. 

Llamar 'Campo Cruz' a un lugar como el que recogemos en la fotografía ha sido siempre propio de los habitantes de la Villa para denominar la placita existente a la boca entrada del Real Convento de Santa Clara y ello porque en dicho lugar se levanta una cruz de piedra de solera y antigüedad desde donde se divisa el puente y el discurrir de las aguas del Duero. 

Este sitio, el campo Cruz, fue albergue de niños y niñas que asistían a las escuelas establecidas en ese mismo lugar, que con el tiempo fue utilizado como biblioteca pública municipal hasta que las instalaciones del libro fueron trasladadas a su actual ubicación en las llamadas Casas del Tratado. En esta Biblioteca, antes escuelas de Santa Clara, empezó su andadura profesional la bibliotecaria local Rita Santiago, una mujer que conoce sobradamente los entresijos de su pueblo, orienta en lecturas y ofrece comentarios más que atinados de obras de los distintos autores. Pues bien, ahí en el campo Cruz jugaron niños y niñas tordesillanos en sus recreos escolares, sobre todo practicando el resbalín en el talud del terreno, con la particularidad que en más de una ocasión los más osados y atrevidas llegaban hasta cerca de la misma orilla del Duero.

La pendiente desde el campo Cruz tiene una elevación notable, atravesaba el paseo y descendía en pendiente casi peligrosa hasta cerca del agua que, por cierto, es la zona de mayor profundidad conocida como 'la madre del río'.

La técnica era sencilla. Se echaba un poco de agua para que la tierra estuviera más reblandecida y el patinaje resultara más rápido y emocionante. Claro es que las consecuencias en bragas, vestidos y pantalones manchándose de barro si el deslizamiento tenía poco control por los atrevidos escolares, era el pago más que evidente de risas para unos y lágrimas para otros. 

Luego vendrían los sofocos, los ayes y las lamentaciones si acababan con las ropas hechas un Cristo pues se sabía que al llegar a casa, la madre adoptaba el recurso de la corrección cariñosa, zapatilla en mano, a las posaderas del chico o la chica. Y esto siempre era el precio, el pago, por entrar en el riesgo directamente allí mismo desde el campo Cruz. Y seguro que ninguno de los 'zapatilleados' llegó a generar trauma ni complejo en su vida.

(Gracias FERMÍN Rodríguez por la fotografía)

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