Paula, presidenta del comité de empresa del Zambrana: "Los educadores no somos el enemigo"

La representante de los trabajadores reclama más personal, una mayor fiscalización de la empresa gestora y cambios en la organización del centro

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Paula, presidenta del comité de empresa del Zambrana: "Los educadores no somos el enemigo"
Un vigilante de seguridad, con uno de los internos, en el Centro de Menores Zambrana. Agencia Ical.
El autor esMiriam Cáceres López
Miriam Cáceres López
Lectura estimada: 8 min.

El Centro de Menores Zambrana vuelve a situarse en el foco después del violento episodio registrado este pasado fin de semana, cuando varios trabajadores se vieron implicados en un incidente protagonizado por internos. El suceso se suma a una situación que, según denuncia el comité de empresa, viene deteriorándose durante los últimos meses y está marcada por la falta de personal, la sobrecarga de trabajo, el deterioro de las instalaciones y los problemas de convivencia.

La presidenta del comité de empresa, Paula -la cual prefiere no compartir su apellido-, reclama cambios urgentes en la gestión del centro y una mayor implicación de la Administración. En su opinión, la situación no puede abordarse únicamente cuando se produce un nuevo incidente, sino que requiere revisar las condiciones en las que trabajan los profesionales y las herramientas de las que disponen para desarrollar su labor.

PREGUNTA: El último incidente vuelve a poner en la diana al centro. ¿Qué ocurrió?

RESPUESTA: Lo que ocurrió es la consecuencia de una situación que se viene acumulando. Se está "ablandando" todo para intentar que no se llegue al incidente físico o violento, pero al final los internos terminan consiguiendo aquello que reclaman. En este caso, había una cuestión relacionada con la comida y terminaron produciéndose situaciones de amenazas y acorralamiento a trabajadores.

El problema no es únicamente lo que ha ocurrido este día, sino todo lo que hay detrás. Estamos hablando de un centro con entre 65 y 70 internos, y con una plantilla que no está suficientemente estabilizada. Hay educadores que vienen y se marchan después de apenas dos meses. No es lo mismo contar con alguien que lleva 20 años trabajando en Zambrana y conoce perfectamente cómo actuar, que con una persona que acaba de llegar.

P: ¿Cuántos trabajadores forman parte de la plantilla?

R: No te sé decir exactamente cuántos somos de atención directa, pero en el centro hay unos 120 trabajadores. De los educadores que llevamos muchos años quedan muy pocos. Tenemos compañeros con 20 o 25 años de experiencia, pero son dos o tres. Es decir, auténticas "reliquias".

Antes había menos internos y los equipos educativos eran mucho más estables. Eso era fundamental porque todo el mundo sabía qué tenía que hacer en cada situación. Esa experiencia se ha ido perdiendo.

P: ¿La sobrecarga está afectando también a otros departamentos?

R: Sí. Toda la gente de atención directa acaba cogiendo alguna baja. Y no hablamos únicamente de educadores y seguridad. También están los psicólogos, el equipo técnico y legal, y los trabajadores sociales. Hay profesionales que tienen que atender a los internos en parejas y estamos hablando de dos personas para ocuparse de alrededor de 70 chavales.

La sobrecarga de trabajo es increíble y está afectando a la salud de los trabajadores.

P: ¿Qué papel está jugando la empresa que gestiona el centro, Adis Meridianos?

R: La plantilla considera que hay que revisar profundamente cómo se está gestionando el servicio. Adis Meridianos es la empresa que actualmente lleva el Zambrana y los trabajadores llevamos tiempo reclamando que haya más horas y más personal, tanto de seguridad como de atención directa.

Lo que queremos es que la próxima licitación mejore las condiciones del servicio. Necesitamos más personal, más horas de atención directa y mejores condiciones para estabilizar la plantilla, porque ahora mismo es complicado encontrar trabajadores y conseguir que permanezcan en el centro.

P: Tras la firma del próximo contrato, ¿qué debería cambiar?

R: Hay que mejorar la licitación. Si la empresa que entre, sea Meridianos u otra, tiene mejores condiciones en el pliego, podrá ofrecer un servicio diferente. Hay que aumentar las horas de atención directa, reforzar el personal y mejorar las condiciones para que el trabajo sea atractivo y podamos estabilizar la plantilla.

