Miles de personas en Tordesillas para presenciar la veloz carrera del imponente astado de Álvaro Núñez, que no dejó incidentes
Toro de la Vega 2026: un fugaz 'Campanito' en un festejo multitudinario y sin heridos
Miles de personas en Tordesillas para presenciar la veloz carrera del imponente astado de Álvaro Núñez, que no dejó incidentes
Se llamaba 'Campanito'. De capa castaña, perteneciente a la ganadería de Álvaro Núñez y con 585 kilos de una musculada anatomía rematada por dos puñales por cuernos. El astado atrajo a miles de personas dispuestas a disfrutar de su presencia, aunque fuera solo por unos segundos. Es el Toro de la Vega, un festejo que cada año congrega a una verdadera multitud en Tordesillas.
Esta cita cumplía su undécima edición desde que, en 2016, la Junta de Castilla y León prohibiera la muerte del animal por alanceamiento, tal y como se hacía desde hace siglos.
A las once de la mañana, en el Martes de la Peña y al compás del toque del reloj suelto y el lanzamiento de la bomba real -como marcan los cánones tradicionales-, se procedió a la suelta del Toro de la Vega 2026.
El astado saltó al empedrado de la calle San Antolín, donde arremetió contra el vallado antes de enfilar a gran velocidad el puente sobre el río Duero. El espectáculo de su tranco dejó un momento de tensión cuando, a mitad del paso sobre el río, el morlaco se dio la vuelta y se acercó al pretil. Sin embargo, un habilidoso mozo lo cortó a tiempo y lo guio hasta la rotonda, donde cientos de personas se apretujaban para ver al gran protagonista de la fiesta.
Su paso fue fugaz: apenas dos minutos después de su salida ya había cruzado la empalizada para adentrarse en la zona de la Vega y encontrarse con los primeros caballistas.
Sin incidentes reseñables, sobre las once y cuarto alcanzaba la zona del campo de fútbol y, cinco minutos después, se emplazaba en el paraje del cortafuegos. Allí se sucedieron varias arrancadas y embestidas hacia los caballistas y algunos cortadores a pie.
Poco a poco, el astado fue ganando terreno hacia la zona recreativa de Valdegalindo. Tres cuartos de hora después del inicio, los bueyes arropaban al toro y el estallido de la bomba real daba por finalizado oficialmente el festejo.
Gran afluencia y tranquilidad en las calles
Visitantes y tordesillanos coincidieron en señalar la elevada asistencia de esta edición, superior a la de años recientes y favorecida, en parte, por temperaturas veraniegas.
A pesar de la multitud, la jornada transcurrió con total normalidad. Un amplio dispositivo compuesto por decenas de efectivos de la Guardia Civil, junto a voluntarios de Cruz Roja y personal sanitario, veló por la seguridad del evento, que concluyó sin que hubiese que lamentar ningun herido.
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