Coincidiendo con el regreso de Santiago a la Presidencia del CR El Salvador, la serie reúne a sus seres queridos para entender cómo el deporte ha cambiado sus vidas
De generación en generación 2.0 (IV): Los Toca, la familia que hizo del rugby una razón de ser
Coincidiendo con el regreso de Santiago a la Presidencia del CR El Salvador, la serie reúne a sus seres queridos para entender cómo el deporte ha cambiado sus vidas
Antes de que el balón oval empiece a rodar, hay una conversación que nunca cambia. Se habla de entrenamientos, de estudios, de viajes infinitos de ida y vuelta a Pepe Rojo, de terceros tiempos, de amistades que duran décadas y, especialmente, de una forma de entender la vida. Precisamente ahí reside la esencia del cuarto capítulo de la segunda temporada de 'De generación en generación', la serie de TRIBUNA que, tras su estreno centrado en el fútbol base, amplía ahora su mirada a otros deportes que también han construido historias familiares en la ciudad de Valladolid, como es el baloncesto en silla de ruedas, el hockey, o el rugby, con la convivencia de dos hermanos en el VRAC Quesos Entrepinares y que, años después, quién se lo iba a decir, uno de ellos es, actualmente, el concejal de Hacienda, Personal y Modernización Administrativa del equipo de Gobierno comandado por el alcalde, Jesús Julio Carnero.
Esta nueva entrega se adentra en el alma de su vecino en un momento significativo para la familia que hizo del rugby una razón de ser. Apenas unas semanas después de regresar a la Presidencia del Club de Rugby El Salvador, al que, desde el principio, nos hemos referido, Santiago Toca vuelve a liderar una entidad que conoce desde dentro y que forma parte de su día a día. Sin embargo, el protagonismo, y ese es el objetivo de este nuevo capítulo, no recae única y exclusivamente en la figura del presidente. También en Elisa Altés, su compañera de viaje, y madre de sus cuatro hijos, entre ellos Matilda y Martín -sin olvidarnos de Loreto y Lucas-, que representan el presente y el futuro deportivo del club chamizo.
Porque si algo deja claro la conversación es que, antes que dirigentes, jugadores o aficionados, son una familia que ha crecido alrededor del balón oval y que, sin duda, merece la pena conocer.

El deporte cambia vidas
Aunque hoy resulte difícil imaginar a Santi Toca lejos de Pepe Rojo, su historia con el rugby comenzó relativamente tarde. Fue con 15 años, después de haber pasado por el baloncesto, el balonmano o el atletismo, decidió probar un deporte al que ya estaban ligados varios de sus seres queridos. "Mi padre me dijo que eligiera un deporte y me quedara con él. Empecé con el rugby y no me hizo falta decidir, porque es lo más divertido que había hecho nunca", recuerda.
Nada tenía que ver entonces con las instalaciones actuales. Los entrenamientos se desarrollaban en un patio de colegio, sobre tierra, con las líneas de 22 marcadas mediante ladrillos y los muros haciendo de líneas de banda.
Sin embargo, no fue el terreno lo que le atrapó: "El primer día ya eres uno más. Es como si llevaras toda la vida. Eso te engancha totalmente". Es una sensación que, décadas después, sigue definiendo la identidad y los valores del rugby.

Elisa, de la grada al campo
Curiosamente, Elisa Altés conoció el rugby gracias a Santi, pero no comenzó jugando: "Iba a verle jugar y ahí me enganché para siempre". Lo que empezó desde la grada terminó dentro del campo: "Recuerdo mi primer entrenamiento. Según salimos, nos fuimos todas a tomar algo y ya éramos amigas para siempre. A día de hoy, lo seguimos siendo".
Aquella percepción inicial de que era "un deporte de chicos" desapareció. "Vi que era divertidísimo y pensé: esto es de chicas, de chicos y de todo el mundo", añade al respecto. Su experiencia sirve también para medir la enorme evolución del rugby femenino. Si en sus comienzos apenas había jugadoras, hoy El Salvador cuenta con una estructura consolidada, y una cantera cada vez más amplia. Todo un referente.
Cuatro hermanos, una misma pasión
La historia de los que hoy nos acompañan, Matilda y Martín, empezó casi al mismo tiempo. Con apenas cinco años, sus padres les llevaron junto a sus hermanos para probar el rugby: "Fuimos los cuatro. La mayor terminó en atletismo, pero nosotros tres nos quedamos".
Ni siquiera recuerdan exactamente aquel entrenamiento. Solo saben que nunca dejaron de volver. Matilda, de hecho, creció compartiendo equipo con Martín durante trece temporadas en categorías mixtas. "Todos esos compañeros siguen siendo hoy mis amigos", resume.