Ahora mismo es complicado encontrar trabajadores. Cuando falla una persona un fin de semana, en lugar de incentivar a los trabajadores que ya están aquí para que cubran ese servicio, se ha llegado a traer personal desde Andalucía. Hay que preguntarse cuánto dinero cuesta eso y si no sería más lógico invertirlo en los trabajadores que ya tenemos.

P: También han reclamado que la Junta fiscalice a la empresa. ¿Por qué?

R: Porque queremos saber cómo se está gestionando el dinero. Antes había un control de la ratio de trabajadores y se comunicaba a la Junta cuándo no se cubrían determinados puestos para que se descontara ese dinero. Ahora eso ya no se hace de la misma manera y nosotros queremos que se fiscalice.

No entendemos que haya aumentado la partida presupuestaria mientras, desde nuestra perspectiva, ha empeorado la calidad del servicio.

P: ¿Y cómo están las instalaciones?

R: Muy deterioradas. Hemos tenido accidentes porque no había una iluminación adecuada en la entrada y salida del centro, y sigue habiendo problemas.

Además, se ha implantado un sistema electrónico de tarjetas que, desde nuestro punto de vista, plantea riesgos. Si un interno consigue una tarjeta, puede tener acceso a diferentes dependencias del centro. Antes, teníamos las llaves y el sistema era diferente.

En una situación como la del sábado, los compañeros tenían miedo de que pudieran quitarles las tarjetas. Algunas unidades llegaron a cerrar las puertas porque existía el temor de que apareciera un grupo de internos.

P: ¿La comida se ha convertido también en un problema?

R: Sí. La comida ha empeorado muchísimo en los últimos dos años. Y no es solamente una cuestión alimentaria, también es una herramienta educativa. Antes, podías utilizar determinados alimentos como incentivo, había más cantidad y podías decirle a un chico que se había portado bien que podía repetir. Ahora, tenemos cantidades muy ajustadas y, en ocasiones, los educadores nos quedamos sin comer.

También tenemos problemas recurrentes con el agua caliente. Las tuberías son muy antiguas y tenemos episodios en los que los internos tienen que ducharse con agua fría. Después, se reprocha a los educadores que no obliguen a los chicos a ducharse. Pero hay que ponerse también en la situación del trabajador: si no tienes las herramientas para aplicar una norma, puedes provocar un conflicto.

P: ¿Cuántos efectivos de seguridad hay a diario?

R: Hay siete personas de seguridad, ocho contando con la persona que está en la garita, que no puede abandonar su puesto. No son muchas teniendo en cuenta que tienen que atender también otras zonas del centro. En el episodio de este fin de semana, había tres trabajadores de seguridad y, por ello, tuvieron que intervenir más empleados.

P: ¿Qué ocurre con los internos que superan los 18 años?

R: Nosotros creemos que hay que estudiar cada caso. Hay internos que siguen aprovechando el recurso y para ellos puede tener sentido permanecer en el centro hasta que finalice su proceso. Pero hay otros que cumplen 18 años y llevan varios años en Zambrana sin aprovechar el recurso, generan muchísimos problemas y deberían ser trasladados cuando corresponda.

Estamos pidiendo que se estudien esas situaciones porque no podemos mantener a cualquier interno independientemente de si está aprovechando o no el recurso.

P: También han denunciado problemas con el consumo de drogas.

R: Sí. Tenemos un problema con las drogas. Entran por diferentes vías. También hay internos que salen del centro para trabajar o estudiar y regresan después con drogas. Sobre todo es en las visitas, su propia familia les entrega en algunos casos, drogas, tabaco, pastillas, etc.

El problema es que los trabajadores de seguridad hacen hasta donde les permiten hacer. Si advertimos de que existe un problema y vuelve a ocurrir, creemos que hay que tomar medidas diferentes. Además, la convivencia se complica mucho cuando hay internos bajo los efectos de las drogas o con síndrome de abstinencia. No se puede trabajar de la misma manera con una persona que está sobria que con una persona que está atravesando una situación así.

P: ¿Hasta qué punto ha cambiado la convivencia dentro del centro?

