Una oreja por montura para cerrar la feria taurina

Andy Cartagena, Sergio Galán y Sergio Pérez de Gregorio protagonizan una entretenida tarde que no fue triunfal por culpa del acero

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Una oreja por montura para cerrar la feria taurina
Andy Cartagena. Foto: Fermín Rodríguez
El autor esJosé Ángel Gallego Vázquez
José Ángel Gallego Vázquez
Lectura estimada: 2 min.

Finalizó la feria taurina de Valladolid con una entretenida corrida de toreo a caballo que no fue triunfal por culpa de los aceros. Con dos partes muy diferenciadas: Una primera, más aburrida e intracendente y una segunda en la que el público se divirtió mucho más, con una corrida del Capea que se dejó, aunque pecó de chochona.

Andy Cartagena tuvo una entonada actuación en su primero ante un toro noblón y repetidor de San Pelayo. El caballero enceló de salida al astado y luego lo llevó cosido a los costados cabalgando a dos pistas. Clavó en todo lo alto y sobresalieron las banderillas cortas al violín y un par a dos manos. Mató de rejón trasero y recibió una ovación.

Con el cuarto llegó la revolución a los tendidos. Andy Cartagena cortó una oreja con fuerza que pudieron ser dos. La presidencia se mantuvo firme después de que cobrase un pinchazo y un rejón efectivo. Con el caballo appaloosa 'Pintas' desplegó toda su variada tauromaquia. Antes había protagonizado un tercio importante con batidas invertidas al pitón contrario. Pero fueron las banderillas al violín y las cortas las que llevaron el calor al tendido. Buena actuación del incombustible Cartagena.

Sergio Galán emborronó una voluntariosa actuación con el rejón de muerte. Antes había dejado trazos de buen toreo a caballo. Esperó en la puerta de chiqueros. Le faltó un punto de fuelle al toro de Capea. Protagonizó un buen tercio de banderillas, pero con el acero marró en diversas ocasiones. Silencio tras aviso.


Sergio Galán

Se quitó la espinita el madrileño en el quinto. Contó una oreja, con petición de la segunda, tras una buena actuación en la que estuvo por encima del astado. Desplegó su torero clásico y pudo matarlo bien. Cayó pronto y le pidieron con fuerza los premios.

Una meritoria oreja obtuvo Sergio Pérez de Gregorio ante un astado que salió con movilidad, pero que se fue parando. Exhibió buena cuadra y buena monta y sobresalió en banderillas el salmantino, que templó muy bien. Las rosas llegaron al tendido. El rejón de muerte fue certero y el público lo premió con un trofeo.

Tenía la puerta abierta del Coso de Zorrilla Sergio Pérez de Gregorio. Espectacular en los quiebros y acertado con las banderillas. Levantó al público de sus asientos en un quiebro, donde los pitones pasaron a escasos centímetros de la barriga. Tenía aseguradas las orejas, pero necesitó hasta de seis rejones de muerte y un descabello para acabar con el de San Pelayo, que se mostró colaborador.


Sergio Pérez de Gregorio

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