Más tarde dio el salto al equipo femenino, coincidiendo incluso con los últimos años deportivos de su madre: "Jugamos un amistoso contra el Quesos. Yo dije que me retiraba cuando mi hija llegara". El relevo generacional quedaba simbolizado sobre el césped.
Martín, por su parte, acaba de cumplir uno de los sueños que perseguía desde niño: "El año pasado llegué al primer equipo. Pensaba que tardaría dos o tres años más en conseguirlo".
Estudiar y competir
Este capítulo, además, desmonta uno de los grandes tópicos del deporte de alto nivel: la supuesta incompatibilidad con la formación académica. Martín iniciará este curso Comercio y reconoce que la organización es clave: "Tengo tiempo para las dos cosas. Me exigen más en los estudios que en el rugby".
Nunca escuchó en casa la amenaza de cambiar entrenamientos por libros: "No creo que haya que quitar deporte para estudiar. Es mejor quitar otras cosas". Una idea que Santi comparte plenamente. "El deporte ayuda a tener disciplina, orden y la mente despejada. No es un premio, es una forma de vida", reconoce.
Matilda, que estudia Fisioterapia gracias a una beca facilitada por el propio club, también destaca el apoyo recibido: "Me permiten adaptar horarios para no perder clases y poder entrenar". Es más, su futuro parece ligado al césped de Pepe Rojo: "Espero dedicarme a la fisioterapia".

Criar a cuatro deportistas
Si los hijos recuerdan entrenamientos y amistades, los padres rememoran kilómetros. Muchos kilómetros. Con cuatro hijos practicando deporte -tres rugby y una atletismo- la logística era un reto. "Había temporadas en las que nos turnábamos para entrenar, y luego llevarlos a todos. Nos planteamos dormir y vivir en Pepe Rojo", recuerda Elisa entre risas. Lejos de verlo como un sacrificio, ambos lo interpretan como una cuestión de prioridades: "Si te gusta, te organizas".
También reconocen que el deporte ha cambiado profundamente. Cuando Santi comenzó, apenas había jugadores y con tres años de práctica ya competía en División de Honor. Hoy la cantera del Salvador es la más grande de la Comunidad y reúne decenas de jugadores por categoría. De hecho, los jóvenes llegan mucho más preparados.

Seguir creciendo como estructura
En esta nueva etapa, Santi Toca tiene claro cuál debe ser el rumbo del Club de Rugby El Salvador. Su proyecto pasa por reforzar la cantera, consolidar la estructura masculina y femenina, y recuperar el liderazgo: "Somos el club con más jugadores y más equipos de Castilla y León. Queremos que todo el mundo tenga su sitio".
Entre los objetivos, aparecen el fortalecimiento del segundo equipo masculino en División de Honor B, la consolidación del conjunto Sub-23, el crecimiento del rugby social y un importante impulso al rugby femenino, con la creación de un equipo Sub-17 que competirá en Madrid.
Pero el proyecto va mucho más allá del aspecto competitivo. Toca pone el foco en el rugby inclusivo, los programas de segunda oportunidad desarrollados en prisión, el voluntariado y la implicación de familias y sociedad, además del respaldo que agradece por parte de los patrocinadores: "Queremos que todos se sientan parte del Club". En este sentido, esa labor ha sido reconocida con la concesión del Premio Podium como mejor entidad deportiva de la región.
Mucho más que un escudo
Como en cada capítulo de De generación en generación, la conversación termina con una misma pregunta: ¿Qué significa el club para nuestros protagonistas? Las respuestas apenas necesitan matices.
Para Elisa, "es todo". Una pasión tan arraigada que acabaría en "un disgusto" si sus hijos deciden cambiar los colores. Matilda, por su parte, lo resume en una palabra: "Familia". Porque allí están sus padres, sus hermanos, sus primos, sus amigas y buena parte de las personas con las que ha crecido. Martín coincide: "Llevo allí desde los cinco años. Es toda mi vida". Y Santiago, finalmente, completa el círculo: "Es parte de nuestro día a día".
Quizá esa sea la verdadera explicación de por qué, generación tras generación, el balón oval sigue rodando en casa de los Toca. No es únicamente una tradición deportiva. Es una forma de entender la amistad, el compromiso y la pertenencia. Un legado que no se hereda por obligación, sino por convicción.
En una época en la que el deporte busca continuamente nuevos referentes, la familia Toca demuestra que el mayor éxito no siempre se mide en títulos. A veces basta con mirar alrededor de la mesa, comprobar que todos hablan el mismo idioma y entender que, para ellos, el Chami, como cariñosamente se le conoce, nunca ha sido solo un club, sino una razón de ser.

El conjunto vallisoletano regresará a los entrenamientos el 7 de agosto y disputará torneos amistosos, la Copa de Castilla y León y el Torneo Diputación como preparación para la nueva temporada
El equipo participará desde el 1 de agosto en la Formula Student Spain, una de las principales competiciones internacionales de ingeniería universitaria, con más de 45 escuderías de todo el mundo
La prueba, puntuable para el Ranking Nacional de Media y Larga Distancia, reunirá el 22 de agosto a destacados especialistas en un recorrido que finalizará en la Plaza Mayor








