Ana Garcés: "Me gusta tomarme una cerveza sin hablar de trabajo"

La actriz vallisoletana reconoce que le cuesta desconectar de la profesión, aunque disfruta especialmente de volver a la tranquilidad y al ritmo de vida de su ciudad

Ana Garcés: "Me gusta tomarme una cerveza sin hablar de trabajo"
Ana Garcés, en Olibher, durante la entrevista. JAG.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 4 min.

Ana Garcés es de esas personas que pueden pasar prácticamente desapercibidas en una ciudad y, al mismo tiempo, ser uno de los rostros más reconocibles de la televisión española. Vallisoletana, nacida en 1999, la actriz alcanzó una enorme popularidad gracias a su papel de Jana Expósito en 'La Promesa', una serie que también la ha llevado a cruzar fronteras y a abrirse camino en nuevos proyectos internacionales.

Pero en 'Cerveceando', la propuesta es precisamente otra: aparcar durante un rato los rodajes, los focos y los personajes y sentarse delante de una cerveza para hablar de la vida. Y Ana Garcés reconoce que no siempre resulta sencillo.

"Cuesta desconectar", admite entre risas. Su día a día en Madrid está rodeado de actores y profesionales del sector, por lo que las conversaciones sobre trabajo aparecen casi inevitablemente. "Los círculos en Madrid son de artistas y todo el mundo habla de trabajo", explica. Aun así, asegura que también disfruta de esos momentos en los que puede simplemente tomarse una cerveza sin pensar en la profesión.

Y puestos a elegir cerveza, lo tiene claro: "tercio". Una elección que comparte con su entrevistador y que acompaña a una conversación que rápidamente se traslada a Valladolid.

Valladolid, siempre presente

Ana es muy de la zona de la Catedral. Es uno de sus rincones favoritos de la ciudad y también disfruta de lugares donde poder acompañar la cerveza con algo de picoteo. Valladolid, reconoce, tiene algo que sigue echando de menos desde que vive en Madrid.

"Me gusta mucho la gente y me gusta mucho la tranquilidad de Valladolid", cuenta. Para ella, una de las grandes virtudes de la ciudad es precisamente ese equilibrio entre tener prácticamente de todo y conservar un ritmo mucho más pausado.

"No es una capital, es mucho más tranquila, la gente va más lento", explica. Incluso hay una costumbre que le gusta y le disgusta a partes iguales: que muchas cosas cierren los domingos. "No estoy acostumbrada", reconoce entre risas.

También está la familiaridad. Porque volver a Valladolid significa encontrarse con caras conocidas prácticamente en cada esquina. "Me reconocen un montón", cuenta sobre sus visitas a la ciudad. Una situación que, curiosamente, compara con Madrid: allí también la reconocen, pero siente que la gente se acerca menos. En Valladolid, en cambio, el cariño se hace más visible.

Lo que más echa de menos en Madrid

Si hay algo que Ana añora cuando está lejos de casa es precisamente ese ritmo vallisoletano. La manera de relacionarse, de hacer planes y de encontrarse con gente conocida.

"Aquí la gente sale mucho a la calle, se juntan, te encuentras a mucha gente, nos conocemos casi todos", explica. Y hay algo especialmente bonito para ella: salir de casa y encontrarse con personas de otras etapas de su vida: "Siempre que sales te vas a encontrar a alguien, del cole, de tu infancia".

Madrid le ofrece justo lo contrario. Más movimiento, más actividad y la sensación constante de que la vida está sucediendo.

"Creo que es una ciudad que no duerme", señala. Ella vive en pleno centro y reconoce que ese ritmo tiene una doble cara. A veces echa de menos la tranquilidad, pero también disfruta del "jaleo" y de esa sensación de no parar.

"En Madrid, aunque no sea real, sientes que constantemente estás haciendo cosas, que estás avanzando, que la vida se mueve", reflexiona.

Y ahí encuentra una de las grandes diferencias entre ambas ciudades: "En Valladolid siempre te da tiempo a hacer cosas y en Madrid nunca te da tiempo a nada".

De actriz a cuidadora de animales

Pero ¿qué pasaría si mañana desaparecieran los focos y Ana dejara de ser actriz? La respuesta sorprende poco a quien conozca su lado más personal: los animales.

"Creo que llevaría algo relacionado con animales, algún santuario o algo así", cuenta. Le gusta el campo y confiesa que le encantaría vivir algún día en un entorno más rural, rodeada de animales.

Una vida bastante alejada de los platós, los viajes y las cámaras que forman ahora parte de su rutina.

Y llega una de las preguntas más comprometidas de la conversación: ¿cuál ha sido la mayor mentira que ha contado para conseguir un papel? Ana asegura que no ha tenido que inventarse ninguna gran mentira, aunque reconoce una pequeña trampa habitual en el mundo de los castings: "exagerar las habilidades".

"Si te dicen: '¿Tocas la guitarra?', aunque no la toques bien, tú siempre tocas la guitarra", explica.

Lo mismo con la esgrima, la equitación o cualquier otra habilidad que pueda servir para conseguir un personaje. La filosofía es sencilla: primero conseguir la oportunidad y después aprender. "Ya lo aprenderé", resume.

Porque en un casting, al menos durante unos minutos, parece que todo es posible: "Al final, en el casting tú todo lo sabes hacer. Todo lo que te proponga lo sabes hacer". Después ya llegará el momento de ponerse manos a la obra y aprender.

Y así, entre cerveza, Valladolid, Madrid, animales y algún que otro secreto de los castings, termina una conversación en la que Ana Garcés demuestra que, detrás de uno de los rostros jóvenes más conocidos de la televisión, sigue estando una vallisoletana que disfruta de volver a casa, encontrarse con los suyos y tomarse una cerveza sin hablar de trabajo.

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