Dios guarde a Manuel

Diosleguarde impacta en una tarde rotunda en la que no se arrugó ante Roca Rey, que también salió en hombros y Talavante, un tanto desdibujado

imagen
Dios guarde a Manuel
Manuel Diosleguarde y Roca Rey, saliendo a hombros. Fermín Rodríguez.
El autor esJosé Ángel Gallego Vázquez
José Ángel Gallego Vázquez
Lectura estimada: 4 min.
Última actualización: 

Dice el torero burgalés Morenito de Aranda que no es lo mismo estar bien que impactar. Este jueves, Andrés Roca Rey volvió a estar bien en Valladolid, pero el que realmente impactó fue el joven diestro Manuel Diosleguarde. El salmantino se había ganado un hueco en la feria tras otra excelente actuación en la competitiva corrida de la oportunidad en San Pedro Regalado. Se coló en uno de los carteles más rotundos del ferial y no acusó verse en el patio de cuadrillas con dos de los que mandan en esto del toreo. A Diosleguarde no le temblaron las piernas al hacer el paseíllo junto a Talavante y Roca Rey. Llegaba con apenas una quincena de festejos, pero lo de Manuel Diosleguarde fue sencillamente aplastante, cumbre.

Las dos orejas que ya había obtenido el peruano en el segundo de la tarde le sirvieron como acicate. El de Salamanca se fue a portagayola para recibir al tercero de rodillas. Variado saludo capotero que remató con tres largas a una mano, que fueron tres verdaderos muletazos al ralentí, templados y de una calidad excelsa. 'Pudoroso', que así se llamó el victoriano, se destapó como un toro de mucha clase, con movilidad y recorrido, que acudió a las telas arrastrando el hocico. El inicio de faena fue por alto, medido, inteligente. Vio el salmantino las cualidades del astado y, simplemente, se puso a torear. Lo hizo de verdad, despacio, arrastrando media muleta por el albero. Las series brotaron profundas, con despaciosidad, templadas. Al natural la obra creció (más) y la muleta viajaba cosida al pitón, a cámara lenta. Faenón del salmantino que remachó con ajustadas manoletinas y una buena estocada. Dos orejas con mucha fuerza, que deberían haber sido 'tres' con la misma vara con la que se midió a Roca.

Y esa misma medida tampoco funcionó en el sexto. Salió Manuel a revientacalderas. Otra vez a portagayola y eso que el de Victoriano del Río, más alto y largo que sus hermanos, no quiso pelea. Pero el de Salamamca sabía que podía dar un aldabonazo importante. Lo puso todo el de Salamanca. Capacidad técnica, valor seco y mucho gusto toreando. Brindó su faena a sus compañeros de terna y les dejó bien claro que quiere sentarse en su mesa, y no tardando. Lo hizo todo Manuel y acabó por meter en la canasta al más manso del encierro. Con qué madurez anduvo en torero todo el festejo, exprimiendo hasta la última gota de embestida del sexto. Cobrándose otra gran estocada. Incomprensiblemente no cayó la segunda oreja y el público se lo hizo saber al presidente, con un bronca monunental, a la altura de lo vivid. Pero a esas alturas daba igual. Manuel Diosleguarde había impactado en Valladolid.

Roca Rey, entregado

Quiso hacer el paseíllo Andrés Roca Rey en Valladolid después de la paliza que sufrió este miércoles en San Martín de Valdeiglesias. Y no se dejó nada el peruano en su primero. Alternó verónicas y chicuelinas en el saludo capotero y quitó por gaoneras. El inicio de faena fue electrizante con ceñidiñísmos estatutarios. Pronto y de buen tranco, el salpicado de Victoriano del Río aguantó un macizo trasteo por ambas manos. Especialmente al natural, aunque los muletazos brotaron de uno en uno. Cuando se sintió podido, el astado se rajó. Aún así tuvo tiempo el peruano de acortar distancias y de remachar la obra con unas bernadinas que se las pasó por la faja. Se volcó sobre el morrillo y la estocada fue tan efectiva como los dos trofeos que paseó.

Otra oreja cortó a su segundo el peruano. Faena 'made in' Roca: Inicio de rodillas, muchas tandas por ambos pitones, arrimón y manoletinas de cierre, ante un toro noblón, sin ninguna chispa. Pinchó antes de echar una miradita poco elegante a la Agrupación Musical de Íscar por hacer sonar el aviso cuando se perfilaba en la suerte. Solo cumplían la orden del presidente, que mandó el recado cuando se cumplió el tiempo reglamentario.

Talavante, desdibujado

No acabó de acoplarse Alejandro Talavante con el burraco que abrió plaza. Un toro de Victoriano del Río de casi seiscientos kilos que tuvo cierta calidad en el inicio del trasteo, pero que fue a menos con el paso de los muletazos. Tras un susto en banderillas, donde Álvaro Montes casi es prendido, empezó el extremeño doblándose por bajo. Metió la cara el burraco, pero las series se fueron sucediendo sin emotividad. Pinchó Talavante. En el cuarto pasó con más pena que gloria. No ayudó el oponente, él tampoco. No le perdonó el público el sainete con la espada. Hoy no se acordará nadie de su paso por Valladolid. Todo lo contrario de un impactante Manuel que quiere ser figura. Dios le guarde, torero.

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App