El cocodrilo: "¡Que te ví a comé!" busca a su bisabuelo en Tordesillas
Madre del amor hermoso, qué susto hemos tenido en Rioseco mi amigo Fermín el fotógrafo y el menda. Resulta que íbamos a asistir a una función religiosa en la catedralicia iglesia de Santa María de Mediavilla y, de pronto una voz un tanto alterada, seria, a nuestro lado nos dice: "¡Cuidado que os come el cocodrilo"!.
La chanza y las risas por la preocupación del buen hombre que nos alertó pasaron a ser un susto de campeonato sobre todo cuando, a su sugerencia, volvimos la vista atrás y hacia arriba y nos encontramos con este ejemplar, cazado en el canal de Castilla y que fue colocado en esa puerta, deslizándose como un traidor sobre nuestras cabezas.
Menos mal que estaba ya disecado y en carne momia, si no seguro que un cacho de tajada nos hubiera sacado el cocodrilo de Rioseco.
La verdad, amigos, que si hubiera sido un toro no hubiéramos sentido tanto miedo. Aquí está la foto, la única que le pudo hacer Fermín antes de salir ambos pitando de una de las Iglesias más bellas de la provincia.
Pues el caso es que el día 7 de junio, del Tratado de Tordesillas, el reptil biznieto o sucesor de aquel, seguramente abandonado como mascota por algún desaprensivo idiotizado, cansado ya de tenerlo en casa, dijeron los medios que había sido visto por Simancas, San Miguel del Pino... Tanto es así que el Ayuntamiento de Tordesillas dictó un bando pidiendo precaución a pescadores y piragüistas que andan por las orillas del río Duero no vaya a ser que tengamos que lamentar una desgracia personal a causa de las fuertes mandíbulas del ejemplar.
El saurio que dicen ha sido visto por varias personas de la zona de Simancas y Pesqueruela mide alrededor de metro y medio. Vive a sus anchas, toma el sol, se baña en el río y come de lo que hay que de momento es bastante.
La verdad es que hay que achacar a la nueva religión de las mascotas, y de sus fieles seguidores que buscan muchas veces las más exóticas y extrañas, traídas de contrabando de países en donde su habitat es el que le corresponde por naturaleza y no el otro, que al cansarse de ellas las abandonan. Contravienen la naturaleza en esta loca globalización que nos toca vivir y luego todos a pagar las consecuencias de esos irresponsables.
De manera que ojo a los usuarios del río Duero no vaya a ser que sean considerados cebo carnaza por el cocodrilo y sean atacados y comidos como aperitivo, que boca y dientes tiene para ello el mozo.
Y con la proliferación de maleza, islotes de refugio en el cauce del río, troncos, atranques, desviaciones de agua y maltrato ribereño no me extrañaría que cualquier día salga por allí un dinosaurio o un nieto del lagarto gigante que da origen a la leyenda de la Peña.