R: El que peor se comporta acaba teniendo más privilegios porque llega un momento en que no pueden con él. Y los demás internos lo ven. Entonces, se generan luchas de poder.

Tenemos que organizar las unidades teniendo en cuenta también las relaciones entre los internos, las órdenes de alejamiento o los enfrentamientos entre determinados grupos.

P: ¿Y la relación con la dirección es buena?

R: No, es muy mala. Desde el comité, sentimos que la dirección considera que el problema de Zambrana somos los educadores, que no sabemos hacer nuestro trabajo. Además, la relación con la representación de los trabajadores es prácticamente inexistente. La dirección no se ha sentado con nosotros como debería.

Después del último incidente, incluso tuve problemas para acceder al centro como delegada de prevención de riesgos laborales. Mi intención era hablar con los trabajadores que habían participado en el incidente y comprobar cómo habían quedado las instalaciones.

Quería entrar en ese momento porque había elementos que podían haberse utilizado como armas y necesitaba comprobar si se habían reparado y si seguían existiendo riesgos.

P: ¿Qué soluciones plantea el comité para salir de esta situación?

Primero, mejorar la ratio de trabajadores e internos. Segundo, estudiar los casos de los internos que ya no cumplen las condiciones para permanecer en el centro y que puedan ser trasladados cuando corresponda. Tercero, pedir que la Administración fiscalice a la empresa, que compruebe dónde se está gastando el dinero y cómo se está prestando el servicio. Y, por encima de todo, que la dirección escuche a los trabajadores para poder recuperar protocolos que antes funcionaban.

El centro de Zambrana no está muerto. Me niego a creerlo. Se puede recuperar, pero tenemos que movernos todos, dejar de ir hacia atrás y dejar de enfrentarnos entre nosotros. Los educadores no somos el enemigo.

P: ¿Qué mensaje trasladaría a la Junta?

R: Que se tome en serio lo que está ocurriendo. La Junta ya ha anunciado que está recabando información para elaborar unos nuevos pliegos que mejoren el funcionamiento del centro.

Ahora necesitamos que esa información sirva para algo. Hay que escuchar a quienes estamos todos los días dentro, porque somos nosotros quienes conocemos los problemas que se producen en las unidades.

No pedimos solamente mejores condiciones laborales. Pedimos seguridad para los trabajadores y para los propios internos y que el Zambrana vuelva a funcionar como lo que debe ser: un centro de reeducación y reinserción.

P: Y después de todo lo ocurrido, ¿qué es lo que más le preocupa?

R: Que estamos esperando a que pase algo todavía más grave para reaccionar. Y eso es lo que más rabia me da. Llevamos mucho tiempo avisando. No estamos hablando de un problema que haya aparecido ayer ni de un incidente aislado. Estamos hablando de trabajadores sobrecargados, de una plantilla que pierde experiencia, de internos que necesitan atención y de un centro que necesita que alguien se siente y diga: "Vamos a arreglar esto".

Porque el Zambrana no está muerto. Y eso me niego a aceptarlo. Pero tampoco podemos seguir haciendo como si no pasara nada. No podemos esperar al siguiente incidente, a la siguiente agresión, a la siguiente baja o a que alguien salga realmente mal de allí para empezar a movernos.

A mí me da muchísima rabia porque los trabajadores queremos hacer nuestro trabajo. Queremos cuidar a los chicos, queremos que se reinserten y queremos volver a sentir que tenemos las herramientas para hacerlo. Pero para eso necesitamos personal, protocolos que funcionen, instalaciones seguras y una dirección que escuche.

Y que quede claro: los educadores no somos el enemigo. No somos los inútiles ni los que estamos fallando al centro. Somos los que estamos allí todos los días, los que damos la cara cuando las cosas se ponen feas y los que después tenemos que volver al día siguiente. Así que sí, estoy enfadada. Estoy muy enfadada. Porque llevamos demasiado tiempo diciendo lo mismo y parece que nadie escucha. Pero también estoy convencida de que esto se puede cambiar. El Zambrana se puede y se debe recuperar. Lo que no podemos hacer es seguir mirando hacia otro lado y esperar a que el próximo susto sea irreversible.

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